Archivo | Qué pasa en el mundo RSS feed for this section

Zuckerberg y la política

10 feb

Leo en Gawker que Mark Zuckerberg, fundador y emperador supremo de Facebook, ha promocionado sin querer la campaña de Mitt Romney, uno de los candidatos que actualmente luchan por recibir la nominación del partido republicano para las presidenciales de 2012.

Según la revista, Mark pulsó el botón de «Me gusta» en un artículo que había compartido en Facebook el periodista de «Slate» Farhad Manjoo. Manjoo había hecho un comentario junto con el link del artículo que instaba a mirar el logo de la campaña de Romney tratando de evitar leer la palabra «money» (dinero).

Cuando Zuckerberg le dio a «Me gusta», el artículo automáticamente apareció compartido en su muro, aunque sin el comentario de Manjoo. Sin ese mensaje matizador parecía que Zuckerberg estaba dando su apoyo a Romney y por ende, a sus ideas y propuestas políticas.

La cosa podría haber sido significativamente peor. Mark podía haberle dado a «Me gusta» y compartir así en su muro un artículo sobre prostitución, abuso de menores o maltrato animal que en el camino perderían los comentarios reprobatorios junto a los que fueron compartidos. Eso sí hubiera sido seriamente dañino para su imagen y la de su compañía, algo que no se puede permitir justo ahora, cuando la OPV de Facebook acaba de hacerse pública y la red social está a punto de comenzar a cotizar en Bolsa.

Aún así, la reacción a este «Like» en Facebook han dejado patente que las opiniones de Mark le importan a mucha gente. Para empezar, a todos aquellos que se pararon a comentar el enlace que tan poco tardó en desaparecer del timeline de Zuckerberg. Por lo rápido que lo eliminaron se pueden deducir muchas cosas. Yo prefiero inclinarme por la hipótesis de que todo ha sido un «error de principiante» y que en realidad Mark no apoya a Romney. Pero ¿qué pasaría si lo hiciera?

Si Zuckerberg apoyase a Romney pasaría más bien poco. Tendríamos que acostumbrarnos a la idea. Como decía uno de los comentarios “Money + Money = Money”. Aunque vista chanclas y vaqueros y parezca que está por medio cocer, Zuckerberg sigue siendo uno de los tipos más ricos e influyentes del mundo. Por eso es posible que piense que sus intereses están mejor resguardados por el partido republicano -otros ricos que solo buscan llegar al poder para mantener sus fortunas sin preocuparse mucho por el bien de la mayoría-, por gente que comprende lo que es tener fortuna y gestionarla. Y digo que tendríamos que acostumbrarnos porque ¿qué alternativa tenemos? ¿Darse de baja en Facebook? Ahora mismo, a menos que millones de personas decidieran hacerlo, con la bonanza que vive Facebook no creo que les importase mucho. ¿Vas a vender tus acciones de la compañía? No, porque aún no tienes ninguna. Y a la gente que va a comprar esas acciones les trae al pairo a quién vote Zuckerberg mientras que la compañía siga generando beneficios.

Fuera como fuese, Mark Zuckerberg tiene derecho a tener opiniones. Uno de los comentarios al «like» rezaba «¿No deberías ser apolítico, Mark?». ¿Por qué? Mark no es el Rey de España o cualquier otra persona con un cargo que exija la condición sine qua non de ser apolítico. Mark tiene opiniones y el derecho a expresarlas libremente. Zuckerberg es como Donald Trump (ahora más que nunca) o cualquier otro empresario de alto perfil: tienen dinero y opiniones, y pueden hacer con ellos lo que les da la gana. Siempre que sea legal.

Para mí el ideal de ciudadano bipartisano es aquel que apoya al mejor candidato en ambos partidos. La idea no es que durante las elecciones presidenciales salga elegido sí o sí alguien a quien apoyabas. La finalidad es que, llegue al poder el partido que llegue, tengamos la certeza de que los dos candidatos eran los mejor preparados y los que mejor velarán por los intereses del país. Si yo fuera Zuckerberg también apoyaría a Romney, sobre todo después de ver el panorama de candidatos republicanos. Así, si llegado el momento la mayoría de los americanos vota a ese partido, mi conciencia estaría más tranquila de haber apoyado a Romney antes que a Gingrich, Paul o Santorum.

Esvásticas y los 11 de septiembre, apología de la estrechez de miras

4 feb

Hace unas semanas los medios de comunicación americanos se hacían eco de algo que había ocurrido en Brooklyn: la dueña de una joyería vendía pendientes con forma de esvásticas. Varios políticos locales le pidieron que retirase de la venta las joyas, ya que las consideraban ofensivas. Algo en lo que estaba de acuerdo la comunidad judía local.

El presidente del distrito de Manhattan, Scott Stringer, declaró a Fox News que las esvásticas  son «el símbolo más odioso de nuestra cultura y un insulto para cualquier persona civilizada». Con esto Stringer está llamando incivilizados a los aproximadamente 1.000 millones de personas que creen en el hinduismo, una de las muchas religiones que utilizan la esvástica como un símbolo de buena suerte.

