Elton John en Copenhague: The Red Piano

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El sábado pasado, entre otras muchas cosas, estuve en el concierto que Sir Elton John ofreció en Copenhague.

El concierto fue el broche a un día intenso. Me levanté temprano. Cogí el tren de las 11 y a las 12 menos cuarto estaba en el centro. Fui caminando por las calles peatonales sin rumbo fijo, bajo una lluvia intensa y rodeada de cientos de turistas a los que tampoco les importaba la lluvia y el frío. Mi intención era recorrer esas calles pequeñas que casi siempre quedan al margen de las rutas turísticas. Encontré muchos locales interesantes, tiendas pequeñas y con productos artesanales muy artísticos.

En concreto, dos tiendas llamaron mi atención. La primera se llama Scherning y todo lo que venden está hecho de cerámica de colores. La segunda se llama Containerjuvelen y es una tienda-atelier en la que vende y trabaja Gitte Helle. Desde la calle, la tienda pasa casi desapercibida. Por alguna razón el escaparate -muy pequeño- me llamó la atención. Por la hora que era dudaba que estuviera abierto. Pero lo estaba, así que entré. Pasé un rato observando las piezas. Había de todo, todo hecho con pequeñas piezas que, según me contó Gitte, la gente deja en su puerta y ella reutiliza, dándoles una segunda oportunidad. Había broches preciosos, todo tipo de trabajos gráficos, algunos de ellos combinando técnicas como los acrílicos con piezas de las que ya os he hablado. Me impresionó muchísimo la tienda, su contenido y, sobre todo, su mesa de trabajo. Estaba repleta de pequeños artilugios con los que creaba mientras me contaba que había estudiado diseño y que ha trabajado en esa tienda desde hace 17 años. Le dije que volvería otro día a hablar con ella y que llevaría a Lisa, que estudia arte y sé que le encantaría intercambiar impresiones con ella. Se quedó encantada y me dijo que por favor volviese cuando quisiera. ¡Qué amables son estos daneses cuando quieren!

Después de dejar a Ditte me fui al Jardín Botánico. La lluvía le quitó parte del encanto a pasear por las calles rodeadas de plantas, algunas de ellas mustias por el exceso de agua. Dentro del Jardín hay un invernadero de cristal y madera pintada de blanco. El edificio es muy bonito, de estrucutra clásico. Tengo ganas de volver, pero esperaré a la primavera.

Cuando salí del Jardín Botánico crucé la calle y estaba en el Statens Museum for Kunst. Aunque ya lo he visitado varias veces, la lluvía me empujó y La raya verde me atrajo. Este cuadro tiene un magnetistmo especial. Difícil de explicar. Volví a ver gran parte de la colección y se me pasó el rato bastante rápido.

Casi sin darme cuenta era el momento de dirigirme a Parken. Parken es el estadio de fútbol del F. C. Copenhague y está en Osterbro. Tardé media hora en llegar. Como no había comido nada en todo el día y tenía algo de tiempo busqué un McDonalds. Comi-cené y, después de hacer un par de sudokus, me fui a hacer cola.

A las 19:30 ya estaba todo preparado y salió al escenario Jamie Liddel, el telonero de Elton. Su música era muy eléctrica, muy vital; y su estilo una mezcla entre Elvis y Freddy Mercury. Cantó 4 ó 5 temas y no estuvo en el escenario más de 30 minutos.

A las 20:20 las luces se apagarón. Unos chicos vestidos de blanco salieron al escenario y quitaron la tela que cubría el piano rojo. ¡La gente enloqueció! En un abrir y cerrar de ojos, Elton John estaba en el escenario, saludando sonriente al público. Aunque a primera vista parece que está un poco mayor para tanto trote, el señor Elton no paró. Tocó todos sus grandes clásicos pasando por Tiny dancer, Your song, Rocket man, Don’t let the sun go down on me, Candle in the wind , I still standing y muchos más. En total cantó 15 canciones, pero parecieron muchas más. Por ejemplo, dentro de That’s why they called it the blues, una de mis favoritas, pareció hacer muchas versiones diferentes, con una parte muy blusera y otras más con ritmos de jazz, pop, rock rápido… Realmente me sorprendió tanto la versatilidad de Elton como lo bien apoyado que estaba por los músicos que lo acompañaban.

Más que un concierto fue un gran espectáculo. Lo cierto es que es la gira del show que ha estado haciendo en Las Vegas los últimos meses, así que era casi obligatorio que fuese bastante impresionante. El escenario cambia constantemente, tanto de luces como de decoración. De esto se encargaban los chicos de blanco que, al principio de cada tema, sacaban al escenario lo que parecían grandes bolsas de plástico, pero que al hincharse se convertían en piernas, plátanos, cerezas, unos enormes pechos, un pintalabios, etcétera. La pantalla gigante reprodujo un vídeo diferente para cada canción, algunos de ellos muy elesédicos, por decirlo de alguna manera.

Antes de ir al concierto, incluso antes de comprar la entrada, tenía mis dudas sobre si el concierto realmente merecía la pena y el desembolso. Después de haberlo vivido confieso que ha sido un dinero bastante bien gastado.

Por cierto, me ha entrado la fiebre de los conciertos. El domingo voy al de Travis y también he comprado una entrada para el concierto de Oasis en enero. ¿Por qué todas las bandas que me gustan deciden venir a tocar a la ciudad más cara de Europa cuando se supone que no puedo gastar nada? ¿Por qué se empeñan en tirar por el suelo mi modo ahorro? A ver como me repongo…

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