Hoy he vivido los cuarenta minutos más agónicos de toda mi vida. Lo peor es que nunca pensé que fuera a ocurrir mientras veía el musical basado en las canciones del Dúo Dinámico. ¡Qué poco sé de la vida! Pero algo he aprendido hoy.
Primero, que si una obra de teatro o musical tiene que regalar entradas es porque o es muy alternativa o porque es una bazofia. La de hoy se encuadraba en la segunda categoría y sí, las entradas me habían salido gratis: un regalo del trabajo. Ahora no sé que pensar, puede que me odien y no lo sabía hasta ahora, o puede que quieran que deje de trabajar ahí y ésta sea la nueva estratagema de mobbing que se les ha ocurrido. No sé. Todo está confuso ahora.

Quería evitar el momento de comenzar a hablar del musical, pero va a ser inevitable. Bueno, no puedo hablar por el musical al completo, solo por sus primeros cuarenta minutos, que es todo lo que he visto; pero creo que he tenido suficiente para hacerme una idea de cómo iba a ir la cosa.
La historia se enmarca en un viaje de AVE Madrid-Barcelona, en el que se embarcan muchos pasajeros, pero al pobre público le hacen especial hincapié en tres de esos pasajeros, tres mujeres: una condesa viejuna, de casi 100 años y que mantiene conversaciones con su DNI parlante y malhumorado; Lola, una señora de mediana edad que vive anclada en el pasado, pobrecita; y Ana, una actriz que no sé si es adolescente o postadolescente, pero que es idiota seguro, y que además quiere ser actriz y no entiende castellano, aunque lo hable con bastante fluidez (por eso de las conversaciones que mantiene con el también idiota joven que se sienta a su lado en el vagón).
La obra empieza en la estación de Atocha, imagino porque no dicen nada. Después de una intro en plan rapsodia tecno-pop con algunos fragmentos de canciones conocidas del Dúo Dinámico tocados con organillo, comienza a haber cierto trajín de pasajeros subiéndose al tren. De repente y sin sentido, comienzan a cantar “Quisiera ser” y hacen un baile bastante cutrecillo. Esto ya me ha sacado de la obra. ¿A qué venía empezar así? ¿Tenía algún sentido?
Pues tras esto, la cosa no ha hecho más que empeorar. La jovenzuela Ana se ha sentado con un chaval sin personalidad y mentiroso compulsivo que solo se la quiere pencar porque tiene pinta de facilona. La engaña diciendo que es productor de cine y ella a sus pies. Los diálogos no se salvan, sobre todo cuando dicen algo como “Te quiero ver el book” o cuando Ana habla con una amiga por teléfono y la amiga retardada ve algo sexual en la expresión “- Me quiere meter en el mundo del cine. - ¿Meter qué? - En el mundo del cine. -¿Meter qué? - ¡En el mundo del cine! No seas guarra”. O algo así, probablemente tengo daños cerebrales y mi memoria me juega malas pasadas.
Lola se encuentra en la cabina con, menuda casualidad casual, su primer amor y no visto desde hace treinta años: Nick. Resulta que se habían querido o algo así, en plan súper cursi, todo color de rosa, bailes horteras por en medio, bañitos en la playa, te querré para siempre, eres mi primer amor, el final del verano y yo con un dolor de huevos que no me aguanto. Pobre Nick. Tenían quince años cuando todo eso ocurrió. Ahora ambos están casados y su vida es vulgar y rutinaria. Además, sabemos por no sé qué razón, que Nick tiene una hija de 23 años, llamada Lola y que es paralítica desde que sufrió un accidente de coche en el que conducía su madre. Esto hace cantar a Nick algo sobre un amor posesivo o qué se yo con una silla de ruedas como elemento dominante sobre el esenario. En serio, ningún sentido.
