Once de John Carney

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Once es una de las películas más interesantes que he visto últimamente.

Además de que la música es un protagonista más de la historia, que mueve a los otros dos personajes y que causa en ellos efectos determinantes, crea un ambiente tranquilo y muy agradable. No es un musical, pero la música está siempre ahí.

Una de las cosas con las que más he disfrutado, aunque parezca una chorrada, ha sido introducirme en el ambiente de Dublín, de la calle Grafton, donde siempre hay músicos y donde encontramos al chico (Glen Hansard) con su guitarra agujereada, su voz rasgada y sus letras de desamor. En esa misma calle siempre hay también un gran puesto de flores frescas. Ahí trabaja la chica (Markéta Irglová), una joven checa que vive con su hija y su madre, para sacarse un dinero extra a parte del que gana limpiando casas de ricos.

Es también en la calle Grafton donde se conocen, donde ella suele escuchar su música y donde se acerca por primera vez a darle algo de dinero. Ella es sincera y preguntona; el esquivo y algo tímido. Él, además de cantar, repara aspiradoras. La aspiradora de ella está rota. Como él va a arreglar su aspiradora se tendrán que volver a ver.

Desde ese momento nace una amistad asentada sobre una fuerte atracción y cariño hacia el otro y el amor por la música que durará toda la película. Ambos son músicos y se comunican a través de las canciones que él compone, de las notas que ella arranca al piano, de sus historias personales que iremos conociendo de forma secuencial a lo largo de la cinta.

Lo mejor de la película es sin duda lo bien perfilados que están los personajes, sus caracteres, cómo se comportan, la escasez de palabras, la cautela provocada por el desengaño, las ganas de amar a pesar del miedo. Técnicamente es una película muy sencilla, ya que la imagen no consigue en ningún caso nublar el maravilloso sonido.

Además, es una película de detalles, como la primera escena, situación genial, y cómo acaba esa peripecia. O todo lo que rodea a la grabación de la maqueta, con el grupo de grillados que se busca y lo engañosas que son las primeras impresiones. Ah, y cuando están en casa de la chica y viene todos los vecinos del bloque a ver la serie Fair City, con la que aprenden inglés.

Por cierto, no creáis que no sé como se llaman los personajes. Es simplemente que no tienen nombres. Algo destacable es que ninguno de los actores es profesional. Glen ya había actuado en una ocasión, pero Marketa era completamente inexperta. Y eso no es malo en absoluto, al contrario. Son muy naturales, expontáneos y cautivadores: ambos enganchan a la cámara y al espectador en consecuencia.

Bueno, que no se me olvide comentar que el chico es en realidad cantante (ya se nota). Es el vocalista del grupo The Frames, una banda de largo recorrido de Dublín, pero con una música intimista. A mí me ha recordado el estilo de Hansard al de Damien Rice, no solo porque ambos son dubliniers, sino porque cantan con la misma intensidad y sentimiento y tratan temas semejantes.

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