Joshua Foer: «Ejercitar la memoria no es fácil. No hay atajos y exige esfuerzo»

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Joshua Foer parece ubicuo. Desde que su libro «Moonwalking with Einstein» («Los desafíos de la memoria» en castellano, editado por Seix Barral) salió a la venta, este joven periodista ha aparecido mencionado en todos y cada uno de los medios de Estados Unidos. Antes de comprar su libro había leído tanto sobre él que llegué a creer que una vez comenzase a leerlo quedaría poco que la prensa no hubiese ya desvelado. Pero no fue así.

En «Moonwalking with Einstein» Foer relata de manera entretenida y didáctica su aventura personal desde que entra por primera vez en contacto con un «atleta mental» o «atleta de la memoria» hasta convertirse en el Campeón de la Memoria de Estados Unidos de 2006. El punto fuerte del libro, además de las brillantes observaciones de Foer, es lo bien hilada que está la descripción de su extenuante  entrenamiento con el repaso de la Historia y la investigación científica de la memoria.

Tras haber terminado el libro me puse en contacto con Foer, a quien entrevisté por teléfono. Aquí os dejo la transcripción de la conversación con este Funes el Memorioso moderno.

– Ya han pasado varios años de su hazaña, ¿cómo recuerda la experiencia?

– Fue una de las cosas más extrañas que he hecho jamás. En retrospectiva fue sorprendentemente divertido. Nunca hubiera podido imaginar que entrenar mi memoria sería divertido.

– ¿Cuáles fueron sus claves para conseguir tal éxito?

– Diría que fueron dos. La primera fue que Ed Cooke, quien tiene una de las mejores memorias de Inglaterra, me acogiera como su aprendiz y me enseñase las técnicas clásicas que él utiliza para recordar. La segunda ventaja que tuve fue contar con los avances de todo el campo de investigación psicológica dedicado a comprender cómo una persona llega a convertirse en un experto en su campo. El haberme zambullido en la literatura de ese sector me ayudó a preparar mi entrenamiento de la forma más eficiente y eficaz.

– ¿Encontraste en las investigaciones científicas algún truco que Ed y otros gurús de la memoria no te hubieran enseñado?

– Sin duda. Uno de los consejos que extraje de los estudios científicos es que debía entrenar en situaciones ajenas a mi zona de confort, forzarme al fracaso y tratar de visualizar ese fracaso para poder aprender de él. Por ejemplo, lo que yo hacía era obligarme a memorizar un 20 por ciento más rápido del ritmo en el que me sentía cómodo aprendiendo información hasta que esa nueva pauta se volvía más sencilla.

– Paralelamente a su entrenamiento, usted se convirtió en el objeto de un estudio científico sobre la memoria. ¿Cuál fue la parte más dura de ser conejillo de Indias?

– Lo peor es que cuando eres la cobaya de un estudio no puedes hacer muchas preguntas. Los científicos no quieren darte las razones detrás de lo que están haciendo para que no afecte a la investigación. Y cuando eres periodista y tu trabajo es hacer preguntas, esa limitación es algo frustrante.

– ¿Cómo se siente ahora que pertenece a la larga e histórica tradición de los mnemonistas?

– Es magnífico. Cuando escuché por primera vez hablar sobre concursos de memoria, pensaba que sus participantes eran algo bobos. Entonces no sabía apreciar que eran parte de una estirpe que se prolongaba hasta la Antigüedad y que entrena sus habilidades mentales de la misma manera que se hacía hace milenios.

– En el libro menciona que antes de comenzar su entrenamiento su memoria era «mediocre». ¿Cómo la definiría ahora?

– En mi caso, el entrenamiento que hice no activó ninguna parte diferente de mi cerebro. No diría que en general tenga ahora una mejor memoria que antes. Lo que ha cambiado es que ahora sé usar mi memoria de forma más eficiente en ciertos contextos. Esencialmente, mi memoria no es mejor de lo que lo era cuando empecé; aunque ahora soy capaz de aprender grandes cantidades de ciertos tipos de información muy rápido.

