Que nadie lea esto

Estándar

Con más frecuencia de la que me gustaría me encuentro dándole vueltas a las implicaciones de posibles actos nimios y casi aleatorios que cometo. Soy muy reflexiva, sobre todo en lo que se refiere a las consecuencias de lo que hago y por eso lo que gano en previsora lo pierdo de espontánea. Todo esto viene al hilo de las fiestas de mi pueblo, Las Rozas, en las que saco lo mejor de mí, gracias en parte a los efectos del alcohol; y esto provoca una tormenta en y alrededor de mí, porque sin querer ocurren cosas que no tengo planeadas y ante las que no sé cómo actuar. Por eso este desconcierto.

Esto es una disculpa anticipada. Lo siento. Por no ser siempre más cercana, más natural, más espontánea, más libre, menos cohibida, menos introvertida. Lo siento, pero poco puedo hacer. Está en mi núcleo, en mi núcleo duro, me acompaña desde hace mucho tiempo y, por eso, aunque sé que puedo corregirlo, también sé que me tomará mucho tiempo, casi tanto como el que tardó en asentarse.

Así que simplemente no me lo toméis a mal, ¿vale?

Un besazo a todas las personas con las que he pasado algún rato este fin de semana. Sois grandes, muy grandes.

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