Otro fin de semana peculiar

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Parece que se está convirtiendo en tradición el tener fines de semana extraños o al límite en este país.

Durante la semana no ha habido mucho que contar. Alguna fiesta que otra (una en nuestra casa y otra en Korallen, otro edificio de viviendas para estudiantes), clases, películas, proyecto, comida típica danesa y poco más.

Pero llega el viernes y todo cambia. El día comenzó tranquilo, con clases y poco más; pero a las 18 nos reunimos en la estación de tren para ir hasta Copenhague. Teníamos entradas para el Sommerballet 2008 en el Bellevue Teatret, en Klampenborg, al norte de Copenhague. El ballet fue realmente interesante. La compañía encargada de la representación es una compañía interesada en la experimentación, así que cada una de las 7 partes en las que estuvo dividido el espectáculo tenía características muy diferentes. La pieza que más captó mi interés era una combinación de ballet y teatro en la que una pareja parecía no entenderse muy bien y estaban todo el rato persiguiéndose como el ratón y el gato. Todo ello acentuado con música realmente interesante y diversa que hacía muy sencilla la comprensión del mensaje.

Mientras dejábamos la sala y bajábamos por las escaleras del ballet vimos unas mesas con champán, bebidas varias y algunos piscolabis. Pensamos que podíamos coger, pero una chica dijo que no, que era solo para los VIPs. Salimos del teatro y le pregunté que cómo lo sabía y me dijo que por precaución lo había preguntado. Hablé con otras chicas, menos cautas, y decidimos subir a beber algo. Nadie nos dijo nada. Comimos patatas y panchitos, bebimos Coca-Cola y champán y todo fue bien. Al rato nos fuimos.

Nuestro plan era salir por Copenhague y de madrugada ir caminando hasta un cuartel de la policía a las afueras de Copenhague donde todos los sábados la policía subasta las bicicletas que se han encontrado en la calle y que nadie ha reclamado en cierto tiempo. Así hicimos y tengo que decir que, aunque todo era planeado, nada fue como yo esperaba.

Salir por Copenhague estuvo bien. Fuimos a el Studenthuset, una especie de bar en el centro creado por y para los estudiantes de la Universidad de Copenhague donde hay música en directo todos los viernes y el ambiente está bastante bien. Yo estaba bastante cansada, así que no me levanté del sofá en toda la noche; pero por lo menos no llegué al punto de Lisa, que se quedó dormida a pesar de la música.

Cuando a las 4 nos invitaron a abandonar el local, comenzó lo que nosotros llamamos aquí nuestra “Homeless expirience”, porque es raro el día que no acabamos durmiendo en un banco o abrigándonos con periódicos. Exagero, pero a veces las cosas son así. Nuestra “Homeless expirience” de este fin de semana consistió en caminar durante más de tres horas hasta este cuartel a las afueras. Google Maps me dijo que solo estaba a una hora y 37 minutos del centro de Copenhague. Casi el doble de tiempo nos costó a nosotros. Estábamos cansados, los zapatos no eran los más apropiados. Todo eran contratiempos. Después de andar y andar llegamos a esta comisaria. Eran las 7 y algo de la mañana y la subasta no comenzaba hasta las 8 y media.

Teníamos que hacer tiempo, así que nos sentamos en el párking más cercano, en el suelo, y dormitamos un rato hasta que fue la hora de entrar. A las 8 y media abrien las puertas de la comisaria. Los futuros compradores disponen de 30 minutos para ver las bicis, comprobar su estado, anotar las que les interesan e ir tomando posiciones para la subasta. A las 9 en punto dio comienzo la magnífica, agobiante, estresante subasta. Ni qué decir tiene que por supuesto era en danés, así que no comprendíamos nada de lo que el subastador decía, salvo lo más importante: los precios. Gracias a Mads, nuestro profesor de danés, sabemos perfectamente identificar un número cuando lo escuchamos, así que esa parte fue la menos dicífil. La parte chunga fue ver cómo las mejores y más bonitas bicis se vendían por encima de las mil coronas cuando mi tope estaba en 450 koronas. Al final compré una bici. No es muy bonita, pero está en perfecto estado. Solo le hacen falta las luces y una cesta para la parte delantera. Por lo demás, después de haberla limpiazdo un poco, está fenomenal.

Salimos de la subasta a las 11 de la mañana. No todos habían tenido mi suerte, así que para volver al centro éramos tres personas, dos bicis funcionales y una inutilizable. Intentamos subir en todos los autobuses que vimos, pero ninguno permitía las bicis. La parada de tren más cercano no funciona los sábados y hacer autostop no era una opción. Así que nos volvimos a poner a andar, agotados, exhaustos, hasta la tienda de bicis más cercana. Cuando llegamos dejamos allí la bici de Lisa, la que estaba rota. Mañana lunes vamos a recogerla. Cuando salimos de la tienda Lisa cogió el bus y nosotros fuimos pedaleando al centro. Fue genial circular por la ciudad. Es una experiencia inolvidable disfrutar de una ciudad en bici, siempre que se pueda, como aquí, ir siempre por el carril bici, sin molestar a los viandantes.

Llegar a casa estaba cada vez más cerca, así que fuimos a la estación de tren, cogimos el primer tren a Tekroner y en 30 minutos estábamos aquí, en el campus. Lo único que hice al llegar a casa fue quitarme los zapatos, lavarme las manos y meterme en la cama. No podía más. Dormí 5 horas, cené, fui a tomar algo con una amiga y a las 22:30 estaba otra vez en la cama.

Hoy, domingo, me he levantado temprano; pero hemos hecho poca cosa. Hemos jugado a las cartas, hecho un par de arreglos en la bici, preparado la comida y, por la tarde, hemos estado preparando unos bizcochos porque mañana es el cumpleaños de Mads, nuestro magnífico y adorado profesor de danés. Los bizcochos son realmente horribles. No estoy nada orgullosa de su aspecto, aunque de sabor están bastante bien. Lisa me ha dado una idea genial para sacarles algo de provecho. Ya os contaré el resultado.

Ahora estoy realmente cansada, esperando terminar de contaros las aventuras de este fin de semana para poder meterme en la cama y descansar. ¡Allá voy!

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2 comentarios en “Otro fin de semana peculiar

  1. javier

    Hola,
    Voy esta semana a copenhague y querría ir a una tienda en donde vendan carteles originales de cine…de las peliculas que se estrenan en los cines. ¿conoces alguna o alguna calle en donde encontrarlo?
    gracias
    javier

    • Hola Javier, En Skindergade hay tres tiendas enormes de posters. Estn todas juntas y su nombre es el mismo pero seguido de I, II y III. La calle en cuestin forma parte de las calles de las tiendas, que en realidad es una calle muy larga con nombres diferentes para cada parte. Si partes desde la Radhuspladsen te ser fcil de encontrar. Un saludo,

      Mara

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