Hay que bailar

Estándar

Subió al vagón de metro y no tardó más de cinco segundos en concentrar todas las miradas sobre ella. Movía sus pies al ritmo de una canción que solo ella escuchaba, aun sin valerse de tecnología alguna. Debía ser una bachata o un merengue o eso parecían decir sus movimientos.

Llevaba ropa oscura y botas marrones. Su camiseta estaba subida a la altura de la cintura, dejando ver una tripa en la que, cual árbol, se podía leer su edad; y una espalda plagada de costras y pequeñas heridas abiertas.

Le gustaba mirar y ser mirada. Un hombre valiente no le retiró la mirada ni siquiera cuando ella pasó rozándole las rodillas. Esa osadía fue para ella un reto y por eso le tocó también la barbilla. El hombre, sentado entre dos mujeres que lo observaban con curiosidad, miraba ahora fijamente a la mujer quien terminó por iniciar algo parecido a una conversación.

“¿Te gusta bailar? ¡Hay que bailar! Pero no vale cualquier cosa. Hay que saber bailar”. Se agarró a la barra alzada en medio del vagón y se contorneó a su alrededor, emitiendo leves soniditos y subiendo y bajando las caderas.

Todos la mirábamos, pero no queríamos ser mirados.

Parada de Serrano. Dos hombres de seguridad suben aleatoriamente a nuestro vagón. Sus armas están a la vista de todo el que quiera mirarlas y la mujer las ve. Mira detalladamente a los hombres vestidos de Prosegur. Se gira como si un sentimiento abrupto de rechazo hubiese invadido su cuerpo y dijo en voz baja, pero comprensible: “Odio las armas, incluso las de madera” y siguió bailando.

Llegamos a la siguiente parada y me preparé para dejar el vagón, no sin pensar que quería quedarme y ver como seguían las cosas. Me bajé con cierta resignación y comencé a caminar por el andén hacia la salida. Cuando me había alejado escasos diez metros una discusión me hizo girarm. Los guardias de seguridad bajaban a la mujer del vagón y en el andén hablaban con ella. Su postura era agresiva, con los brazos en jarra y la cabeza adelantada, saliendo de un cuello que ahora parecía infinito. La señora se sentó y siguió escuchando las reprimendas de dos hombres a los que algo que había ocurrido ahí dentro no les debió hacer ninguna gracia.

Giré y dejé de escuchar sus voces. Aún ahora sigo viendo a la mujer danzando por el vagón y diciendo convencida: “Hay que bailar”.

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3 comentarios en “Hay que bailar

  1. Mamots

    Gracias por la visita, si pulsas en el titulo Dance of ligth te sale el enlace a la pagina de la autora.
    y ese es el titulo del cuadro creo recordar, pero espera ahora te lo paso

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