¡Ya estoy aquí!

Estándar

Yuhu!!! ¡Después de tanto tiempo ya estoy en Roskilde!

Dicen que lo que mal empieza bien acaba. No soy muy de refranes, pero espero que en el caso de este viaje sea así. Por lo menos menos ajetreado, histérico, espídico; y es que he tenido la típica experiencia horribilis en el aeropuerto. Yo sabía que el peso máximo de una maleta para que la aceptasen en la facturación era de 32 kilos, pero algo en mi cabeza me hizo obviarlo, así que cuando voy a facturar la maleta, después incluso de haberla envuelto en plástico protector (ese por el que te cobran 5 euros), la chica de la cinta me dice que es imposible facturar una maleta de 42’5 kilos y que tengo que repartir el peso en otra maleta o vaciarla hasta que pese un máximo de 32 kilos. Ahí comienza la locura. Aeropuerto para arriba, aeropuerto para abajo buscando una tienda donde vendieran maletas. En información nos confirman que no hay tienda alguna fuera de la terminal que venda maletas y que la única opción es que pidamos unas cajas vacías. Así hacemos. Volvemos a la T2, quitamos el plástico de la maleta y me pongo a vaciarla. Después de haber sacado todos los jerseys y chaquetas gruesas vuelvo a ir a pesar la maleta a una cinta vacía y aún le faltan un par de kilos. Quiero morir. ¿Qué más saco? Pues al final he sacado tantas cosas que estoy en Roskilde con un solo par de zapatillas. Ni zapatos ni nada. ¡Qué desastre!

Pero bueno, no me quejo, porque después de esto todo ha ido muy bien. El vuelo ha sido tranquilo, o eso creo, porque he dormido las casi tres horas que ha durado. Es lo malo de no dormir por la noche. Luego, en el Aeropuerto de Copenhague me ha recogido Morten, un amigo de Hanna, mi mentora. Ella no ha podido venir porque no estaba en la ciudad hoy, pero se ha tomado la molestia de pedirle a un amigo que me recogiese y me llevase al hotel. Morten también es periodista. Trabaja en una revista de coches, lo cual explica que me haya recogido en un precioso BMW 125i descapotable plateado que está probando.

En menos de 20 minutos ya estaba en Roskilde, caminando por la calle buscando el Hotel Prindsen. He entrado, me he registrado y me han asignado la habitación 128, primera planta. Subo por el ascensor que me ha aconsejado la recepcionista y comienzo a buscar la habitación. Cuando llego, he dado la vuelta más larga de mi vida y he llegado casi al fin del mundo. La habitación está genial. Dejo mis bártulos, me lavo la cara y nos vamos. Morten tiene ha quedado, así que lo acompaño al coche y le agradezco las molestias.

Ya estoy en Roskilde, paseando por sus calles, agotada, con hambre y ganas de dormir. Doy una vuelta, localizo el lugar donde voy a cenar (y he cenado) y me vuelvo al hotel. Estoy muerta, así que me he acostado. A descansar. Mañana a lo mejor os hablo de mis primeras impresiones sobre Roskilde.

Anuncios

2 comentarios en “¡Ya estoy aquí!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s