La batalla contra el grafiti

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Las exposiciones sobre grafiti y street art no hacen amigos en las ciudades que luchan incesantemente contra las pintadas. En los últimos años cuando aparecía un grafiti en Los Ángeles, una unidad de limpieza acudía al lugar y lo eliminaba. Las cifras son asombrosas: en los doce meses anteriores a junio de 2011 la ciudad limpió más de diez millones de metros cuadrados de pintadas. Quizá sea más impactante que esa cifra supone un incremento del 8,2% respecto al año anterior.

Las cosas están cambiando. La disminución del presupuesto sumado al aumento en el número de pintadas ha hecho de las paredes, el mobiliario urbano y las señales de varias ciudades de California el escenario de una cruenta batalla entre defensores y detractores de esta controvertida forma de arte o de vandalismo, según se mire.

El perenne debate entre quienes abogan por el grafiti como una forma de arte frente a los que lo clasifican como puro y duro vandalismo parece una conversación de eruditos en el Café Pombo comparada con las técnicas guerrilleras que están empleando en las calles los fundamentalistas de una y otra corriente.

Por un lado están los vengadores del spray. El pasado agosto se estrenó en Estados Unidos «Vigilante Vigilante. The battle for expression». Este documental se zambulle en la auto-asumida tarea de unos cuantos ciudadanos de vaciar sus ciudades de grafitis. El filme ofrece imágenes y testimonios de algunos de esos «vigilantes» como Joe Connolly, apodado «The Graffiti Guerrilla», o Fred Radtke, más conocido por su pseudónimo «The Grey Ghost». Radtke lleva eliminando grafitis en Nueva Orleáns desde 1997 y en estos 14 años se ha granjeado la enemistad de grandes nombres del gremio como Banksy, quien en 2008 acudió a la ciudad para conmemorar el desastre del Katrina y luchar contra él armado con plantillas y sprays. «[Radtke] ha causado más daño a la cultura que el que ningún huracán de categoría cinco hubiera sido capaz de alcanzar», comentó entonces el grafitero de Bristol.

 

El documental cuenta también con el testimonio de James Q. Wilson, ideólogo de la Teoría de los Cristales Rotos, según la cual si los pequeños actos de vandalismo no son reparados en un corto espacio de tiempo, estos tienden a multiplicarse y propiciar el aumento de la criminalidad. En esa labor de prevención caerían los esfuerzos de los personajes retratados en la cinta. Aunque no todo son bondades: al utilizar también  pintura para tapar los grafitis están infringiendo igualmente la ley y las marcas que dejan tras de sí no ocultan el hecho de que bajo ellas alguien hizo una pintada, por lo que solo disimulan el problema.

Graffiti de galería
El aumento de grafitis no es un brete que Los Ángeles esté experimentando de forma aislada. Una larga lista de ciudades estadounidenses es testigo del resurgir del graffiti, cuya presencia crece como la fama de algunos de sus máximos exponentes. Y es que paralelamente a la proliferación de pintadas en varias ciudades, miles de personas visitan diariamente las exposiciones sobre arte urbano en instituciones culturales que lo miman como epítome de la modernidad.

El caso de Los Ángeles es paradigmático. La ciudad que ha tenido una de las unidades de limpieza más activas y donde operan varios vigilantes es la misma cuyo museo de arte contemporáneo, el MOCA, estrenó en abril de 2011 «Art in the streets», la primera gran exposición de un museo de los Estados Unidos sobre grafiti y street art. La muestra, clausurada el 8 de agosto, reflejaba el desarrollo del grafiti desde la década de los 70 hasta nuestros días en ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Londres, Sao Paulo o Nueva York.

Esta última ciudad es a la que la exhibición tenía planeado viajar tras su paso por California. Así fue hasta que el Museo de Brooklyn, la que iba a ser su nueva sede, canceló la colaboración.

Arnold Lehman, director del museo, explicó que las razones eran puramente económicas –concretamente la crisis y la falta de financiación privada–. A pesar de ello, el anuncio llegó poco después de que el «Daily News» publicara una incendiaria columna contra la exposición. Para el periódico, los visitantes estarían metiendo el dedo en la llaga de todos aquellos que han luchado durante años por mantener sus fachadas libres de grafiti. Su mayor preocupación: que la muestra se subvencione con fondos públicos. Que los 9 millones anuales que recibe el museo salgan del mismo saco que paga 2,4 millones de dólares al año para luchar contra el vandalismo no les parece lo más acertado si es para promover exposiciones como esta. «Normalmente es una magnífica inversión. No en esta ocasión», añade el rotativo.

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2 comentarios en “La batalla contra el grafiti

  1. marya

    solo me molesta este arte cuando lo imprimen encima de un mural, entiendo que esa sea la idea de la intervención, pero amo los murales, ellos podrían solo no tatuarlos sin permiso(?)

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