Globish: lo que hablamos cuando creemos hablar inglés

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Lo confieso: he vivido en una ignorancia idiomática hasta hace muy poco. Concretamente, un par de semanas: hasta que un amigo compartió en Facebook un artículo del Financial Times titulado “Something in the way she speaks…“. El autor del artículo, Simon Kuper, se fijaba en el perfecto inglés de Christine Lagarde, actual presidenta del Fondo Monetario Internacional y entonces ministra de Finanzas francesa.

Como Kuper señala, la razón por la que muchos pensaron automáticamente en Lagarde como sustituta de Strauss-Kahn a la cabeza del FMI fue su fantástico inglés. Un  inglés resultado de 25 años de experiencia en Estados Unidos: estudiante de intercambio en un colegio privado de Maryland, hizo prácticas en Capitol Hill y dirigió el bufete Baker & McKenzie. En palabras de Koper: “Para tener éxito actualmente, hablar inglés no es suficiente. Necesitas hablar un inglés perfecto”.

¿Cómo denominar aquella versión del inglés que hablamos los que no hablamos perfecto inglés? La palabra es globish. Globish es una versión del idioma de Shakespeare reducida a 1.500 palabras. Es el inglés del Método Maurer, similar al de la Wikipedia en Inglés Simple (o Sencillo, según el gusto), el inglés de muchos de los que ponen en el currículo que su nivel de inglés es “nativo”. El globish sería el idioma que irías a ver al cine y el inglés la que te venderían como versión extendida en DVD.

El término “globish” lo acuñó Jean Paule-Nerrière, antiguo presidente de IBM, al unir las palabras “global” e “English”. Nerrièrre explica en un texto publicado junto a David Hon que el Globish es un tipo especial de inglés que incluso los anglóhablantes deben aprender (es decir, simplicar el uso de su propia lengua hasta la mínima expresión) para poder comunicarse con el gran grueso de habitantes del mundo. Aunque la intención de Nerrière me parece buena, su iniciativa promueve una actitud -acomodaticia e indulgente para unos e injusta y empobrecedora para otros- que parece decir: “Si no hablas bien inglés, no te preocupes. No es tu problema. Es de ellos”. Eso o que quiere vender muchas copias de su curso por el asequible precio de 49,95 dólares.

Yo me posiciono más del lado de otros teóricos como Patricia Ryan, que no buscan la simplificación del inglés, sino la convivencia activa de idiomas. Ryan, quien ha pasado más de treinta años impartiendo clases de inglés en el Golfo Pérsico, explicó en “Don’t insist on English” (charla para TED) la posible relación entre la expansión del inglés y la incesante muerte de lenguas (una cada catorce días, según apostilla). Ryan cree que es maravilloso que el inglés sea una lengua global, pero se opone a la idea de usar el inglés como una barrera de acceso, cuyos guardas fronterizos son los profesores que tienen que decidir si conceden o no este o aquel título a sus alumnos. La diversidad de lenguas y el enriquecimiento que esto supone deberían ser un valor defendido a ultranza, con la misma firmeza con la que el mundo se ha autoimpuesto aprender inglés.

El discurso de Patricia Ryan no tiene desperdicio y por eso os lo dejo aquí para que podáis disfrutar de él. Y gracias a TED, lo podéis escuchar en inglés, pero comprender con la ayuda de alguno de los subtítulos en 39 idiomas que ofrece.

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