Un, deux, trois… París!

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¡Menudo viajecito que nos hemos pegado! Ha sido intenso, divertido, fiestero, turísitico. En una palabra: agotador.

Llegué ayer por la noche y hasta ahora, más de las ocho de la tarde, no he tenido un momento para contaros cómo ha ido la cosa.

Bueno, decir antes de nada que tengo unos amigos con los que es un placer viajar. Chavi y Fran, gracias. Segundo, agradecer a Marta que nos haya hospedado, guiado y aconsejado. ¡Muchísimas gracias!

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Ahora al lío.

Llegamos el lunes por la tarde al aeropuerto París-Beauvais, aeropuerto diminuto donde los haya y desde el que hay que coger un bus que tarda una hora y media a París. En el bus conocimos a una chica brasileña que hablaba español muy bien y nos estuvo contando cosas sobre la ciudad. El viaje se hizo muy ameno. En un ratito estábamos ya en el centro. Caminando fuimos hasta el metro. Pasamos por el Arco del Triunfo y vimos la Tore Eiffel de noche, iluminada e iluminando la ciudad. Cogimos el RER y nos dirigimos hacia la Facultad de Montes, en Noisy Champs. Allí también está la residencia de Marta, donde nos hemos alojado.

En la Facultad tenían preparada una Soirée española. Allí hacen fiestas todos los lunes y miércoles y justo coincidió que este lunes era la española. Menuda potra. Sangría a litros, patatas, música familiar y gente majísima. ¿Qué más se puede pedir? En las instalaciones de la Facultad hay de todo y en concreto en la sala donde se celebró la fiesta hay futbolín y billares; así que cuando nos cansábamos de bailar la Macarena o el Chiki Chiki podíamos irnos a jugar unas partidas. Me lo pasé genial. La fiesta terminaba supuestamente a la una, pero a la una y media seguíamos todos ahí; así que los guardas de seguridad subieron a cerrar el chiringuito y a sacar a la gente. Los franceses, unos cachondos mentales, salieron de la Escuela haciendo que jugaban al escondite inglés, que en francés es algo así como Un, deux, trois… FREEZE! A la salida, nos preguntaron cómo se decía en español. Les tradujimos literalmente la frase y comenzaron a decir: “un, dos, tres… CONGELADO!” Creo que no me he reído más en mucho tiempo.

El martes nos levantamos a las 11, nos duchamos y fuimos a desayunar. Bueno, a comer. Lo que fuese. La cuestión es que era nuestra primera comida del día, pero la comida de los franceses; así que hemos desayunado todos los días una gigante porción de pizza, un plato de patatas fritas, algo de ensalada y fruta. Había que cargar las pilas, así que… Buah, no cuela. ¡Estamos de la olla! Ya en el centro, hicimos un buen recorrido: Les Halles, el Pompidou, Notre Dame, el barrio latino, el Louvre, Tullerías, Plaza de la Concordia, Madeleine, la Ópera, el Panteón, la zona de la Sorbona. Menuda caminata. Esa noche fuimos a la residencia de Álex, donde había fiesta. Alcohol gratis. Solo puedo decir eso. Estos franceses se lo montan muy bien.

El miércoles mismo plan: levantarse, desayunar e ir a la ciudad. Esta vez fuimos a visitar el cementerio Pere Lecheise, con tumbas célebres como las de Modigliani, Óscar Wilde, Jim Morrison, Proust y muchos más. El cementerio es muy bonito y en general las tumbas están muy cuidadas; pero la de Wilde es un desastre: está llena de pintadas inútiles que han conseguido que el lugar pierda su halo de honorabilidad y respeto. Hay frases como “Viva México” o una gran parrafada con dos tachones enormes. ¿Quién puede ponerse a escribir sobre la tumba de alguien y no tener ni idea de lo que va a decir? Por otro lado, antes los admiradores de Wilde le daban un beso a la tumba. Hoy, sobre la escultura de Epstein hay un montón de labios dibujados. Ridículo. Cuando salimos del cementerio fuimos a los Jardines de Luxemburgo y después a Montmartre, donde visitamos la basílica del Sacre Coeur y el Moulin Rouge, por citar algunos puntos famosos de la zona.

El jueves llegó antes de lo previsto. También la hora de levantarnos, porque las señoras de la limpieza nos despertaron sobre las nueve y media. Fuimos a desayunar. Luego a comer y luego a ver la Torre Eiffel y los Campos de Marte, como despedida.

En resumen: desayunos pantagruélicos, mucho patear la ciudad -preciosa, por cierto-, mucha fiesta y muy buena gente. Hay que visitar París. Yo ya quiero volver. Bueno, en realidad quiero volver a irme, el lugar es lo de menos.

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