Esvásticas y los 11 de septiembre, apología de la estrechez de miras

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Hace unas semanas los medios de comunicación americanos se hacían eco de algo que había ocurrido en Brooklyn: la dueña de una joyería vendía pendientes con forma de esvásticas. Varios políticos locales le pidieron que retirase de la venta las joyas, ya que las consideraban ofensivas. Algo en lo que estaba de acuerdo la comunidad judía local.

El presidente del distrito de Manhattan, Scott Stringer, declaró a Fox News que las esvásticas  son «el símbolo más odioso de nuestra cultura y un insulto para cualquier persona civilizada». Con esto Stringer está llamando incivilizados a los aproximadamente 1.000 millones de personas que creen en el hinduismo, una de las muchas religiones que utilizan la esvástica como un símbolo de buena suerte.

Stringer también dijo que las esvásticas no tienen que ver con la moda y no son un «fashion statement». Tampoco lo es el símbolo del yin y el yang o el om, otro símbolo hindú, pero ambos aparecen constantemente en prendas de ropa, complementos y accesorios, entre ellos pendientes. Y nadie los repudia por ser símbolos que poco aportan a una prenda.

La palabra esvástica procede del sánscrito «suastíka», lo que significa  «muy auspicioso» entre otras muchas cosas. El símbolo, como tal, se utiliza desde varios siglos atrás. Como explica la Enciclopedia Británica, era un símbolo muy extendido en las monedas en la antigua Mesopotamia, fue el signo que el dios escandinavo Thor llevaba en su martillo y aparecía en las primeras piezas de arte de las culturas cristiana y bizantina, donde comenzó a ser denominada cruz gamada.

Todo esto ocurrió mucho antes de que el nazismo de la Alemania de los años 30 se  apropiara del símbolo, condenándolo a cargar, paradójicamente, con una fama funesta en occidente para el resto de los tiempos.

Que la esvástica haya corrido esta mala suerte es una cosa, pero que generaciones y generaciones después nos empeñemos en reducir un símbolo con tanta historia a solo una de sus facetas es una simplicidad atroz. Los adalides de esta corriente son reduccionistas que adolecen de una seria estrechez de miras, tanto hacia el pasado, como hacia el futuro. Con una actitud tan limitada estamos obligando a un grupo de seres humanos que no tienen nada que ver con el Holocausto y las 6 millones de muertes que supuso a tener que ocultar sus símbolos religiosos para no importunar lo que se ha aceptado como “políticamente correcto”. Su actitud raya lo ofensivo y es, sin duda, intolerante.

También es cierto que sería más fácil afrontar este debate si la esvástica hubiera dejado de ser utilizada en la actualidad como símbolo de odio. Recientemente en Nueva York varios establecimientos dirigidos por judíos han sido marcados con esvásticas, lo que explica la especial sensibilidad de la población neoyorkina hacia todo lo que tenga que ver con la cruz gamada.

Pero ¿qué pasaría si el día de mañana un grupo político asesina a millones de personas injustamente, comete delitos de odio o busca la eugenesia de su raza mediante el genocidio de los diferentes y utilizan como símbolo para identificarse una herradura o un trébol de cuatro hojas? Ambos han sido símbolos durante siglos de buena suerte. ¿Estaríamos dispuestos a meter en el baúl de los recuerdos todo ese bagaje cultural solo para no afrontar la cara menos amable de una realidad? Seamos maduros. Apoyemos la cultura, el conocimiento y no desechemos parte de esa herencia solo por considerarla ofensiva. Es ofensiva, sí, pero solo si nos fijamos en una de sus muchas caras. Nunca hay que olvidar la Historia. Nuestro deber es conocerla para que no se repitan sus tragedias y tratar de emular sus logros.

Algo similar ocurre en Estados Unidos con el 11 de septiembre. Desde que en 2001 los aviones secuestrados por Al Qaeda atacasen las Torres Gemelas y el Pentágono, ese día se ha convertido en un símbolo de tragedia. El imaginario cultural americano (y por extensión el occidental) asocia automáticamente todo lo que ha pasado un 11 de septiembre con el sufrimiento del pueblo estadounidense aquel fatídico martes. Uno de los ejemplos más claros de los que he sido testigo tuvo lugar durante la presentación de la película «La piel que habito» en Nueva York. Durante la ronda de preguntas que siguió al pase de prensa, un periodista americano le preguntó a Pedro Almodóvar que por qué uno de los puntos álgidos de la película ocurría un 11 de septiembre (se sabe porque Vera lo anota en la pared) y que si le había querido dar un significado más profundo al relacionarlo con esta fecha. Pedro Almodóvar vino a decir algo así como que el 11 de septiembre es solo un día más y que podía haber sido el 10 o el 12 indistintamente. No había sido premeditado. De todas formas, Almodóvar apostilló que ese era el cumpleaños de su madre, por lo que para él siempre había tenido un significado especial, mucho antes de los ataques.

Sí, siempre habrá días, símbolos y objetos que para unos pocos o para muchos tengan un significado especial. Eso no significa que sean unívocos o que su interpretación deba ser universalizada. Somos 7.000 millones de personas en el mundo, con 7.000 millones de historias y de formas de ver el mundo. Paso a pasado tenemos que dejar atrás el egocentrismo y el etnocentrismo, al igual que en el pasado dejamos de creer que la Tierra era el centro del Universo gracias a la curiosidad y el incansable trabajo de Copérnico. Sigamos su ejemplo y no nos rindamos ante la fuerza del «establishment». Hay que seguir luchando por lo que creemos que es justo, por lo que no beneficia a unos en detrimentro de otros y, sobre todo, por lo que nos ayudará a progresar y crecer.

Para concluir, aquí os dejo un muy recomendable artículo que escribe un chico que viajando por India descubrió la ubicuidad de la esvástica.

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2 comentarios en “Esvásticas y los 11 de septiembre, apología de la estrechez de miras

  1. Estuve de Au Pair este verano en casa de unos británicos de origen indio. El padre tenía una camisa estampada con la esvástica que se ponía para salir el fin de semana. Sólo voy a reproducir una frase que el decía constantemente al ver el telediario: “Just Western bullshit”.

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