Solari y su capacidad literaria

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Solari, gran futbolista; mejor cronista.

Hace un tiempo y por pura casualidad, me encontré en El País del lunes un artículo escrito por el futbolista y aluciné. Ayer, en el mismo periódico, volví a encontrar un artículo suyo. Si la primera vez pensé que era demasiado bueno para ser cierto, ayer lo que leí confirmó esa primera impresión. Mi hermano, que es más escéptico, cree que se lo escriben. Espero que no sea así.

En esta ocasión, Solari escribe una breve pieza llamada “El fenómeno” en la que habla de Ronaldo. Solari escribe así de Ronaldo:

La excepción de la industria. El talento rotundo. La fisión nuclear del átomo. El purasangre en la gatera. La victoria del instinto. El disparo quirúrgico. La técnica acabada. La pureza arquetípica del engaño y la finta. La imaginación desconcertante. Todo enfocado en una sola y obsesionada dirección: el gol. Cada jugada una sensación vespuciana de descubrimiento. Cada gol una sentencia inapelable. Izado en lo más alto de su generación, flamea solitario. Hay entre él y los demás un eslabón perdido, una fase misteriosa de la evolución que nos elude, un salto genético.

La alusión a Américo Vespucio y sus descubrimientos me ha dejado fría.

La cosa no queda ahí. Hasta llegar ahí, ha descrito el proceso de creación y formación del futbolista con una facilidad de palabra y unas metáforas que son dignas de alabanza:

La receta es sencilla. Partimos de una amalgama más o menos definida: este fémur, este sóleo, este sistema nervioso; el límite heredado. Agregamos una ilusión desmedida. La sometemos al rigor físico y las inclemencias del tiempo. La erosión deja algún que otro sobreviviente. Se separa la paja del grano. Lo que queda se clasifica y se singulariza: los creativos adelante, los ordenados al medio, los aguerridos atrás. Se somete a los pocos voluntarios en pie a un adiestramiento tenaz, un filtro de años. Perfeccionar argumentos, acentuar cualidades, pulir defectos. Esculpido por la repetición, éxito de la monomanía, tenemos ahora un futbolista formado. Una vez salidos de la fábrica se largan a la cancha. Pasan por allí con diversa suerte, algunos silbidos, algunos aplausos, algún que otro gol para mostrarle a los hijos. Sus nombres se apagan con sus piernas.

Así que ya sé que los lunes tengo que acudir a leer a Solari igual que acudía a ver sus partidos. Fue un gran 21. Me alegro de que le vaya bien en Italia, aunque juegue menos que en el Real Madrid; y de que siga en contacto con España, aunque sea solo como fuente autorizada del Calcio.

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