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Nueva York en 6 pensamientos aleatorios

5 sep

Pensamientos aleatorio nº1: Nueva York es una ciudad mutante, una ciudad que, cual ave fénix, se inmola en sus propias excentricidades y renace de sus cenizas aún candentes. Nueva York es una ciudad que muda de piel con cada luna, para así, llegada la mañana, poder sentir erizarse su bello como la primera vez al contemplar en el horizonte la infinidad de posibilidades que sus calles albergan. Si no te adaptas a su ritmo pierdes el tren. Y nadie quiere perder ese tren, te lo aseguro.

Pensamientos aleatorio nº2: Los restaurantes abren y cierran como los humanos pestañeamos: sin enterarnos. Nuevos restaurantes abren en los locales donde otros fracasaron. Otros restaurantes tienen listas de espera de semanas porque el boca a boca ha sido tremendamente amable con ellos. Así funcionan aquí las cosas y tiene sentido, porque la ciudad es enorme y es casi imposible que una única persona conozca todo lo que merece la pena. Por eso delegamos en nuestros semejantes para que nos recomienden lo mejor.

Pensamientos aleatorio nº3: Nueva York es una ciudad donde aprender a amar a las ratas, las chinches, las cucarachas y demás bichos con poco o mucho encanto, según la distancia desde la que se los mire. Yo en concreto le debo mucho a las ratas, ya que amenizan las frecuentes y a veces largas esperas en los andenes del metro. Con amigos a veces jugamos a ver quién ve primero las ratas. Los extraños a nuestro alrededor se sorprenden. Algunos incluso nos recomiendan ir a tal o cual estación. «Las ratas ahí son grandes como el culo de mi madre». Lo de las pulgas y la plaga que ha habido este verano es digno de ser comentado, así que si tengo tiempo escribiré algo a parte.

Pensamientos aleatorio nº4: Lo que magnifica a Nueva York es que no se duerme, no se detiene a contemplarse y regocijarse en sus bondades. No es narcisista ni pagada de sí misma, ni condescendiente con sus grandes logros (para eso ya están los neoyorkinos). Es una ciudad en cierta medida humilde –otros preferirán decir ambiciosa– porque siempre aspira a mejorar, a engrandecerse, a crecer, a conocer, a mirarse con los ojos de cualquier recién llegado y aprender, a poner pasión y esfuerzo para evolucionar.

Pensamientos aleatorio nº5: Lo mejor novedad de Nueva York –y lo que la mantiene en constante evolución– son sus habitantes, llegados de todas partes del mundo. Ellos, exigentes y rígidos, hostigan a la ciudad para que no cese de experimentar con nuevos conceptos, reunir las mentes más brillantes de cualquier campo y así ser el nicho del que emergen todas las tendencias.

Pensamientos aleatorio nº6: Lo mejor de la ciudad no son los turistas, ávidos de completar rutas prefijadas que recuerdan a una escala musical, con sus siete notas fijas, arcaicas, poco originales. No me malinterpreten. Para zambullirse en la ciudad, como en cualquier pieza musical, hay que conocer sus rudimentos básicos para, de ahí hasta el infinito, mezclarlos, jugar con ellos, y manipularlos a nuestra merced. Lo que hay que saber hacer es ver más allá de esos componentes elementales y aspirar a más. Lo peor de los turistas es su forma de caminar, combinando la pasión inagotable de ir en línea –que no en fila– bloqueando aceras enteras, y a un ritmo que puede denominarse sin atisbo de error de «trote cochinero», molesto para cualquier persona a la que poner un pie delante de otro no le lleve más de uno segundo.

Prueba superada: ya tengo piso en NYC

13 jul

Señores y señoras, lo sé. Ha sido más bien una carrera de resistencia que una de velocidad, pero por fin he encontrado una habitación. Ya me habían avisado que encontrar piso en Nueva York era una tarea ardua y desmoralizadora. Lo ha sido. Ha habido momentos en estas dos semanas que llevo en Nueva York en los que llegué a desesperar.