– ¿Tiene más que ver la memoria con el ejercicio y la práctica que con el talento natural?

– Es como con otras tantas cosas, si la ejercitas puedes desarrollar nuevas habilidades, aunque no es fácil y no hay atajos. Exige esfuerzo.

– ¿Cree que cualquiera que entrenase adecuadamente como usted hizo podría convertirse en un atleta de la memoria?

– Estoy seguro. Sin embargo, una pregunta que deberíamos hacernos es si vale la pena invertir el tiempo necesario que demandaría esa preparación. No estoy seguro de que sea algo que todo el mundo debería hacer, pero estoy seguro de que es algo que todo el mundo podría hacer.

– De las diferentes personas que encontraste a lo largo de tu preparación, ¿quién fue la más influyente?

– Pasé mucho tiempo trabajando con el psicólogo Anders Ericsson, quien estudia como las personas se convierten en expertos en lo que hacen. Para mí fue fascinante contar con su profundo conocimiento. Él ha estudiado a grandes expertos de campos muy diversos para extraer qué es lo que esa gente tiene en común.

– Una de las ideas que explora su libro es cómo la memoria entró en una etapa de decadencia después de que Gutenberg inventase la imprenta. Estudios recientes han sugerido que internet también está afectando a cómo recordamos. ¿Es ahora nuestra memoria peor que nunca?

– Creo que lo que ha sucedido es que ahora somos más vagos. Cuando contamos con tecnología que puede recordar por nosotros, invertimos menos en el acto de recordar. Gutenberg o la imprenta no destruyeron nuestra memoria, sino que cuando el hombre supo que podía confiar en los libros para almacenar información, recordarla dejó de ser tan importante. Lo mismo está ocurriendo ahora, aunque hasta cotas más exageradas, con internet. Si con nuestro teléfono móvil o cualquier ordenador podemos acceder a cantidades infinitas de información, nos hacemos más perezosos a la hora de recordar. La verdad es que es preocupante.

– En su libro insiste en que la memoria es la herramienta que ayuda a componer la esencia de una persona. Si cada vez nuestra memoria es menor, ¿estamos entregando nuestra esencia a la tecnología?

– Creo que esta es una pregunta que va a ir cobrando más resonancia en los próximos años. La tecnología que recuerda por nosotros está cada vez más integrada en nuestras vidas. Creo que hay razones para preocuparnos sobre cómo cada vez nos parecemos más a un «cyborg», ya que la tecnología está más integrada en nuestra percepción y en nuestro día a día. A mi parecer, algo se está perdiendo con este proceso.

– Una idea recurrente en su libro es que para convertirse en un campeón de la memoria hace falta técnica y comprender cómo funciona la memoria. ¿Ha descubierto algo sobre cómo trabaja su memoria que crea que el resto de las personas debería saber?

– La razón por la que todas estas técnicas de memoria funcionan es porque te hacen trabajar. Te fuerzan a conectar de manera más profunda con aquello que quieres recordar, a procesarlo con más profusión y eso es lo que hace que algo sea más memorable. Nuestras memorias son asociativas por naturaleza, por eso estas técnicas te obligan a hacer más conexiones con la información que quieres recordar para que luego sean más sencillas de recuperar.

– Otra idea que explora es la esencia de nuestro sistema educativo. ¿Cree que se podría mejorar el sistema educativo si este promoviese un mejor uso de la memoria?

– No creo que los trucos para memorizar que yo he aprendido vayan a solucionar los problemas que afronta cómo aprendemos en el colegio. Creo que hay algunos principios muy básicos de la ciencia cognitiva que aún no han sido bien implantados en las escuelas. Por ejemplo, hemos sabido durante siglos que la mejor manera para aprender nueva información es a través de un proceso en el que, después de haber aprendido algo, te alejas de ello durante un tiempo para volver a repasarlo más tarde y así varias veces. Hay pruebas significativas de que para aprender una información compleja hace falta tiempo, ya que los detalles se van memorizando poco a poco. Eso es algo que no todos los profesores saben, aunque todos deberían ser conscientes de ello para estructurar sus clases de manera más eficaz. Sería fácil de implementar, aunque aún no está muy extendido.

