Shine de Scott Hicks

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Shine es una película del género denominado biopic, es decir, que es una película biográfica de un personaje de cierta relevancia o interés. En el caso de Shine, ese personaje es David Helfgott, un pianista australiano de familia polaca, huídos del exterminio nazi que vivió el país antes y durante la II Guerra Mundial.

Creo que alguna vez lo he comentado: odio los biopics. Pero este es una grata excepción. Yo creo que es porque no está hecho en Hollywood y así la peli gana en calidad, aunque pierda en espectacularidad y efectos especiales. En realidad, no le hace falta más espectacularidad que la que proporcionan de por sí las impresionantes actuaciones del pianista y la enorme interpretación de Geoffrey Rush, quien por cierto ganó el Oscar a Mejor Actor por esta película en 1997.

La película cuenta toda la vida de David Helfgott, desde que es un pequeño de unos 10 años, perfectamente normal y dedicado a la música y a los concursos de talento; hasta que es un adulto, con problemas de neurosis y ansiedad aguda. En ese largo lapso de tiempo llegamos a conocer al genial y talentoso músico que es Helfgott, sus vicisitudes, la difícil situación familiar que vive, motivada por un padre sobreprotector y frustrado que paga su insatisfacción con sus hijos, especialmente con aquel al que más envidia: David.

Entre las escenas musicales de la película destaca esa en la que toca, por fin, el Tercer Concierto de Rachmaninov; o ésta que os presento a continuación, en la que interpreta “El vuelo del moscardón” de Korsakov. Éste es especialmente bueno no solo por la interpretación musical, sino porque significa la recuperación del genio, su salida de los infiernos.

Hay un momento de la película, cuando el padre de David le está metiendo una paliza porque el chico ha decidio viajar a Londres para ingresar en el Royal College of Music de Londres, en el que pensé que me gustaría que existiera un Dios, un Dios como ser superior con la capacidad de ser justo y dispensar justicia. Y pensé eso porque quería que, por justicia, quitasen del medio al padre de David. Me gustaría que lo cogieran por la camisa con dos deditos y que, tal cual está, lo depositasen en el infierno o un lugar con olor a sulfuro y más de 70 grados centígrados, que es donde debería estar ese demonio.

Hay otros comentarios sobre la película en páginas como Filomúsica, escrito por Ángel Riego Cue y bajo el título de “Shine, el brillo del genio que pudo ser”; o esta más técnica, en Venezuela Analítica.

Por cierto, que nadie deje de visitar la página oficial de David Helfgott, de admirar los parecidos entre músico y actor y de ser un tanto crítico con la calidad de la página.

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2 comentarios en “Shine de Scott Hicks

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