Mi montaña rusa personal

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Pecamos de ingenuos los que creemos que nos pueden ocurrir cosas maravillosas con pasmosa facilidad. Estas últimas semanas han sido para mí una constatación de que toda idealidad viene acompañada de una fuerte carga de irrealizabilidad y, con mucha frecuencia, irrealidad.

El 25 de abril quedará marcado en mi historia personal como el día que recibí la mejor noticia que nadie me podría haber dado. Mi mundo pegó un vuelco, mis perspectivas profesionales se subieron a un jet y mi futuro en Nueva York parecía garantizado. Hace dos días, recibí la noticia que completaba el círculo y equilibraba la balanza de la idealidad con la irrealizabilidad.

Justo cuando un bajón de energía y entusiasmo que no había sentido en años se apoderaba de mí, Marina, una compañera de trabajo de The Economist, arrojó luz sobre mi desaliento. Marina estaba aprovechando un rato de tranquilidad para poner orden en su escritorio, ya que su último día en la empresa se aproximaba. Bajo una pila de papeles, una montaña de pennies y un puñado de caramelos de menta que cubrían cual manto la superficie de su escritorio, Marina encontró un libro. Su cubierta, colorida y psicodélica, con una estética similar a los dibujos que utilizaron los Beatles en “Yellow submarine”, revelaba que era un libro para niños. Para mí era la primera vez que escuchaba hablar de su autor, el Dr. Seuss. A las cabezas en los cubículos adyacentes les pareció un sacrilegio. El libro tenía por título “Oh, the places you’ll go“. Se lo pedí prestado para hojearlo. Al ver que tenía poco texto decidí leerlo inmediatamente y Marina no objetó a que me lo quedara un rato más.

“Oh, the places you’ll go” era justo lo que necesitaba leer. A través de sus poco más de cuarenta páginas experimenté una montaña rusa de emociones: me monté en el vagón de la incertidumbre, subí la inclinada cuesta de la iniciación en el mundo de los adultos, disfruté de la caída libre en la esperanza de los proyectos en el horizonte, zigzagueé por las curvas que presentan cada elección de la vida, descendí al abismo del fracaso y la espera, para alejarme a toda velocidad por los sinuosos raíles de la perseverancia y el esfuerzo y concluir el viaje con el sabor de la sabiduría que solo se obtiene con la experiencia.

Con más ánimo y esperanza pasé el día y por la noche la distancia puso en perspectiva lo pasado y lo futuro.

Hoy Marina se ha despedido de la oficina y me ha regalado el libro del Dr. Seuss. Según Wikipedia, las ventas de este libro repuntan cada primavera porque es un regalo frecuente para recién graduados. Lo que Marina no sabía es que el libro me había gustado tanto que ese mismo día, un día cualquiera de primavera,  yo había ido a una librería y ya lo había comprado, engrosando el éxito cíclico de este libro. Ahora tengo dos copias. He decidido que me voy a quedar la de Marina y la otra la voy a donar al piso donde vivo para que cualquiera que lo necesite, pueda leerlo y encontrar el apoyo que a mí una vez me supuso.

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Un comentario en “Mi montaña rusa personal

  1. paloma ruiz

    La verdad raramente esperamos que lo deseado se haga real y cuando eso ocurre un equilibrio interior nos invade. Ese mismo equilibrio es un hilo y este es tan fino que si se rompe, nos rompemos.
    Pero la fuerza del equibrio, si la tienes, conseguida con la madurez espiritual, es la que te coloca de nuevo en esta noria.

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