Herederos (y bastardos) periodísticos de Larra

Estándar

El periodismo español parece polarizarse entre la acomodada y partidista crítica política y el sangrante periodismo del corazón que predomina en la televisión. La figura de Larra emerge como referente de una herencia poco presente y nada honrada

A Larra le dolía España y si viviese hoy le dolería el periodismo español. Sus palabras de desaliento y sus mordaces críticas tendrían una diana constante en la acomodadiza labor de sus coetáneos informadores. Y sus dardos, aunque incómodos para la mayoría, apelarían a la conciencia de la España transigente.

Larra murió en 1837 con 27 años de edad. ¿Quién se ha encargado de continuar la empresa que el madrileño dejó a medias? La respuesta varía según el perfil de Larra que miremos. Si nos fijamos en el Larra literato, sus más directos herederos fueron Valle-Inclán y los miembros de la generación del 98, en especial Azorín, Unamuno y Baroja, quienes bebieron de su desconsuelo ante la desposeída España. Si nos fijamos en el Larra periodista, la cosa está menos clara.

Larra trasladaba a sus artículos un bagaje cultural y personal poco común para el español de la época. Creció como españolista en una familia afrancesada. Hablaba español y francés y recibió una excelsa educación en diversos internados de Francia y colegios de España. Como estudiante universitario se matriculó en la Universidad de Valladolid, donde solo permaneció un año. En 1825, después de enterarse de que compartía amante con su padre, dejó los estudios y se trasladó a Madrid.

Margarita Márquez Padorno, doctora en Historia de los Medios de Comunicación Social, cree ver reminiscencias de las características de Larra, además de su criticismo y sátira, en algunos periodistas y columnistas contemporáneos. Manuel Vicent, Haro Tecglen, Jon Juaristi o Jiménez Losantos son nombres que menciona. Lo importante no es comulgar con sus ideas, sino que lo que estos autores dicen levante una espesa nube de polémica. «Larra despertaba las iras del resto», añade Margarita.

Margarita destaca también a Arcadi Espada y a Francisco Umbral. “Espada podría ser un Larra actual. Es un hombre muy culto, escribe muy bien y sus críticas se disparan por todos lados sin importarle cuál sea la repercusión. Y eso era algo que Larra tenía muy presente”, comenta. «Yo también odio la pereza, la presunción y la vulgaridad españolas, comprendidas las partes y el todo. Yo, como él, sería capaz de pegarle un tiro a España. Pero ¡quia!, pegárselo uno mismo por semejante mastuerza», escribió Espada con motivo del aniversario del nacimiento de Larra.

La relación entre Umbral y Larra va más allá de la mera continuidad de un modelo de escritor y periodista. Ambos adolecieron del cariño materno en su infancia, ya que sus madres se despreocuparon pronto de ellos y acabaron abandonando sus vidas cuando aún eran unos infantes. Ambos practicaron el costumbrismo, Larra como dolido españolista, Umbral con un tono antiburgués. Y ambos lograron triunfar además de como cáusticos sátiros, como literatos. «Todo biógrafo es biógrafo de sí mismo», escribió el poeta José Hierro en el prólogo a la biografía que Umbral escribió sobre Larra. «Umbral es Larra sin chalecos vistosos, aunque con foulard, solo que por fortuna Umbral se salvó del sentimiento trágico de la vida por medio del humor. Donde Larra dibujaba un retrato sombrío y amargo, Umbral traza sus rasgos caricaturizables», añade el poeta.

Crítica turnista

La crítica nunca es cómoda: pone tanto al sujeto, como al objeto de ella en una situación casi siempre violenta. Larra era de esos críticos raros que incomodan a todos, pero a los que ninguna crítica los altera; y que defendían su derecho a escribir lo que le placiese.

Azorín escribió: «Ama Larra apasionadamente la libertad de la prensa. Fue su vida toda una interminable y tenaz batalla contra la censura ejercida en su tiempo». La lucha perpetua de Larra se perdió con el tiempo y hoy no quedan más que los rescoldos de la escritura crítica que fue.

El sistema casi bipartidista en España ha forzado un sistema de turnismo en la crítica: los periódicos de derechas hibernan una vez que el partido de igual signo llega al poder y lo mismo con los de izquierdas. En España solo se critica desde la incómoda posición de la minoría. La comodidad nos apoltrona y vuelve vagos y poco analíticos. Margarita Márquez pone un ejemplo: «El dato de los cinco millones de parados actuales no está siendo criticado por la izquierda, mientras que la derecha le da mucha sonoridad». «Quizá no se critique por hacer causa común, por miedo a que se los etiquete como críticos de un Gobierno que se supone progresista», añade.

Mordaz articulista

Larra no era periodista, o eso creía él. Lo que hacía especial a Larra era su fortuito instinto para lo noticiable y el estilo con que plasmaba la realidad. Sus artículos destacaron por reflejar la realidad de España a partir de Madrid como metonimia de un país. Larra salió a las calles de la capital cientos de veces en busca de una confirmación —o quizá no perdiera la esperanza y buscase una refutación— de sus prejuicios sobre la España de la época.

Mauro Muñiz, periodista y escritor, dibujó a Larra como articulista: «Larra es satírico, político, humorista, teatral, dandy, cortesano, mesocrático, viajero, romántico, crítico, costumbrista; además de una pasión española, una teoría de la vanidad, una visión de Castilla, una revolución periodística y una actitud literaria». Ese es el «todo» de Larra. Larra y sus mil caras, sus personajes, sus pseudónimos. Y ya fuese amparado por el pseudónimo o envalentonado por enseñar su propia faz ante aquellos que critica o lo critican, Larra fue un osado, un bravo de las palabras.

Los hijos no reconocidos

Una parte del periodismo español murió con Larra, precursor de modelos como la prensa satírica y los periódicos unipersonales; pero también de la crítica costumbrista que miraba a la calle como referente. Y otra parte creció exponencialmente. Un siglo y medio tras la muerte del autor, los programas con más presencia en la televisión los que hacen costumbrismo y sátira exacerbada. El modelo que popularizó Larra ha sido deformado, adulterado y alterado hasta crear una categoría amorfa que fagocita todo lo que de putrefacto tiene la sociedad: el del corazón.

Carlos Elías, autor del libro «Telebasura y periodismo», divide el periodismo del corazón en dos categorías: aquel de cara más amable, practicado por revistas como «Hola» o programas de la televisión pública; y otro que recurre a la sátira descarnada para hablar de la vida de pseudos personajes públicos. Los Jorge Javieres Vázquez o Belenes Esteban de España son los descendientes lejanos y no reconocidos del Larra más hiriente, crítico y polémico.

Quizá las profecías de Larra se hayan cumplido y la peor España posible se haya materializado. Hasta tal punto que alcanza cotas insospechadas donde las personas con el poder de llegar al gran público se han rendido al espectáculo, lo soez y la zafiedad. Quizá, y solo quizá, si Larra hubiera vivido en el siglo XXI hubiese caído seducido en los brazos de la fama y el dinero de los programas del corazón. O quizá, y solo quizá, se hubiera pegado un tiro en la sien, tal y como hizo, pensando que España no podía caer más bajo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s