Mezclar las churras con las merinas

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El sábado pasado, en el artículo “En Israel los terremotos los provocan los gays“, dije literalmente la siguiente frase:

Por favor, cómo se pueden mezclar las churras con las meninas con tanta facilidad y absurdez.

Pues bien, una amiga que además suele participar en el blog con sus comentarios me dijo que la expresión correcta es “mezclar las churras con las merinas”. La verdad es que hasta ese momento había soltado la expresión sin reflexionar ni un segundo sobre ella y me parecía hasta lógico creer que una churra -que tampoco sabía lo que era-, no tenía nada que ver con una menina, simplemente porque la palabra menina delimita mucho su referente (dama de familia noble que desde joven sirve a la reina o a las infantas niñas).

La expresión “mezclar las churras con las merinas” se refiere en realidad a dos tipos de ovejas. Resulta que unas dan buena carne y otras buena lana. Así, si se mezclasen, se estropearía el sabor de la una y el jersey de la otra; o eso nos dice Raquel P. Ejerique en una columna en 20Minutos. En el blog Txapulines al limón incluso ilustran la diferencia con imágenes.

Espero no volver a confundirme, aunque con mi mala cabeza no me extrañaría. Puede que por escrito no me vuelva a ocurrir, pero estoy segura de que oralmente aún me quedan muchos fallos por cometer.

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