Cumpleaños a la danesa

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Acabo de volver de un cumpleaños danés. El cumpleañero es un amigo danés llamado Christoffer. Hoy era su vigésimo segundo aniversario y, por esa razón, ha organizado una pequeña reunión en su casa.

Cuando ayer nos avisó dijo que su madre iba a estar ahí y que había preparado pan, pastas, pastel y todo ello bañado de chocolate caliente con nata. Cuando he llegado ya estaba todo preparado. En la mesa había varios platos con panecillos recién horneados y, junto a ellos, la mantequilla y la mermelada. También había platos de pastas danesas -toma topicazo- y una pequeña jarra de cacao caliente. Me he sentado en un sofá bajo la ventana, al lado de otras dos estudiantes internacionales: Katelynn, de EE. UU.; y Jess, de Australia. Willy, midad danés, mitad brasileño, ha hecho de traductor e intérprete durante la merienda. Debo decir que todo estaba buenísimo.

Cuando ha llegado el momento de la tarta, la madre de Chris la ha decorado con varias banderas danesas y es que aquí es tradición sacar la bandera danesa en los cumpleaños. En la tarta había tres banderitas, las servilletas tenían banderas y Chris iba vestido de rojo y blanco.

Primero hemos cantado el “Cumpleaños feliz” en inglés y luego, la delegación danesa, ha cantado una de las múltiples canciones de cumpleaños en danés que aparentemente existen. Esta, de la cual se sienten muy orgullosos -en palabras de la madre de Chris-, consistía en una estrofa que se repite cuatro veces. Cada una de esas veces el cambio introducido es un intrumento musical y en cada parte, al final, hay que hacer el sonido de ese instrumento. He tratado de buscar en YouTube la canción, pero no he encontrado nada.

Para ampliar conocimientos, diré que “Feliz cumpleaños” en danés es: Tillykke med Fødselsdagen!

Después de la tarta y las canciones, Chris ha abierto algunos de sus regalos. Uno era un planning hecho por dos de sus amigas para el día de mañana, lleno de actividades codificadas tras nombres de asignaturas; y el segundo era un maillot de ciclista de los que solo tienen tirantes. Ese ha sido el regalo de su padre. Para hacer la coña le hemos dicho que se lo pusiera y el tío ha ido y se lo ha puesto. Nos hemos hecho unas fotos de grupo -él con el maillot- y luego nos ha enseñado su cuarto, en el que tiene muchas de las fotografías que tomo en su viaje de seis meses por Asia. Después de ver todas las fotos ha llegado la hora de partir.

Nos hemos despedido y le hemos agradecido el buen ambiente y la acogida con una frase muy danesa: Det var hyggeligt! Traducida significa algo así como “Ha sido encantador” o muy íntimo, agradable, acogedor. Es una expresión difícilmente traducible por completo porque implica gratitud y, si no la utilizas, pareces querer transmitir que el anfitrión no se ha esforzado suficiente.

Ahora estoy haciendo tiempo en casa hasta las 21, hora en la que empieza otro cumpleaños, pero esta vez en mi piso. La cumpleañera es Magnolia, una de mis compañeras. Es turca y la verdad es que nos acabamos de presentar porque, entre unas cosas y otras, no nos habíamos visto antes. Cuendo le he dicho mi nombre me ha comentado: “Ah, ¡María! He oído hablar mucho de ti. Pero no te había visto antes. ¿Qué raro, no?”. Tras una breve explicación me ha dicho que va a ser más una reunión con comida y pastel, así que me parece una oportunidad genial para conocer un poco mejor a mi compañera de piso.

Dos cumpleaños en un día. Mi nivel de glúcidos va a acabar por las nubes.

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