Por último, tenemos a la condesa viejuna, que va acompañada por una mujer ciega que hace punto. La viejuna condesa conoce en el tren a un tal señor Borrero al que llama señor Borrego, escritor de profesión, y que decide escribir sus memorias y convertirlas en un betseller (no hay errata, es que es así como lo ha dicho el buen hombre). La ególatra y narcisista viejuna de 99 años, 364 días y 22 horas (así de específicos son en la obra, fíjate tú) comienza a relatarle al señor también viejuno su vida, que al parecer solo ha tenido como alicientes cuatro matrimonios, el primero de ellos con un gay buscavidas, Valentín, que la dejó dos días después de casarse en Arabia por un jeque más rico que ella. Del segundo matrimonio me he enterado de poco, solo que era con un tío que hacía gestos obscenos con su lengua constantemente. Este ha sido el momento de mi abandono. Me rindo.
Ah, se supone que todo esto, el viaje y toda la historia, tiene lugar el 11 de abril de 2008. No es un dato muy relevante, creo. De todas formas, a cinco meses vista, yo no tengo muy claro que el AVE a Barcelona vaya a estar completamente operativo para entonces. Je. A ver qué pasa. Por otro lado, el Titanic se hundió el 14 de abril de 1912. No sé por que razón he hecho esa asociación. Me gusta creer que a lo mejor al final mueren todos y la obra da un giro de 180 grados. La verdad, no me importa. Estoy mejor en casa chupándome un dedo y escribiendo, que en el teatro ese que solo me trae malos recuerdos. Yo creo que es la maldición del teatro Nuevo Apolo, porque todo lo que he visto ahí me ha espantado. Y no digo todo lo que ahí se ha estrenado, sino todo lo que yo he visto ahí.
Por otro lado me gustaría destacar la falta de conexión con la actualidad y los usos y costumbres de los jóvenes con lo que podemos ver en la representación. Y eso que la cita escogida para describir la obra en el folleto dice: “Una comedia de hoy al ritmo de los 60″. Nada más falaz. Ni siquiera era una comedia. Lo juro, nadie se ha reído en los cuarenta minutos que yo he presenciado. Eso sí, si eres un romántico/a cursi, fan del Dúo Dinámico o ambas cosas, porque excluyentes no son, debes ir a verla. A lo mejor disfrutas y todo. Yo sigo confiando en la especie humana. No solo por mí y Chavs, que hemos tomado la valiente determinación de abandonar a tiempo, sino porque los que estaban sentados a mi derecha tampoco estaban muy interesados que se diga.
Si a la historia pésima, con las canciones pilladas con alfileres, le sumamos que los actores eran exagerados, poco creíbles y que alguno cantaba mal (que nadie mire a la que hace de condesa viejuna); el resultado es desalentador. No todo podían ser cosas horribles, cierto es, así que también ha habido algo digno de mención-alabanza: el decorado. Estaba bastante bien pensado, ya que las cabinas de los vagones se desplazaban laterlamente, dejando espacio para las actuaciones y distribuyendo la atención.
Lo que más pena me ha dado ha sido que éste era el primer musical al que Chavs asistía. Chavs es músico entre otras cosas, así que imaginad lo que le ha debido doler este crimen sin castigo aparente. Sin duda tendrá que ver más musicales, sobre todo para superar esta mala experiencia. A mí no me ha importado tanto. Puede que sea cierto que tenía el listón un poco alto después de haber visto El fantasma de la ópera, Cats, en Londres; Fosse, también en Londres; y algunó más, entre ellos malillos como el de Siete novias para siete hermanos. No hay listón que valga: el musical era una mierda. Y no es que sea la típica que odia los musicales. Al contrario, es un género que me encanta tanto en películas, como en teatro.
Lo último que tengo que decir es que odio a todos aquellos grupos o artistas trasnochados que no saben cómo sacar rédito de los derechos de unas canciones que hace siglos que nadie escucha y montan un pifostio que te cagas, patrocinado por RENFE (no quiero pensar que la obra o parte de ella se está pagando con fondos públicos) y que, tras una campaña de publicidad medianamente potente, solo ofrecen un producto de mierda, basurero, mal acabado y que es una ofensa para el resto de musicales del mundo, por horribles que puedan llegar a ser.