Limpieza general

Estándar

(Escrito el domingo 3 de agosto)

Cuando nos entregaron la casa estaba claro que necesitaba un lavado de cara en profundidad que pospusimos hasta “tener algo de tiempo”. Cuál es mi sorpresa cuando ayer por la noche, alrededor de las 23:00, cuando yo ya tenía puesto el pijama y me disponía a dormir, escucho jaleo en la zona común, salgo para ver qué se cuece y resulta que dos compañeras (a iniciativa de una de ellas) estaban limpiando toda la cocina.

Y yo me pregunté ¿qué coño hago ahora? Yo me quería ir a dormir, pero estaba claro que si estaban limpiando la zona común había que hacerlo entre todas, ¿no?

Les pregunté cómo les había dado ese pronto y una de ellas, la de la iniciativa, me dijo que tenía tiempo y ganas, así que se había puesto a hacerlo. Le repregunté si necesitaban ayuda y me dijo que no hacía falta. Gracias al cielo. Le tomé la palabra y me fui a dormir.

Ya en la cama pensé que eso es lo típico que se dice esperando que la otra persona diga “No, por favor, claro que os ayudo” o algo por el estilo. Yo pasé kilómetros. La verdad es que la cuarta compañera apareció también un momento por el salón y, al no reaccionar ante el fenómeno de la limpieza, se volvió a su cuarto. Eso me animó. No me excusa, pero por lo menos no soy la única. Mal de muchos consuelo de tontos.

Actualización: he fregado los platos de todas las de la casa. No tenía porqué, pero creo que se lo debía a ese ente llamado “convivencia”. La reciprocidad es maravillosa, aunque cansada…

Hoy

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