La larga despedida

Estándar

Desde hace tiempo tengo una buena amiga en Oviedo, así que con frecuencia he visitado esta ciudad. Hoy vuelvo a subir al norte, imagino que por última vez en mucho tiempo, como primera parada de mi tour de despedida.

La siguiente parada será Tarifa, ese pequeño de pueblo de Cádiz con el que guardo un vínculo especial.

Ayer, mientras volvía a casa después de haber cenado con mis compañeras de equipo y haber traspasado mi brazalete de capitana (figuradamente, por supuesto) a una compañera; siento que paulatinamente me voy desligando de todo lo que quiero y me gusta en Madrid, y España por extensión, para afrontar esta nueva etapa que se me presenta con una menor carga emocional.

Por otro lado, el final de la cena de ayer fue desconcertante. Cuando acabábamos de pagar la cuenta, otro grupo de amigos salía del mismo restaurante. Su mesa estaba situada casi al fondo de la sala, así que no nos habíamos visto en toda la noche. Entre este grupo de amigos estaba María, una chica a la que no veía desde hacía dos años -puede que más. María y yo nos llevábamos muy bien, aunque solo coincidimos en un par de ocasiones. Mientras nos poníamos al día, Sonia le preguntó por su hermano, Víctor. Dijo que ahora vivía en Madrid y que no se hablaban. La sorpresa fue general.

– ¿Cómo? ¿Qué ha pasado?

– Nada, simplemente que para no discutir mejor no hablarse, ¿no?

Mi cara debió decirlo todo.

Recuerdo a Víctor. Era muy divertido y sarcástico y nunca pareció llevarse mal con su hermana. No más de lo que puedo parecerlo yo con la mía. Algo cercano a la normalidad, si eso significa algo. Lo cierto es que lo que me turbó de verdad fue volver a saber de ellos, después de tanto tiempo y de sopetón, sin previo aviso; sin un comentario que me hiciera esperar algo. En un momento determinado fueron importantes para mí, así que su reaparición tan fría, seca y además triste por su situación actual me dejó tocada para el resto de la noche.

A pesar de ello, y por eso adoro a mis chicas, no volví a pensar en el asunto hasta que estuve sola en el coche. Qué mal sabor de boca para un día tan genial.

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