Cena de reencuentro

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Ayer tuve la cena en la que me reuní con los antiguos compañeros del Cristo Rey de Las Rozas, el colegio al que fui desde los 4 a los 12 años.

LLevaba un tiempo con muchas ganas de que llegara el día de los Santos Inocentes, qué casualidad, y que por fin nos volviésemos a ver las caras, tras más de 10 años.

Desde el principio, según fuimos llegando al restaurante donde habíamos reservado, lo que más me llamó la atención es que en general habíamos cambiado muy poco, salvo casos excepcionales como el de Leandro, al que dejamos a una estatura normal, regordete y con gafas y ahora es un tío de dos metros que se prepara para ser inspector de policía nacional. Fuimos varios los que no lo reconocimos, como Elvira, que según llegó pensó que no era de nuestro grupo y le dió la espalda mientras conversaba hasta que Leandro le llamó la atención con un sutil toque en la espalda.

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Mientras esperábamos a que llegasen todos, fueron saliendo a la luz las bajas esperadas del día: Álvaro, David Laguna, David Rivas y Paloma ya habían avisado; Luis Baguer y Pitu tenían otra cena; y Javier Lacasa había tenido que retrasar su vuelta desde Zaragoza y no había llegado aún a Madrid. Hubo otros como Diego, Alberto Herránz y Adriana con los que, aunque conseguimos localizarlos, no supimos nada durante mucho tiempo y eran duda más que probable. Al final fuimos 19.

La de ayer fue la cena más curiosa de mi vida, porque nadie cenaba: allá donde mirases la gente hablaba y reía recordando momentos del pasado mientras que su comida se helaba en el plato. Y digo rara porque a mí no se me queda nunca fría la comida, como muy rápido, y ayer noté la diferencia de forma tan llamativa que me hizo pensar.

Como entramos a cenar a las 21:00, a las 23:00 ya habíamos estábamos cenados, conversados y pagados; así que recogimos el campamento y nos trasladamos al Silver Moon, clásico bar de Majadahonda donde estuvimos hasta las 3:00. Allí hablamos con todos aquellos que durante la cena habían estado lejos y nos pusimos al día de nuestras vidas: estudios, trabajo, familia, relaciones, todo lo que se nos ocurriese. El tiempo parecía no pasar, ya que a la una todos nos sorprendimos de lo temprano que era para la cantidad de tiempo que llevábamos hablando.

Mientras girábamos como peonzas de conversación en conversación, un comentario común fue: “estoy flipando”. Elvira lo dijo más de cinco veces, cada vez que miraba a algún grupito de gente o que tomaba una foto: “Es increíble que le esté haciendo una foto a Jorge García”. Pero lo increíble de verdad es que estuviésemos todos, los 19, como si ayer hubiese sido el último día de clase en común. La verdad es que todos nos conocemos muy bien aunque hayan pasado tantos años, porque en realidad hemos cambiado mucho y muy poco.

En una de esas vueltas de peonza di a parar en una conversación con la que me sentí identificada: los que nacimos el año 84 somos unos desubicados. No nos identificamos con los mayores, aunque con ellos compartiesemos plan de estudios y algunos usos y costumbres; pero tampoco nos identificamos con los del 85, niños de la E. S. O., niños más modernos, algo ajenos a la construcción de presas en los canales del patio y a saltar por las ramas de los pelados árboles del recreo. Somos un año de transición y, además, somos muy pocos. Algo que quedó patente es que la mayoría de nuestros amigos en la actualidad son o mayores o pequeños, pero del 84 somos muy pocos. ¿Dónde están los niños del 84?

Cuando cerraron el Silver nos trasladamos de nuevo, salvo algunos desertores, al Bambú, un bar muy chulo que han abierto en el Burco Centro. Había dicho que Javier Lacasa no había llegado para la cena, pero sí al Bambú. Allí estaba cuando llegamos y como solo un par sabían por qué no había podido venir, se llevó bronca de parte de muchos hasta que nos explicó lo ocurrido. Aunque no pudo venir a la cena, fue genial que luego se uniese a los restos.

Así que hasta las 5 estuvimos en el Bambú, todo el rato actualizándonos sobre nuestras vidas. Poco antes de irnos, Blanca, que también ha estudiado Periodismo, me pidió unos titulares para resumir la noche. Le di unos cuantos, le canté otro. Blanca compartía impresiones. Por cierto, que Blanca se va a casar. La primera de la clase.

Si mis expectativas para la cena eran altas, el listón que ésta ha marcado para futuras reuniones está elevadísimo. Por eso sé que cuando dentro de un tiempo, un año, dos u otros diez, volvamos a vernos todos tendremos una referencia genial con la que compararnos y nos esforzaremos por mantener vivo ese espíritu.

Por cierto, os pondré una fotillo de todo el grupo, pero me las tienen que pasar; así que dentro de un par de días completaré esta entrada con los documentos gráficos de la noche.

¡Cristo Rey, por siempre en nuestros corazones!

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Un comentario en “Cena de reencuentro

  1. Carlos Fdez.

    Hola María!!! me ha encantado leer estas líneas, eres buena periodista, que lo sepas, je je, a partir de ahora entraré en este sitio para leerte mas a menudo, y dejarte comentarios, aunque también espero poder verte y hablar cara a cara, la verdad es que la noche de ayer fue genial, que recuerdos, y que fuerte lo de Blanca, que se nos casa!!!, a ver si nos invita a la boda, bueno, ya hablamos, un beso muy fuerte.

    Carlos.

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