Encontrar piso en esta ciudad equivale en tiempo y esfuerzo al periplo que dio Ulises hasta que consiguió volver a su amada Penélope y su querida isla, Ítaca. Durante mi particular odisea he encontrado toda clase de criaturas. Casi todos tenían algo en común: eran unos timadores. No hay otra forma de calificar a aquel que te intenta alquilar una habiación de 6 metros cuadrados y sin ventana por 1000 dólares en una calle perdida del sur de Manhattan.

- Igual que esto no es un carrito para bebé,

lo que me ofrecían a mí no era una habitación

Avaros, sociópatas, perdedores en busca de mujeres que se paseen por casa en ropa interior, maniacos, solitarios que no tienen tiempo para mantener su vida social y buscan compañía, listillos, proxenetas (si no lo era, por sus pintas alguno bien lo parecía), estudiantes y gente trabajadora que necesitan dinero extra para poder embarcarse en sus propias aventuras son algunos de los tipos de gente con los que me he topado.

Lo peor de todo es la relación calidad/precio. Encontrar un piso en Manhattan por menos de mil dólares es complicado, pero encontrar piso en Manhattan por menos de mil dólares y que no sea un absoluto desastre es imposible. Habitaciones microscópicas, sin ventanas, sin aire acondicionado, sin calefación, sin puerta, sin paredes, con muebles que parecen haberse rescatado de un vertedero, compañeros insufribles, normas absurdas, baños diminutos… Puede que de base sea una persona exigente, pero en esta ciudad la gente que se dedica al alquiler y venta de propiedades cree que a todos los extranjeros se la pueden meter doblada y cobrarles por una habitación de 6 metros cuadrados, sin zonas comunes y sin incluir gastos de luz, gas e internet 1000 dólares.

Mención a parte se merece la que hemos bautizado como “la casa de las modelos”. Era una casa enorme en Tribeca, con zonas comunes amplísimas y decorada por alguien que debió vivir el Nueva York de los 60 y 70 muy intensamente. Por los techos había cables que conectaban las paredes y por las que se podía mover maniquíes ataviados con gafas y atuendos psicodélicos, luces de neón, bolas de discoteca y terciopelo, mucho terciopelo. El problema de la casa era la habitación: estrecha, pequeña, sin ventana y con una puerta que daba directamente a las escaleras y que parecía fácil de forzar. Paula, la chica que nos enseñó el piso, trabaja para el dueño. Desde ese día nos hemos hecho coleguis y hemos quedado para festecjar hitos como el 4 de Julio o la final del Mundial. Ella nos explicó que ese tipo de habitación la alquilan modelos o gente a la que le interesan más los contactos de la otra gente que vive en la casa que el lugar en sí. Y como tampoco pasan mucho tiempo en casa, pues no les preocupa excesivamente.

Pequeña decepción

En el fondo, lo peor de todo ha sido tener que renunciar a un ideal: vivir en Manhattan y poder ir caminando al trabajo. Las expectativas eran muy elevadas y quizá por eso ayer, cuando terminé de instalarme, estaba un poco triste. Elegí esta casa forzada por la presión de llevar demasiado tiempo abusando de la amabilidad de unos conocidos que me habían invitado a quedarme con ellos hasta que encontrase algo. No porque me encantase ni porque fuese lo que estaba buscando. Simplemente porque tenía que mudarme. Aún así no ha sido para nada una mala elección.

Vivo con una familia muy amable formada por cinco miembros: un matrimonio y sus tres hijos. Vivimos en una chalé en Astoria, un barrio de Queens muy tranquilo y con muchos entretenimientos alrededor. En la casa hay dos habitaciones de sobra que la familia Ávila alquila por un precio muy razonable. Mi habitación es grande (enorme si la comparo con algunas de las que he visto estos días) y tiene lujos como una ventana, un armario empotrado, una escritorio grande y, a pesar de todo, mucho espacio de sobra. El resto de la casa también es espaciosa. Lo mejor: ¡tengo una nevera enorme casi entera para mí! En teoría la comparto con el otro inquilino, pero por lo que me han dicho él se va a mudar pronto, así que hasta que tenga un nuevo/a “roommate” podré llenarla con chuminadas de las que esté país está lleno.

