“El gran Gatsby” de Jack Clyton (1974)

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El gran Gatsby, con guión de Francis Ford Coppola, es la adaptación cinematográfica del libro de F. Scott Fitzgerald resulta interesante, pero no alcanza las expectativas de alguien que ha leído el libro y esperaba encontrar en la película la misma complejidad argumental y de personajes, narrada con la misma sencillez y armonía.
Es cierto que se podría hablar de cierta fidelidad, pero, como suele ocurrir con las adaptaciones, el problema radica en la selección de los elementos del libro que deben ser potenciados por su teórico mayor interés. Así, vemos cómo la historia de amor en el presente entre Gatsby y Daisy cobra mucho protagonismo, frente a otros elementos otrora más relevantes como es la persona de Gatsby, su creación y destrucción. El recurso a la historia de amor que perdura desde el pasado para reflejar la evolución de la sociedad y de los personajes protagonistas parece tener una explicación muy lógica: Robert Redford en la piel de Jay Gatsby y Mia Farrow como Daisy Buchanan (por cierto, trementamente similar a la Daisy que había creado en mi mente). Los actores garantizan el éxito comercial de una película y más aún si la historia trata sobre un amor pospuesto en el tiempo y que nunca llega a completarse.

Al igual que el libro, la película comienza con Nick Carraway (Bruce Dern) recordando el consejo que su padre le dio hace años, cuando era más joven y vulnerable: “Siempre que te apetezca criticar a alguien solo recuerda que todas las personas en este mundo no han tenido las mismas oportunidades de las que tú has gozado”. Cuando leí el libro le di importancia, pero es cierto que en la película se aprecia con mayor profundidad el calado en el conjunto de la historia. Nick juzga y tiene opiniones, pero tiende a darles menos importancia de la que podrían tener por el hecho que que confía en las personas y no se limita a impresiones tempranas o informaciones poco fidedignas escuchadas de refilón.
No me voy a extender mucho. Solo decir que la película está bien, pero la historia de amor se hace un poco pesada. Añadir que la caracterización, el vestuario, los decorados y el trabajo de recuperación de los años veinte está magníficamente conseguido. De hecho, uno de los motivos por los que merece ver la película es por las escenas de fiestas y actos sociales, en los que de verdad se centran los logros de la cinta. Frente a ellos, el amor de los personajes parece una pegatina de quita y pon encajable en cualquier otro decorado.

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