Sueños son

Estándar

Yo no suelo recordar mis sueños. Es algo a lo que ya estoy más que acostumbrada, aunque me da un poco de pena y es que cuando recuerdo un sueño suele ser tan curioso, caótico, sin sentido y divertido; que me encantaría recordar lo que sueño siempre.

Ofelia, John Everett Millais (1852)

Pues bien, ayer y hoy he recordado lo que he soñado. Bueno, uno de los múltiples sueños que teóricamente tenemos a lo largo de la noche. Probablemente hayan sido en ambas ocasiones los dos últimos sueños de la noche. Procedo a relatarlos. Si alguien interpreta sueños o algo así, por favor, no me digáis que estoy loca, eso ya lo sé.

Primero, el sueño que recuerdo haber tenido la noche del miércoles al jueves.

En el sueño yo estaba en mi clase haciendo un examen. Era el examen de Periodismo Especializado y, cuando me daban la hoja con las preguntas, me daba cuenta de que ni siquiera tenía los apuntes de la asignatura y de que no conocía la materia. A mi lado estaba Jim Halpert, quien debía ser un compañero de clase y bastante empollón, porque respondió a las preguntas rápidamente y en el espacio dado. Cuando terminó, como yo no tenía ni idea, le pedí que me dejase su examen y que luego lo entregaría yo con el mío. Por alguna extraña razón no había profesor en clase ahora; aunque sí recuerdo que antes lo había visto, porque era Carlos, mi médico. Me costó convencer a Jim, pero al final accedió y yo, en agradecimiento, le di un abrazo. Jim se fue y yo me quedé en clase. Cuando iba a empezar a copiar el examen, apareció el profesor y se puso justo delante de mí. Empezó a preguntarme por mis amigos de Barcelona, esos que habían estado en África y que habían vuelto con un virus. Le dije que ya estaban curados y que se lo habían pasado muy bien. Toda la conversación me había estado esforzando por esconder la segunda hoja que tenía bajo mi examen, ya que el espacio estaba limitado a una hoja; por lo que una segunda era más que sospechosa. Cuando al final se fue, seguí copiando; pero me di cuenta de que algo fallaba -no recuerdo el qué-, así que me levanté y fui a la mesa del profesor a por otra hoja. Como no había, salí del áula y seguí al profesor, que de nuevo se había largado. Cuando salí del áula no di a parar en el pasillo, sino en la calle, concretamente en la entrada de una casa con una verja alta. La puerta estaba abierta, así que entré. En el camino hacia el porche me encontré mi disquetera, una nueva que me regalaron en el trabajo, llena de cedés. Estaba tirada en el suelo. La recogí y seguí caminando. Cuando llegué a la mesa del jardín, ahí estaba el maletín del profesor. Lo abrí, saqué unas hojas, pero ninguna era la oficial de la Universidad; así que me volví a clase. En clase, encontré los folios según entré. Tomé uno, me senté y comencé a copiar el examen. Al cabo de un rato, ya lo había terminado; así que lo entregué, junto con el de Jim. Fin de la historia.

Para que lo entendáis mejor, ese día había tenido un examen, pero era de Tecnología de la Información, nada que ver. La casa a la que entré no me suena de nada y Jim Halpert es uno de los protagonistas de la serie “The Office”. El áula en la que estaba era en la que estudio actualmente y no tengo ningunos amigos de Barcelona que hayan estado en África ni que hayan pillado ningún virus.

Ahora, el sueño de ayer, noche del jueves al viernes. De este recuerdo un poco menos, pero lo que recuerdo me ha roto. En el sueño, por alguna extraña razón estaba comiendo dulces y mi teléfono era como una chocolatina, blando y delicioso. Comencé a comérmelo, dando pequeños mordiscos. Empecé por la esquina inferior izquierda y seguí subiendo. De repente, me di cuenta de que estaba comiéndome partes esenciales para que el teléfono desempeñase su función, así que me escupí en la mano lo que tenía en la boca y seleccioné entre los trozos los que me parecieron importantes: un trozo de altavos, un poco de pantalla y algo más. Los trozos parecían rotos cuando en realidad habían sido mordidos, por el tipo de sección que los limitaba. Cuando terminé de escoger, me metí el resto en la boca y seguí masticando. Fin del sueño.

¿Qué me pasa, doctor? ¿Tengo cura o me van a dar por perdida? 🙂 Es broma, nunca le presto mucha atención a los sueños, ni intento descifrar sus mensajes. Solo me gusta recordarlos por lo absurdo de sus historias y porque me encantan como pequeños momentos de locura transitoria.

¡Lo que daría por recordar todos mis sueños!

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2 comentarios en “Sueños son

  1. Charlie "the dealer"

    – Mary… ¿me preocupo?… Nooooo
    (ahora pongo voz de psicoanalista argentino)
    … eheehhhehh… esteeeee…A mi me ha sonado como una energia sexual no ‘canalisada’ por vos.Ehhhh…pero, también podría ser un ‘cruse’ de caminos ‘existensial’.O, definitivamente, dejá de consumir productos ‘euforisantes’…
    (ahora cambio a mi voz normal)
    – Yo no sueño… ¿será que ronco?…

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