Los persas de Esquilo por Calixto Bieito

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Los persas, Requiem por un soldado es la magnífica adaptación de Calixto Bieito y Pau Miró de una obra de Esquilo a la historia actual. La obra original, de nombre simplemente Los persas, también está basada en un hecho histórico: la derrota del poderoso Jerjes y su inmenso ejército persa frente al humilde ejército de ciudadanos griegos en la batalla de Salamina y que se desarrolló en parte en las Termópilas, en el año 480 a. C. ¿A alguien le recuerda al argumento de alguna película taquillera del último año? ¿Qué tal si digo 300?

Pues bien, la palabra adaptación más bien debería ser sustituída por “inspiración”, ya que traer la historia al presente, en un campamento del ejército español en Afganistan, el cual está ahí destinado en misión de paz; que Jerjes sea una mujer y que los perdedores sean todos los que participan en la guerra, que por cierto es eterna, creo que dista bastante de lo que Esquilo plasmó en la obra estrenada en el 472 a. C.

La obra es difícil de definir. Es en parte un musical rock, en parte una tragedia griega; en parte un drama humano, en parte una metonimia de todas las guerras.

La acción se sitúa en una ciudad de Afganistán en la que está situado un campamento militar español. Dentro del campamento nosotros conoceremos a la soldado Jerjes, mostoleña que se alistó para superar el dolor que le dejó la muerte de su madre y por la formación que esperaba recibir; a un soldado católico que pone el punto reflexivo y moral sobre la guerra, aunque su lado católico le sirve para comprender las mentiras y la hipocresía de los argumentos morales que utilizan algunos políticos para justificarla; a un soldado viciado a las consolas y los juegos de batallas que quería saber si la guerra de verdad era como el Call Of Duty, igual de intenso, sangriento y divertido, pero que está decepcionado porque aún no ha matado a nadie; tenemos otro soldado que se alistó por la pasta, para poder comprarse la tele de plasma; a otro que ha ido a Afganistán por el opio y a otro soldado que va por amor a la patria. Fuera del campamento solo vemos al padre de Jerjes, mayor, solitario, enloquecido entre los fantasmas de la guerra, las pesadillas y las penas que le deja el Atlético de Madrid.

Jerjes es la protagonista de esta historia. En ella se unen la irracionalidad, la inconsciencia, la falta de conocimiento de lo que de verdad están haciendo allí las tropas españolas, el servilismo y sobre todo la alienación. Una pesadilla que tiene su padre es a la vez fatal profecía de lo que le ocurrirá a su hija y metáfora patética de su labor en el frente. Jerjes y una onírica hermana gemela pero musulmana son violadas por un hombre trajeado. Mientras la hermana de Jerjes se resiste al abuso, Jerjes está predispuesta a dar y recibir placer, aunque ello ponga en riesgo su vida.

La misión de paz de este escuadrón consiste en acudir a un colegio y proteger a los niños que ahí encuentren una vez que el ejército americano haya atacado y asegurado la zona. La visión por primera vez de cadáveres de inocentes, el olor a putrefacción, el sentimiento de culpa y el odio que produce la injusticia serán los primeros signos de humanidad de los personajes. Percatarse de que han sido engañados y de que son peones de los deseos americanos duele.

Una de las mejores bazas de la obra es la alternancia de la dramática explicación de la guerra en primera persona, el relato del padecimiento propio contado en tercera persona, la sombra de la bolsa negra en la que regresan los cadáveres sobrevolando el ambiente; con el rock de los 70 más profundo y doloroso, con temas de Pink Floyd a Janis Joplin; todo ello enmarcado en una escenografía tétrica, fría que parece evocar el abondono a su suerte de estos soldados.

Con toda su crudeza, su sencillez, siendo directa y clara; la obra logra quitar de la cabeza del más convencido la idea de alistarse, aunque un luminoso nos sugiera constantemente esta opción. La guerra es eterna, pero inútil, triste, dolorosa e injusta. Y si algo aprendemos de la representación es que a veces hace falta ponerse en la piel de los derrotados para conocer que cualquier batalla es siempre una batalla perdida para la humanidad, aunque los vencedores vendan sus logros a las mil maravillas.

Podéis leer algo más sobre la obra en:

El PaísCalixto Bieito reinterpreta a Esquilo en Mérida

El MundoCalixto Bieito trasladará “Los persas” de Esquilo al Afganistán actual

ABCCalixto Bieito trae “Los persas” de Esquilo con una mujer al mando

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