Stringer también dijo que las esvásticas no tienen que ver con la moda y no son un «fashion statement». Tampoco lo es el símbolo del yin y el yang o el om, otro símbolo hindú, pero ambos aparecen constantemente en prendas de ropa, complementos y accesorios, entre ellos pendientes. Y nadie los repudia por ser símbolos que poco aportan a una prenda.

La palabra esvástica procede del sánscrito «suastíka», lo que significa  «muy auspicioso» entre otras muchas cosas. El símbolo, como tal, se utiliza desde varios siglos atrás. Como explica la Enciclopedia Británica, era un símbolo muy extendido en las monedas en la antigua Mesopotamia, fue el signo que el dios escandinavo Thor llevaba en su martillo y aparecía en las primeras piezas de arte de las culturas cristiana y bizantina, donde comenzó a ser denominada cruz gamada.

Todo esto ocurrió mucho antes de que el nazismo de la Alemania de los años 30 se  apropiara del símbolo, condenándolo a cargar, paradójicamente, con una fama funesta en occidente para el resto de los tiempos.

Que la esvástica haya corrido esta mala suerte es una cosa, pero que generaciones y generaciones después nos empeñemos en reducir un símbolo con tanta historia a solo una de sus facetas es una simplicidad atroz. Los adalides de esta corriente son reduccionistas que adolecen de una seria estrechez de miras, tanto hacia el pasado, como hacia el futuro. Con una actitud tan limitada estamos obligando a un grupo de seres humanos que no tienen nada que ver con el Holocausto y las 6 millones de muertes que supuso a tener que ocultar sus símbolos religiosos para no importunar lo que se ha aceptado como “políticamente correcto”. Su actitud raya lo ofensivo y es, sin duda, intolerante.

También es cierto que sería más fácil afrontar este debate si la esvástica hubiera dejado de ser utilizada en la actualidad como símbolo de odio. Recientemente en Nueva York varios establecimientos dirigidos por judíos han sido marcados con esvásticas, lo que explica la especial sensibilidad de la población neoyorkina hacia todo lo que tenga que ver con la cruz gamada.

Pero ¿qué pasaría si el día de mañana un grupo político asesina a millones de personas injustamente, comete delitos de odio o busca la eugenesia de su raza mediante el genocidio de los diferentes y utilizan como símbolo para identificarse una herradura o un trébol de cuatro hojas? Ambos han sido símbolos durante siglos de buena suerte. ¿Estaríamos dispuestos a meter en el baúl de los recuerdos todo ese bagaje cultural solo para no afrontar la cara menos amable de una realidad? Seamos maduros. Apoyemos la cultura, el conocimiento y no desechemos parte de esa herencia solo por considerarla ofensiva. Es ofensiva, sí, pero solo si nos fijamos en una de sus muchas caras. Nunca hay que olvidar la Historia. Nuestro deber es conocerla para que no se repitan sus tragedias y tratar de emular sus logros.

Algo similar ocurre en Estados Unidos con el 11 de septiembre. Desde que en 2001 los aviones secuestrados por Al Qaeda atacasen las Torres Gemelas y el Pentágono, ese día se ha convertido en un símbolo de tragedia. El imaginario cultural americano (y por extensión el occidental) asocia automáticamente todo lo que ha pasado un 11 de septiembre con el sufrimiento del pueblo estadounidense aquel fatídico martes. Uno de los ejemplos más claros de los que he sido testigo tuvo lugar durante la presentación de la película «La piel que habito» en Nueva York. Durante la ronda de preguntas que siguió al pase de prensa, un periodista americano le preguntó a Pedro Almodóvar que por qué uno de los puntos álgidos de la película ocurría un 11 de septiembre (se sabe porque Vera lo anota en la pared) y que si le había querido dar un significado más profundo al relacionarlo con esta fecha. Pedro Almodóvar vino a decir algo así como que el 11 de septiembre es solo un día más y que podía haber sido el 10 o el 12 indistintamente. No había sido premeditado. De todas formas, Almodóvar apostilló que ese era el cumpleaños de su madre, por lo que para él siempre había tenido un significado especial, mucho antes de los ataques.

Sí, siempre habrá días, símbolos y objetos que para unos pocos o para muchos tengan un significado especial. Eso no significa que sean unívocos o que su interpretación deba ser universalizada. Somos 7.000 millones de personas en el mundo, con 7.000 millones de historias y de formas de ver el mundo. Paso a pasado tenemos que dejar atrás el egocentrismo y el etnocentrismo, al igual que en el pasado dejamos de creer que la Tierra era el centro del Universo gracias a la curiosidad y el incansable trabajo de Copérnico. Sigamos su ejemplo y no nos rindamos ante la fuerza del «establishment». Hay que seguir luchando por lo que creemos que es justo, por lo que no beneficia a unos en detrimentro de otros y, sobre todo, por lo que nos ayudará a progresar y crecer.