Nueva York: la previa

30 jun

Ya hace una semana y tres días que llegué a Nueva York y hasta ahora no he encontrado el momento para pararme y reflexionar sobre todo lo que he vivido hasta ahora. Antes que nada, mis disculpas a todos aquellos que hayáis acudido al blog y hayáis encontrado que no he actualizado su contenido desde mayo. Mi vida desde finales de febrero ha sido un poco caótica y ha sido el blog el que ha pagado las consecuencias.

- «Nube y jaula» de Chema Madoz

Fue en febrero cuando solicité sin mucha esperanza una beca ARGO que tenía como destino un puesto en la sede de Nueva York de The Economist. Una semana después ya había hecho una entrevista telefónica con el que sería mi jefe. Todo parecía apuntar a que efectivamente me iban a conceder el trabajo, pero por miedo a la desilusión que podría suponer el que al final no me dieran la beca, no pensé en profundidad en lo que implicaba.

Fue un mes más tarde, mientras disfrutaba de una semana de vacaciones con mis amigos en Andorra, cuando me llegó el correo que secretamente tanto había querido recibir. Era Adrián confirmándome que había sido seleccionada para el puesto y que tendríamos que ponernos manos a la obra con el papeleo. ¡Maldita burocracia, pesadilla de todo mortal! Completar todos los documentos, enviarlos, recibir las copias firmadas, etc. llevó más de dos meses. Así que mi comienzo –planeado para mediados de mayo– se retrasó hasta finales de junio. Tardé tanto en irme que incluso algún compañero de Máster me llegó a decir en forma de chascarrillo que en realidad me lo había inventado. A mí también me parecía inverosímil.

Mientras tanto, mi vida como masterópoda de ABC continuaba. Las últimas semanas de clase dieron lugar a la incorporación a la Redacción, donde fui asignada al proyecto ABC 2010 y el suplemento especial que se publicó con ABC el día en que se renovó el periódico. Ver mi nombre impreso en la mancheta junto al de grandes profesionales fue un enorme orgullo y una gran recompensa a un largo e intenso mes de trabajo.

Por otro lado, los días con mi familia y mis amigos se iban agotando. Tenía que despedirme de todo el mundo y el cronómetro corría en mi contra. Fue la última semana cuando más aproveché el tiempo. Miento, fue el último día al que más jugo le saqué. Era viernes. Me levanté temprano. Fui a Madrid a recoger mi visado. De ahí fui paseando a casa de mis tíos, con los que comí. Tras una agradable sobremesa, en la que debatimos sobre temas recurrentes como la crisis en España o la política del Gobierno, fui caminando a casa de mi abuela, con la que estuve solo un rato porque también la iba a ver más tarde. Casi corriendo volví a casa. Tenía que arreglar los últimos preparativos: organizar la maleta, los papeles, el bolso de mano y otros quebraderos de cabeza. Por la noche había quedado para cenar con toda mi familia, muchos de mis tíos y algunos primos. La cena fue muy divertida, tanto que se me pasó volando. La teoría de la relatividad se hace más reconocible cuando eres consciente de que debes aprovechar al máximo tu tiempo en un lugar o con una persona.

Pero la noche no acabó ahí. Habíamos quedado para hacer una excursión nocturna por Torrelodones (no daré más detalles sobre el lugar por posibles problemas con la autoridad) y llegaba tarde. Recogí a unos amigos y esperamos en el aparcamiento de mi casa a que llegara el resto para subir todos juntos. Nos juntamos un buen grupo y lo salpicamos con un poco de sidra, algo de cava, vino, un par de guitarras y un cajón flamenco. ¿Para qué queremos más? Fue una excursión espectacular. A lo propicio del entorno se sumaron las vistas de Madrid –¡Ay, Madrid, mi Madrid!–, las canciones improvisadas y la carga de la despedida.

