Nueva York en 6 pensamientos aleatorios

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Pensamientos aleatorio nº1: Nueva York es una ciudad mutante, una ciudad que, cual ave fénix, se inmola en sus propias excentricidades y renace de sus cenizas aún candentes. Nueva York es una ciudad que muda de piel con cada luna, para así, llegada la mañana, poder sentir erizarse su bello como la primera vez al contemplar en el horizonte la infinidad de posibilidades que sus calles albergan. Si no te adaptas a su ritmo pierdes el tren. Y nadie quiere perder ese tren, te lo aseguro.

Pensamientos aleatorio nº2: Los restaurantes abren y cierran como los humanos pestañeamos: sin enterarnos. Nuevos restaurantes abren en los locales donde otros fracasaron. Otros restaurantes tienen listas de espera de semanas porque el boca a boca ha sido tremendamente amable con ellos. Así funcionan aquí las cosas y tiene sentido, porque la ciudad es enorme y es casi imposible que una única persona conozca todo lo que merece la pena. Por eso delegamos en nuestros semejantes para que nos recomienden lo mejor.

Pensamientos aleatorio nº3: Nueva York es una ciudad donde aprender a amar a las ratas, las chinches, las cucarachas y demás bichos con poco o mucho encanto, según la distancia desde la que se los mire. Yo en concreto le debo mucho a las ratas, ya que amenizan las frecuentes y a veces largas esperas en los andenes del metro. Con amigos a veces jugamos a ver quién ve primero las ratas. Los extraños a nuestro alrededor se sorprenden. Algunos incluso nos recomiendan ir a tal o cual estación. «Las ratas ahí son grandes como el culo de mi madre». Lo de las pulgas y la plaga que ha habido este verano es digno de ser comentado, así que si tengo tiempo escribiré algo a parte.

Pensamientos aleatorio nº4: Lo que magnifica a Nueva York es que no se duerme, no se detiene a contemplarse y regocijarse en sus bondades. No es narcisista ni pagada de sí misma, ni condescendiente con sus grandes logros (para eso ya están los neoyorkinos). Es una ciudad en cierta medida humilde –otros preferirán decir ambiciosa– porque siempre aspira a mejorar, a engrandecerse, a crecer, a conocer, a mirarse con los ojos de cualquier recién llegado y aprender, a poner pasión y esfuerzo para evolucionar.

Pensamientos aleatorio nº5: Lo mejor de Nueva York –y lo que la mantiene en constante evolución– son sus habitantes, llegados de todas partes del mundo. Ellos, exigentes y rígidos, hostigan a la ciudad para que no cese de experimentar con nuevos conceptos, reunir las mentes más brillantes de cualquier campo y así ser el nicho del que emergen todas las tendencias.

Pensamientos aleatorio nº6: Lo mejor de la ciudad no son los turistas, ávidos de completar rutas prefijadas que recuerdan a una escala musical, con sus siete notas fijas, arcaicas, poco originales. No me malinterpreten. Para zambullirse en la ciudad, como en cualquier pieza musical, hay que conocer sus rudimentos básicos para, de ahí hasta el infinito, mezclarlos, jugar con ellos, y manipularlos a nuestra merced. Lo que hay que saber hacer es ver más allá de esos componentes elementales y aspirar a más. Lo peor de los turistas es su forma de caminar, combinando la pasión inagotable de ir en línea –que no en fila– bloqueando aceras enteras, y a un ritmo que puede denominarse sin atisbo de error de «trote cochinero», molesto para cualquier persona a la que poner un pie delante de otro no le lleve más de uno segundo.

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