Adiós, Michael

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Hace unas pocas horas que me he enterado de que mi amigo Michael Stielike ha muerto.

Primero, mis más sinceras condolencias a su familia.

Hacía casi 8 años que no nos vemíamos. Suena a una eternidad, pero para mí ha estado siempre muy presente. Sobre todo desde hace menos de un mes, cuando me enteré de que estaba ingresado en un hospital de Hannover y que estaba en coma. Poco después me enteré de que había salido del coma. Tenía fibrosis pulmonar y necesitaba un trasplante. Muchos se ofrecieron a donárselo, pero no es una operación que se pueda practicar a alguien con vida. Falleció el jueves a los 23 años. Ahora solo pienso que cuando el mismo jueves me encontré a María, su novia de esa época, y le conté lo que entonces sabía, Michael podría haber muerto ya. Malditas casualidades. No veo a María en casi 8 años y en un mes me la encuentro dos veces. Una para retomar el contacto. Otra para darle la noticia. Espero que la próxima vez que la vea se haya enterado ya. No creo que sepa cómo decírselo.

Ahora no puedo hacer más que pensar en ese tiempo y en lo magnífica persona y amigo que era.

Recuerdo la primera vez que lo vi, patinando en Majadahonda. Él llevaba una sudadera naranja muy llamativa y una boina de pana beige. ¡Cómo le gustaba esa boina! Estaba en una de las esquinas de la pista haciendo filigranas a modo de pasos de baile con los patines. Era amigo de unos amigos, nos presentaron y, como era imposible no llevarse bien con él, desde ese día hasta un año más tarde pasamos mucho tiempo juntos.

Con la misma nitidez recuerdo la última vez que lo vi. Era verano y al día siguiente se iba a vivir de vuelta a Alemania. Habíamos estado toda la tarde dando vueltas, a la pista de hielo y por el Centro Oeste. Cuando volvimos a la pista nos sentamos en el bloque de hormigón que tiene delante y empezamos a hablar sobre el futuro. Acordamos que cuando regresase compraríamos una casa con una piscina grande. No entiendo por qué, porque yo no soy de piscinas, pero en ese momento tenía mucho sentido. Hubiese sido genial vivir con él.

Otra cosa que me hará recordarlo siempre es cómo me llamaba: Mariah. Pronunciado como se pronuncia el nombre de Mariah Carey (fonéticamente: “Maraya”). Pues bien, mi madre lo escuchó alguna vez llamándome así y le gustó. Una vez lo utilizó y le dije que no se le ocurriese volver a hacerlo porque odiaba escucharlo de otra persona que no fuese Michael. Más de una vez se le escapa y, según le pongo mi mirada reprochadora, sabe que ese nombre es sagrado. Que nadie me vuelva a llamar así nunca más.

Bueno, no sé qué más decir. No me salen las palabras. Ya te echo de menos y más ahora que tengo la certeza de que no te volveré a ver. Nunca te olvidaré.

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Un comentario en “Adiós, Michael

  1. ¿Y qué te puedo decir yo? Siempre duele cuando alguien querido se va. A veces pienso en mis abuelos y me digo, ¿cuándo será la última vez que les vea? ¿Cuáles serán las últimas palabras que les diga?

    Lo siento.

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