“Hasta que el cura nos separe”

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Hasta que el cura nos separe, en el título original License to wed, es la peli más predecible que he visto últimamente. Lo cierto es que no suelo ir a ver este tipo de películas, pero teníamos que escoger una película de la cartelera del Cinesa Heron City, lo cual no es sinónimo de calidad; además de que tenía que ser apta para menores. Por eso, las opciones se reducían a Papá Canguro II, que ni muerta; y esta, así que la decisión fue dura, pero no difícil. Había millones de pelis más, pero resulta que las habían visto todas. ¡Y yo que quería ver Ratatouille!

Hay poco que decir sobre la peli: chica guapa le entra de manera completamente inverosímil a chico torpe y poco interesante (en un Starbucks, por cierto, omnipresentes en la peli y en el mundo), se enamoran, la relación evoluciona, él le pide matrimonio, ella acepta y le pide que la boda sea en su iglesia de toda la vida, cuyo párroco es el reverendo Frank. Hasta aquí normal. Desde aquí, la teórica originalidad: Frank es un párroco peculiar empeñado en disminuir la tasa de divorcios, así que para ello ha creado un cursillo prematrimonial de tres meses para los futuros matrimonios. Casualmente no le quedan más fechas para celebrar la boda que o dentro de tres años o dentro de tres semanas, así que en tres semanas tendrán que hacer el cursillo.

El párroco se saca de la manga las técnicas más retorcidas para desquiciar a la pareja, sobre todo a él, Ben. Personalmente creo que cualquier peli en la que salga una versión en miniatura de uno de los protagonistas merece poco o ningún interés desde que Austin Powers sentara el precedente más elevado. ¿Cómo olvida a Mini-yo y al Dr. Maligno? Esa sensación se agudiza si el mini-párroco te recuerda al niño predicador que parece estar poseído por el diablo.

En resúmen, la peli esta cargada de chistes fáciles y bastante tópicos, escenas que se desarrollan exactamente como esperabas, personajes un tanto vacuos encarnados por actores poco expresivos que no consiguen crear ninguna empatía en el espectador, a pesar de lo descabellado de las situaciones; un montaje a veces un pelín desfasado y planos y movimientos de cámara tan repetidos en otras películas clásicas que no puedes evitar pensar en ellas y compararlas (véase Titanic en el momento de la reconciliación). Lo cierto es que el rato se pasa rápido y que, aunque en ocasiones se hace un poco pesada, a los niños les ha gustado y algunas de las personas en la sala se han reído en ciertos momentos. Que quede claro, eso en ningún caso ha sido una recomendación, que luego la gente se queja.

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2 comentarios en ““Hasta que el cura nos separe”

  1. Personalmente veo estas pelis cuando las pasa el Digital +, lo que me extraña es que un tipo como Robin Williams (a mí no me gusta, pero reconozco que ha hecho papeles buenos) siga haciendo este tipo de filmes, bueno supongo que la pasta será un buen aliciente.
    Suerte con los niños y con la próxima peli que vayas a ver, a mí Death Proof me encantó, por si te gusta Tarantino en mi blog comento algo siempre intentando no poner ningún spoiler.
    Saludos

  2. Señor Verde

    En mi opinión en la vida hay que cuidar todo tipo de gustos.
    Mi hermano siempre dice de mí que no se puede fiar uno de mis recomendaciones porque recomiendo igual recomiendo el Arco (última película coreana que me fascino) que un Transformers (por mencionar el último gran porno de acción que se asomo a la cartelera internacional).
    Yo te diría que lo importante es disfrutar de cada película en su contexto y su estilo. No suele ser difícil saber que el chico se queda con la chica y esas cosas pero es curioso ver el camino.
    Puede que la comedia romántica, el cine de terror o el de acción hayan dado lugar a las peores atrocidades fílmicas jamás creadas. Pero tenemos que recordar que la finalidad de la mayoría de estas producciones es el entretenimiento y es con ese ánimo con el que debemos verlas y disfrutarlas en la medida que podamos.
    Para terminar quiero romper una lanza por las interpretaciones realizadas para pagar una piscina o la hipoteca de una mansión en Santa Mónica. Y por el tío Robin que tantos buenos ratos me ha hecho pasar.

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