– Otro de tus mentores, Tony Buzan, insiste en el proverbio latino de «mens sana in corpore sano». ¿Cambió usted su dieta para mejorar su entrenamiento?

– No lo hice, aunque reconoceré que estar en forma es esencial para la salud mental. No hay muchas pruebas científicas que demuestren las ventajas de cierto tipo de alimentación o de los suplementos vitamínicos. Pero sí hay pruebas de los beneficios de estar sano y en forma para el cerebro. Todos deberíamos hacer ejercicio por muchas razones, una de ellas por su impacto en nuestro cerebro.

– ¿Cuál es la mayor incógnita relacionada con la memoria que aún hay que resolver?

– Aún no sabemos cuál es la apariencia de un recuerdo individual. Sabemos cómo funciona a varios niveles como el celular. Pero si tomamos como ejemplo esta conversación, no sabemos cómo está siendo codificada por nuestro cerebro. Creo que ese será un reto excitante de resolver.

– Estudios recientes sugieren que para mantener la mente y la memoria activas debemos comenzar a aprender algo nuevo cada cierto tiempo, como un idioma, un deporte o un estilo de baile. ¿Le ha demostrado esto su experiencia?

– Creo en la noción de que se puede mejorar cognitivamente a partir de los retos constantes. Pero creo que embarcarse en nuevos proyectos y aceptar desafíos es bueno no por sus beneficios para el cerebro, sino simplemente porque es bueno. Todos deberíamos retarnos no porque sea bueno para nuestra memoria, sino porque aprender y animarnos a explorar nuevos campos son elementos intrínsecamente positivos.

– En un momento en el que muchos consideran que tienen mala memoria y les gustaría mejorarla, el marketing se está aprovechando de esa ansiedad para vender libros e incluso videojuegos. ¿Se puede hablar del «negocio de la memoria»?

– Primero me gustaría aclarar que los beneficios de la mayoría de esos productos no han sido demostrados científicamente o, por lo menos, los resultados de experimentos realizados sobre ellos no han sido concluyentes. Los programas para entrenar el cerebro están basados en evidencias y descubrimientos muy limitados.

– Aún así es un negocio muy rentable.

– Es un gran negocio porque nuestra memoria es realmente importante para nosotros y la gente está cada vez más preocupada por su memoria. Creo que a veces ciertos productos están sobrevalorados o son alabados en exceso para aprovecharse de las inseguridades de la gente.

– ¿Qué consejo le daría a esas personas preocupadas por su memoria?

– Algo que he descubierto es que no se puede mejorar sustancialmente la memoria, pero lo que se puede hacer es entrenarte para utilizar la memoria de manera más eficiente. Por ejemplo, si te cuesta recordar nombres hay trucos que te pueden ayudar con esa labor, trucos que funcionan, aunque eso no signifique que tu memoria esté aumentando.

– En su libro menciona que una persona cualquiera gasta al año 40 días compensando por cosas que olvidaron.

– Es una cifra que procede de un estudio que leí de la Universidad de Oregón que creo que aún no ha sido publicado. Francamente, soy algo escéptico sobre esta cifra. Me parece un poco elevada. Lo que me parece seguro es que perdemos mucho tiempo repasando o rehaciendo cosas porque no las recordamos.

– ¿Somos una especie olvidadiza?

– Es esencial a nuestra humanidad que olvidemos. No creo que sea un defecto. Hay razones por las que no somos grabadoras automáticas. Espero que nunca tengamos una memoria perfecta porque estoy seguro de que no sería sano.

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