Limpieza de memorias

Estándar

¿Recuerdas la ropa que compraste el primer día que fuiste de tiendas y elegiste tú y no tu madre? ¿Puedes recordar la primera prenda que pagaste con tu dinero? ¿Y la ropa que llevabas cuando te dieron tu primer beso? ¿Lo que llevabas puesto en tu primer examen de Selectividad o en tu graduación del instituto? Hoy me he desprendido de todas esas prendas, pero no de todos esos recuerdos.

Esta tarde he hecho limpieza en todos los armarios de mi casa, los cuales rebosaban cajas y bolsas con mi ropa, acumulada durante 14 años. Los armarios de la entrada, del pasillo, los de mi cuarto, debajo de mi cama. Todo estaba lleno de mi ropa. Insisto: mi ropa. Y es que en mi casa vivimos cinco personas, tres de ellas mujeres; pero la única ropa que se acumula es la mía.

Yo no hubiera hecho limpieza nunca. Nunca me hubiera deshecho de la primera sudadera que compré con mi dinero, la que pagué incluso con monedas de 5 pesetas. Había ahorrado durante meses para comprarla. Al dueño y dependiente al que se la compré le hice tanta gracia que me hizo un descuento. Iván se convirtió en mi amigo desde entonces y hasta hoy acudo a a comprar a  su tienda.

Ahora me gustaría tener una casa enorme, llena de armarios altísimos donde poder conservar toda esa ropa, pero mi madre me llevaba presionando unos meses para que limpiara, así que no he podido posponerlo más. Al ímpetu de mi madre se ha sumado mi inminente traslado a Nueva York y la obligación que tenía de seleccionar con mucho esmero la ropa que me iba a llevar.

Han sido casi tres horas de limpieza, de criba. Mi madre me ha ayudado. Se ha asustado cuando iba a coger alguna de esas prendas especiales y yo saltaba para evitarlo al tiempo que gritaba “¡NOOO!”. Y se ha reído al ver mis ojos humedecerse al contarle todo lo que me evocaba una camiseta o al explicarle lo importante que había sido para mí una camisa o una gorra.

Esas anécdotas son muy antiguas. La mayoría ocurrieron hace 13 o 14 años, una época que recuerdo con mucho cariño. Añoro la felicidad de esos días y quizá esas prendas de ropa eran mis tótems, mis fetiches, las reliquias de un pasado entrañable. Había convertido mi casa en una tienda de antigüedades y yo me estaba convirtiendo en algo parecido a aquellos ancianos con síndrome de Diógenes.

Eso sí, hay prendas de las que no he podido desprenderme. La más vieja es un pantalón de verano que imita un bañador de chico. Es muy retro. Me lo compró mi madre cuando tenía 14 años y lo adoro. Cuando lo he sacado de la caja donde estaba, las gomas han crujido. Tampoco he podido meter en una bolsa una camiseta que compré en el Puerto Banús hace una eternidad ni dos camisetas con mucha historia detrás (esas no se pueden contar) que tengo desde mi primer viaje a Tarifa en 2002.

Ver toda mi ropa acumulada  ha sido parecido a ver toda mi vida pasar frente a mis ojos. La adolescencia, las camisetas siempre de la misma marca, esa marca que llegó a convertirse en mi apellido para mucha gente. Mi época formal, aquellos años que concluyeron cuando dejé Derecho y ADE y que dieron paso a una etapa libre e informal y a una ropa que encajaba más con mi nueva forma de ver la vida. Años de ropa deportiva y pantalones anchos dieron paso a un estilo algo más “etéreo”. Y de ahí al eclecticismo actual.

El resultado de la limpieza han sido 14 bolsas de basura blancas. 14 como los años que tenía la prenda más vieja que contenían. 7 bolsas de ropa van a ir directamente a la beneficencia. Las 7 restanten albergan ropa en mejor estado y esas las llevaré a alguna tienda de segunda mano cercana. Quizá otra persona les de una segunda oportunidad, una nueva vida con recuerdos inolvidables.

Anuncios

3 comentarios en “Limpieza de memorias

  1. Ay, niña, 14 bolsas?? Yo tengo también en casa todos los armarios llenos de ropa y podría contestar a las preguntas del principio… Lo único que mi madre es peor que yo, y no me hace tirarlas… Una entrada muy divertida!!

  2. M. Bodes

    Y no me has llamado para ese plan? bueno entiendo que es algo muy personal pero sabes q me flipa tu armario lleno de cosas, de colores… recuerdo ese bañador de chico … y algunas de las historias que no se pueden contar 🙂

    Gran entrada, me ha encantado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s