LONDON III

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Martes 14 de agosto de 2007: National Portrait Gallery, National Gallery, Tate Britain

El martes comenzó como el lunes, solo que con un poco de lluvia, por lo que nos vimos obligados a cambiar nuestros planes. Teníamos pensado visitar Portobello Road y Notting Hill, pero al final optamos por una ruta más cultural y menos callejera. Tomamos el metro hasta la estación de Charing Cross, cuya salida está al lado de la entrada de la National Portrait Gallery. Este museo-galería es enorme y cuenta con un total de 9.000 retratos de las más variadas épocas, comenzando por el periodo Tudor, pasando por el periodo victoriano, el PopArt y el presente, con exposiciones de artistas relevantes del panorama inglés. A mí personalmente me encantaron los retrator de Warhol, uno de mis artistas favoritos. No vimos la gelería entera, en parte porque teníamos pensado ir a Buckingham Palace a ver el cambio de guardia, el cual tendría lugar a las 11:30. Tras una carrera de quince minutos, porque llegabamos tarde, aterrizamos en la plaza donde está e Queen Victoria Memorial. Había poco jaleo para lo que teníamos en mente, así que pensamos: “¿Qué día es hoy? Martes. ¿En número? 14. ¡¡¡Eso es par y en agosto los cambios de guardia son los días impares!!! Mi madre no podía odiarnos más: estaba con la lengua fuera y para qué, para nada. Descansamos un rato y cuando ya estábamos recuperados deshicimos el camino para ir a la National Gallery. El museo estaba hasta los topes y como es enorme hicimos una selección de las salas que más nos apetecían visitar. Nos quedamos con las zonas que tenían obras de entre los siglos XVIII y XIX, las salas con arte español, las que tenían obras de Leonardo Da Vinci y parte de los flamencos. Lo que más me gustó, principalmente porque lo había estudiado, fue lo relacionado con el Impresionismo, el Divisionismo y el Posimpresionismo, sobre todo de Gauguin, Cezánne y Van Gogh. Había obras geniales comos Los girasoles de Van Gogh, la Venus del Espejo de Velazquez, y cantidad de piezas de Monet, Manet, Signac, Seurat, Pissarro, etc. No vimos casi nada, pero pasamos más de dos horas en el museo, así que cuando salimos teníamos mucha hambre. Como la siguiente visita iba a ser el Tate Britain, de camino teníamos un McDonalds. Nos dejó alucinados lo rapidísimo que atienden en estos restaurantes en Londres. Si en Madrid son de comida rápida, en Londres son de comida expres. Tomamos hamburguesas que no hay aún en España y estaban bastante buenas. Nada que destacar, porque se come como en cualquier otro McDonalds del mundo.

Después de comer seguimos la ruta prevista hacia el Tate Britain, para lo que pasamos por delante del Parlamento, pero por uno de los laterales que no habíamos visto el día que llegamos. Tengo que reconocer que el gótico me encanta y que el neogótico también, así que me enamoré de lo intrincado de esta construcción. Me parece preciosa. Poco después cruzamos los Victoria Tower Gardens, en cuyo centro hay un memorial llamado Buxton Memorial Fountain, semejante al Albert Memorial, pero en escala. Solo tuvimos que andar un poco más y ya nos encontrábamos en el Tate Britain. Algo común a todos los museos londinenses es que son enormes y que su apariencia exterior engaña al ojo. Por su enorme tamaño, nos volvimos a ver obligados a escoger las salas que queríamos visitar. Al final se redujo a obras, ya que fuimos buscando aquellas que conocíamos y que más nos interesaban. Vimos piezas de Sargent, de Millais, Holman-Hunt y otros tantos pre-rafaelistas. Luego pasamos a ver obras de Naum Gabo, Breszka, Epstein, etc. Por último visitamos una exposición temporal llamada Hockney sobre las acuarelas de Turner. La exposición tenía centenares de acuarelas de Turner sobre las que Hockney había hecho algún comentario o valoración. Fue muy interesante, sobre todo porque contrastaba los puntos de vista artísticos de dos creadores impresionantes.

Ya solo nos quedaba para terminar el planning del día visitar el Dalí Universe, que está situado justo delante del London Eye, la enorme noria de 135 metros de diámetro que corona la orilla derecha del Támesis. Al final no entramos a la exposición porque costaba 12 libras y porque mis compañeros de viaje me abandonaron en el interés. Se podría decir que Dalí es mi pintor favorito, pero todo sea por la unidad familiar. Estabamos cansados, pero aún era temprano, así que nos pusimos en camino de vuelta al hotel. Para llegar pasamos por algunos puntos de la ciudad que ya habíamos visitado, pero que merece la pena ver en diferentes momentos del día. Uno de ellos es Covent Garden y el mercadillo que hay a la izquierda, por el que no habíamos pasado el día anterior. Seguimos paseando hasta que llegamos al hotel.

Cuando llegamos a la habitación esta apestaba. No sabíamos por qué era, así que no le dimos importancia. Yo me fui al baño y cuando volví mi madre me informó de que estaba saliendo algo por el lavabo. Efectivamente, algo apestoso estaba subiendo por las tuberías, así que bajé a recepción, se lo comenté al señor que estaba (Woody Allen según mi madre), quien subió conmigo y con un desatascador que le valió para poco. Como la cosa no se iba a solucionar esa noche nos cambiaron de habitación. Los nuevos aposentos se encontraban en la primera planta de la cuarta escalera, algo lejos de nuestro querido baño, pero con menos escaleras que subir. Recogimos todo, hicimos apresuradamente la maleta y nos trasladamos. La habitación nueva era más pequeña y no tenía cómoda, por lo que iba a ser menos cómodo tener las cosas organizadas. Al final nos apañamos como pudimos.

Como no nos habíamos comido los sándwiches que teníamos preparados, estos fueron nuestra cena. Tras la cena comenzó la cacería y es que mi hermano, ahí donde lo véis con 17 añazos y metro ochenta, odia los bichos, así que tuve que matar varias mariquitas (el karma me debe más de una), una araña y bloquear con una toalla el estrecho hueco que había entre las hojas de la ventana de guillotina porque descubrimos que era la puerta de entrada de nuestras amigas voladoras. Tras ello mi hermano hizo un poco el payaso, bromeó sobre sus miedos y sobre Don Cucaracho y Al Ladillo, a los que mi madre y él echaban de menos, y después nos fuimos a descansar. Por lo visto mi hermano no durmió muy bien porque la presencia de nuestros amigos bichitos lo tuvo atento toda la noche al más mínimo movimiento. ¡Ay, Julián, qué bien te habrían venido un par de campamentos cuando aún estuvimos a tiempo!

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