Para concluir, aquí os dejo un muy recomendable artículo que escribe un chico que viajando por India descubrió la ubicuidad de la esvástica.

Globish: lo que hablamos cuando creemos hablar inglés

18 jul

Lo confieso: he vivido en una ignorancia idiomática hasta hace muy poco. Concretamente, un par de semanas: hasta que un amigo compartió en Facebook un artículo del Financial Times titulado “Something in the way she speaks…“. El autor del artículo, Simon Kuper, se fijaba en el perfecto inglés de Christine Lagarde, actual presidenta del Fondo Monetario Internacional y entonces ministra de Finanzas francesa.

(más…)

Scott Schuman (The Sartorialist) en Madrid

17 nov

Hace poco menos de un año leí en un post de un blog de moda una frase que me pareció un resumen perfecto de lo que es el estilo:

«I am realizing that great personal style is made up of a certain percentage of “always” items and methods, mixed with a certain percentage of “sometimes” fashions, and a certain percentage of “nevers”».

Ese pensamiento, que nació de observar a un neoyorkino que llevaba puestos unos pantalones cortos enrollados, pertenece a Scott Schuman, mejor conocido como The Sartorialist. Hoy Schuman ha pasado el día en Las Rozas Village (Madrid), donde además de encontrarse con los medios de comunicación también ha recibido y firmado libros a sus fans.

Hacía unas semanas que sabíamos que Schuman iba a estar hoy en Madrid, porque así nos lo habían comunicado desde las oficinas de Las Rozas Village. En un primer momento no pensé que fuera a poder acudir porque el máster últimamente no me deja mucho tiempo.

El lunes durante una clase le comenté a María, una compañera que en sus ratos libres consulta The Sartorialist -y lo sé porque se sienta delante de mí y veo su pantalla desde mi asiento-, que si sabía que Scott venía a Madrid. Me dijo que sí, que Martín, otro compañero, también se lo había comentado. Entonces la cosa cambió: si tres compañeros decidimos ir juntos a un evento ya no significa hacer pellas. Así las cosas, se lo comentamos al director del máster, Alfonso Armada. Alfonso nos dijo que escogiéramos la actividad que más nos fuera a reportar: la visita programada del máster o la de Schuman. A Las Rozas que nos hemos ido.

- Imagen extraída de The Sartorialist.

Hemos llegado al Village sobre las 17:30, cuando la cola aún no era casi más que una pequeñísima aglomeración de personas. A cierta distancia ya se podía observar que la gran mayoría eran fashionistas luciendo sus mejores estilismos para la ocasión. La cola ha ido creciendo y la hora de apertura de puertas, prevista para las 18:00, se ha retrasado considerablemente.

Lo peor de todo ha sido enterarnos de que no iba a haber mesa redonda ni coloquio ni nada de lo que nos habían comentado. Todo eso había tenido lugar durante la mañana, así que llegábamos muy tarde. Solo nos quedaba a firma de libros.

Al final hemos entrado a la pequeña sala en la que un afable Schuman esperaba para firmar su recién publicado libro de título homónimo al de su blog. Junto a él estaba sentada Garance Doré, también bloggera de moda y de estilo muy similar al de Schuman. Impoluta camisa blanca, pequeño pin en la solata de la chaqueta azul marino y una sonrisa casi permanente en la cara. Schuman nos ha firmado nuestros libros, hemos tomado las fotos de rigor y nos hemos ido a casa.

Ha sabido a poco, es cierto. Pero por lo menos hemos tenido la oportunidad de ver cómo se maneja en público Scott Schuman. De eso y de hacer pellas… ¡No hay bien que por mal no venga!

Yo Dona: The Sartorialist, en Madrid

Londres estrena cruce

3 nov

¡Atención, atención!

Para todos aquellos que buscan con avidez una excusa para escaparse a Londres a la mínima de cambio, aquí va la última.

Londoncrossing

Londres ha inaugurado un cruce en cruz a imagen y semejanza del famosísimo cruce Shibuya en Tokio. El cruce está entre Oxford Street y Regent Street. El encargado de tal honor ha sido el alcalde de la ciduad, Boris Johnson. La ceremonia estuvo repleta de alusiones a la cultura oriental. Un ejemplo es que el alcalde, en vez de cortar la arquetípica cinta roja con unas enormes tijeras (vaya topicazo), optó en esta ocasión por golpear un enorme platillo con el que abrió la veda para que los caminantes comenzasen a cruzar. Entre esos primeros privilegiados estaban varios figurantes disfrazados de famosos personajes de manga y anime.

_46651370_dsc_0037

Durante el acto, el alcalde declaró: “Este proyecto es el triunfo de la ingeniería británica, la innovación japonesa y el bueno y tradicional sentido común”.

La dinámica es sencilla: cada 90 segundos, todos los juegos de semáforos se pararán. Así, los viandantes podrán cruzar como tradicionalmente se ha hecho o bien atravesando en diagonal.

¡Hala, a ir a Londres!

Fuente: The Times

Fotos: BBC

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 356 seguidores