Todos dicen I love You de Woody Allen

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Woody Allen tenía que probar con todos los géneros cinematográficos habidos y por haber y por eso no podía dejar de lado uno de los más aclamados por el público: el musical. Y así hizo con Todos dicen I love you, vigéismo novena película dirigida por Allen. Esto tenía que ocurrir antes o despué, porque con el mimo que Allen cuida la música de sus películas, un musical era la mejor forma de centrarse en ese aspecto por una vez. Una especie de homenaje, se podría decir; aunque no el único, porque también homenajea, a mi parecer, a la ciudad de Nueva York, embelleciéndola de estación en estación y creando un vínculo patente aunque esté en deslumbrantes ciudades europeas como Venecia o París.

La película, como habréis adivinado por el título, gira en torno a las relaciones amorosas de todos los miembros de una acomodada familia neoyorquina: desde el matrimonio y todas las hijas, hasta el ex-marido de la mujer. Todas ellas son relaciones muy diferentes, determinadas sobre todo por la edad de sus implicados: la indecisión de D. J., el inconformismo de Skylar, los desengaños de Lane y Laura y, por encima del resto, el amor madurado a pesar de los errores de Joe, a veces nublado por otros amores fugaces. Tengo que decir que todos los actores, salvo Drew Barrymore (doblada por Olivia Hayman), cantan sus fragmentos musicales, algo que es llamativo por ejemplo en los caso de Edward Norton, Julia Roberts o Goldie Hawn, de quienes no esperaba que además tuvieran cualidades para la música.

Contiene algún spoiler que otro…

Allen es aquí ese divorciado enamoradizo al que todas las mujeres de las que se enamora dejan sin previo aviso o señal alguna. Esta mala suerte lleva a su antigua familia a tratar de buscarle novias adecuadas y será su hija, D. J. (Natasha Lyonne), quien lo convenza para conquistar a Von (Julia Roberts), una inteligente y guapa neoyorquina un tanto neurótica de la que D. J. conoce todos sus gustos y sueños porque su psiquiatra es la madre de una amiga de clase. Joe está tan desesperado que utiliza todas las tretas que su hija prepara para conquistar a Van, pero como de algo malo no puede nacer nada bueno, el tiro tenía que salirle por la culata. Eso sí, nunca pensaríamos que por el motivo que Van alude.

Un dato curioso es que el novio de Skylar (Drew Barrymore) se llama Holden, nombre recurrente en las películas de Allen y prestado del protagonista de la obra de Salinger El guardián entre el centeno. Holden está encarnado por Edward Norton y he de confesar que el nombre, si de verdad fue tomado a propósito de Caulfield, lo que consigue es hacernos ver las abismales diferencias entre ambos personajes, tal vez remarcadas también por la diferencia de edad, ya que Caulfield no es más que un adolescente inseguro y resentido, frente a este Holden Spence, adulto, conformista y un tanto pusilánime.

Entre todos los personajes a mí me ha gustado especialmente cómo estaba perfilada la forma de ser de Steffi Dandridge (Goldie Hawn), rica de nacimiento y con mucho tiempo libre que dedica a los que no han tenido tanta suerte en la vida, como a los delincuentes encarcelados. Esto da lugar a uno de los momentos más cómicos y a la vez críticos de la cinta: cuando Steffi explica las mejoras que propone para aumentar el bienestar de los presos. Entre las medidas que cita están que las cárceles sean más abiertas (¿?), que cada preso pueda decorar su celda contando con sus decoradores favoritos (¿?) o que en la cocina preparen menús europeos. Así cualquiera… También deja ver su snobismo y conciencia de clase superior cuando su hija Skylar le confiesa que va a dejar a Holden por el recientemente liberado Charles Ferry (un Tim Roth que se sale del mapa con su breve, pero muy talentosa actuación) y Steffi dice que no es merecedor de su hija.

Allen vuelve a introducir sus ideas políticas en la película, en este caso a través de Scott Dandridge (Lukas Haas), único hijo varón de la pareja y que, transitoriamente, defiende las ideas republicanas a capa y espada. La nota de humor y sobre todo de jactancia de Allen reside en el porqué de la militancia temporal del joven. Muy curioso.

De los números musicales me ha llamado gratamente la atención aquel en el que el abuelo, ya muerto, junto con otros espíritus hacen una apología del hedonismo con ese “Ya es muy tarde”, así que disfruta todo lo que puedas. Y como eso es lo que me propongo, aquí termino el artículo y me voy a ver otra peli del señor Allen. Espero que no sea demasiado tarde.

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