- ¡Me falta gente en esta foto!

Como siempre, lo más duro fue decir adiós, alargado por los abrazos, las fotos y las promesas de visitas que confío se cumplan. Llegué a mi casa a las cinco de la mañana, con poco más de una hora para pegarme un duchazo y salir hacia el aeropuerto.

¿Qué os voy a contar que no sepáis del tedio que supone viajar a EE. UU., con todas sus reglas, normas y controles? Pues que consiguieron añadir el agotamiento psíquico a mi más que maltrecho cuerpo. Fue subir en el avión y sumirme en un placentero sueño. Mientras dormía soñé que vivía en la ciudad más magnética del mundo. Cuando desperté estábamos aterrizando en ella.

Londres estrena cruce

3 nov

¡Atención, atención!

Para todos aquellos que buscan con avidez una excusa para escaparse a Londres a la mínima de cambio, aquí va la última.

Londoncrossing

Londres ha inaugurado un cruce en cruz a imagen y semejanza del famosísimo cruce Shibuya en Tokio. El cruce está entre Oxford Street y Regent Street. El encargado de tal honor ha sido el alcalde de la ciduad, Boris Johnson. La ceremonia estuvo repleta de alusiones a la cultura oriental. Un ejemplo es que el alcalde, en vez de cortar la arquetípica cinta roja con unas enormes tijeras (vaya topicazo), optó en esta ocasión por golpear un enorme platillo con el que abrió la veda para que los caminantes comenzasen a cruzar. Entre esos primeros privilegiados estaban varios figurantes disfrazados de famosos personajes de manga y anime.

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Durante el acto, el alcalde declaró: “Este proyecto es el triunfo de la ingeniería británica, la innovación japonesa y el bueno y tradicional sentido común”.

La dinámica es sencilla: cada 90 segundos, todos los juegos de semáforos se pararán. Así, los viandantes podrán cruzar como tradicionalmente se ha hecho o bien atravesando en diagonal.

¡Hala, a ir a Londres!

Fuente: The Times

Fotos: BBC

Banksy vs. Bristol Museum

10 ago

Vuelvo de mi viaje relámpago a Londres y Bristol con ganas de contar muchas, muchas cosas. Voy a empezar con lo más importante y razón primigénea del viaje: Banksy.

Hace un par de meses escuché que el Museo de Bristol iba a acoger una exhibición sobre Banksy, lo cual no solo me pareció paradójico (la ciudad lleva años detrás de Banksy borrando sus grafitis e intentando pillarlo en un renuncio y ahora paga para que él exponga en su ciudad natal), sino también muy interesante.

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Capítulo I: La cola

Llego al museo de Bristol a las 09:30 y ya hay una cola enorme. Tan grande que cuando llego al final de la misma veo un cartel a modo de punto kilométrico indicándome que a esa altura hay una espera estimada de 3 horas de cola. Sigue llegando gente y en menos de 5 minutos la cola ha crecido otros 30 metros. Pensamientos diversos durante los primeros minutos de espera. ¿Desde qué hora llevarán aquí los primeros de la cola? ¿Cuánto tiempo voy a estar aquí? ¿Me saldrán canas? Pienso en irme y volver al día siguiente con más tiempo. Demasiado arriesgado: no puedo jugármela así. Me arrepiento de no haberme levantado cuando me he despertado y haber venido directamente. Me arrepiento también de haberme duchado e incluso de haber desayunado.

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Mientras tanto voy observando las reacciones generales de aquellos que siguen llegando. Las caras de sorpresa son la regla general, al igual que las risas nerviosas y las miradas dubitativas alrededor. Antes de que acabe la cola muero por inanición, seguro. ¡Más vale que merezca la pena!

La cola va más rápido de lo que esperaba, aunque nunca se sabe cuándo bajará el buen ritmo motivado por la apertura a las 10. De hecho, no tarda en bajar… ¡Maldición! Tres horas de cola y solo llevo una. Una buena señal es que ya he pasado la marca del punto kilométrico de las dos horas. Miro a mis compañeros de penurias, los otros “coleros”, y me doy cuenta de que vienen muy preparados: sillas plegables, libros, revistas, familia o amigos para hablar. Yo solo traigo mi iPod, en el que precisamente escribí estas líneas.

Llevo dos horas de cola y no me puedo quejar porque el tiempo se me pasa volando. Como me sobra el tiempo me surgen varios pensamientos. ¿Habrá alguna otra persona de Bristol con este poder de convocatoria? Me pregunto por otros célebres bristolians, porque no recuerdo ninguno en ese momento. Miro alrededor y veo que hay varias personas repartiendo flyers, vendedores de revistas, incluso una chica tocando clásicos populares en un piano-flauta y con un estuche en el que amablemente acepta la voluntad de los oyentes. La exhibición ha tenido que ser muy beneficiosa para la economía de Bristol. También para la sumergida, obvio es.

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Tres horas de cola. Comienza la recta final y la puerta me queda ya a solo unos metros.

Capítulo II: La exposición

“The bad artists imitate, the great artists steal”

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La exposición de Banksy lleva el nombre Banksy versus Bristol Museum y con esa idea de enfrentamiento han conseguido involucrar al museo entero en la exposición. Yo iba con la idea de que la exposición se iba a limitar a un par de salas y adiós, muy buenas. Pues no. Si en el museo hay una sala de cerámicas, ahí encontrarás algo depositado con sutil precisión contextual por Banksy. Y si crees que porque una sala esté dedicada solo a animales no va a ofrecer posibilidades al artista, te confundes. De hecho, algunas de las incursiones más interesantes de la exposición (o más bien conquista) se encuentran casi escondidas. Yo me lo tomé como un reto: hasta que no recorrí todas las salas y tuve la certeza de que nada más se me podía haber pasado por alto, me fui tranquila a casa.

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En cuanto a lo expuesto, hubo varios elementos que me llamaron la atención. El primero fue la réplica del atelier que posiblemente esté inspirado en el propio estudio de Banksy. No había un solo hueco sin una idea revolucionaria, una frase lapidaria o una imagen sugerente. Todo estaba repleto de referencias, bocetos de nuevas ideas y plantillas de sobra conocidas. Otro elemento que esperaba ver y no faltó fue la la fuerza de una mirada atenta, una mente ágil y una lengua viperina representadas en dos dimensiones y condensadas en frases directas.

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En la exposición, Banksy no olvida tratar los temas que más le preocupan: la vigilancia constante, los niños y sus derechos, la violencia en general, los intereses económicos, el consumismo, la incompetencia de nuestros dirigentes, a los que entre otras cosas asemeja con monos; el arte en general y el suyo propio en concreto. También trata con igual ironía otros temas como los ensayos cosméticos en animales o la alimentación moderna.

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Otro de los experimentos que más me cautivaron fueron las alteraciones que hace sobre cuadros costumbristas logrando nuevas lecturas. La mayoría de ellos se encontraban repartidos por el museo, por lo que había que estar atento para no pasarlos de alto. Algunos de ellos son un tanto arriesgados, aunque no creo que eso fuese a frenar a Banksy a estas alturas, ¿no?

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Capítulo III:  El seguimiento

Tenía planeado hacer un recorrido por la ciudad en búsca de Banksys, pero con las tres horas de cola perdí gran parte del tiempo que iba a estar dedicado al turismo. Por eso, encuentros con un Banksy de verdad, de los de calle y escalera, he tenido solo uno. Pero ¿quién dice que eso no es una oportunidad? Así tengo excusa para volver a Bristol y hacer una inmersión total en la ciudad y sus paredes. Bristol, ¡nos vemos!

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