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Los nuevos anuncios de Louis Vuitton

El domingo abrí el suplemento dominical de un periódico nacional y, mientras hojeaba sus páginas, algo me llamó la atención. Era un anuncio de Louis Vuitton. Lo que captó mi atención fue su estética: una mujer de finos rasgos corta una pieza de piel para preparar un monedero envuelta en una tenue luz. Se supone que esta mujer es una empleada de Louis Vuitton que artesanalmente está creando un monedero.

El anuncio forma parte de una serie de dos anuncios lanzada por la compañía francesa llamados “La joven y los diminutos pliegues” y “La costurera y el hilo de lino a la cera de abeja”.

- Imagen extraída de BryanBoy

Mi primera reacción fue pensar que me gustaría que, en vez de una modelo, la mujer del anuncio fuera una verdadera empleada de un taller de Louis Vuitton. También me pareció muy artificial el escenario creado, no solo por la luz, sino por el tipo de piel, por el corte de ese material, etcétera.

Mi interés por el anuncio duró lo que tardé en pasar de página, pero parece que no fue así para otras personas que lo vieron.

Un par de días después, mientras ojeaba el blog de BryanBoy vi una entrada en la que comentaba lo mucho que le había gustado el anuncio. En concreto se refería a él como “el anuncio más bonito de la marca que había visto nunca”.

Su mención reactivó mi interés por él y una búsqueda me llevó a un artículo de Business Week llamado “Do these Vuitton ads strech too far?” escrito por Carol Matlack.

En el artículo, Carol Matlack comenta la nueva tendencia de la marca por obviar a atractivas modelos mostrando mucha carne para decantarse más por una estética de inspiración vermeeriana. La queja principal de la periodista es que casi ningún producto de LV, salvo los creados en el atelier de Asnières, son hechos a mano; sino que la mayoría son elaborados en fábricas donde hileras de mujeres ensamblan piezas de piel que ya vienen cortadas y, una vez que este proceso está completo, se envían a otro centro donde se añaden las piezas metálicas. Así critica que la publicidad haya perdido el estándar de verdad en sus anuncios y comenta que esto es más molesto cuánto más caros son los productos.

Entre los cultivados comentarios a esta información había opiniones muy interesantes.  DavidMichaelFinePortraits comenta que él comenzaría por obligar a las marcas de productos cosméticos a exponer únicamente la verdad en sus anuncios.

A mí juicio, nos hemos acostumbrado a la falta de correspondencia entre lo que vemos en los anuncios y la realidad. Tanto que ha alcanzado un punto en el que no pedimos cuentas por las flagrantes mentiras que vemos constantemente. Las campañas de publicidad y consumo responsable no proliferan lo suficiente, dejando a los consumidores indefensos ante campañas, algunas inocentes, otras maliciosas.

En el caso de Louis Vuitton, yo prefiero la campaña de la temporada anterior, en la que podemos ver a políticos, deportistas y artistas varios luciendo productos de la marca. Aunque siga siendo publicidad, el mensaje creado es mucho más próximp a la realidad: la gente de éxito puede disfrutar de Louis Vuitton con estilo.

Add comment 19 Diciembre 2009

Agatha Christie y el arqueólogo

Ultimamente en el suplemento Mujer Hoy que regalan con ABC están haciendo una serie de artículos llamados “Musas”. En esta serie se van fijando cada semana en un campo de la cultura (moda, arte, literatura, cine, etcétera) para hablar de las relaciones entre los creadores y sus musas. En estas series, en la parte final hay un pequeños espacio para los “musos”: aquellos que inspiraron a grandes creadoras.

Pues fue aquí y en el capítulo dedicado a la literatura donde encontré algo que me encantó. Agatha Christie, de la que seguro habréis leído algún cuento o novela de misterio, estuvo casada en dos ocasiones. La primera con un golfista golfo que le dio mala vida; la segunda con un arqueólogo 15 años menor. Estaba muy contenta de su relación con el joven arqueólogo, tanto que se la recomendaba a otras mujeres de su edad de la siguiente manera:

“Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrarás”.

Ironía en estado puro. Me recordó a esos chistes de los colmos. Pues bien, igual que el arqueólogo se debía casar con una pieza de museo de historia seguro que se os ocurren otros ejemplos de parejas curiosas, pero no imposibles.

Add comment 28 Julio 2008

El traje nuevo del emperador

Hoy, que no estoy muy feliz por diversas causas, me dispongo a escribir sobre otro cuento de Andersen. Ayer ya os hablé de La Reina de las Nieves, cuento que supuso mi primer contacto con el autor. Ahora, que he leído 5 cuentos suyos -además del ya citado también están El traje nuevo del emperado, La princesa y el guisante, El patito feo y El firme soldadito de plomo- tengo una perspectiva mucho mejor sobre la forma de ver el mundo de Andersen: profunda, pero sencilla; directa, pero con una globalidad que es difícil de explicar.

En El traje nuevo del emperador he encontrado mucho más conocimiento sobre la naturaleza humana, sobre lo que somos y cómo nos comportamos que en cualquier estudio de sociología o antropología -tampoco es que conozca muchos, pero este cuento les da mil vueltas-.

La historia de este emperador al que dos bribones engañan -a él y a toda su corte- es harto conocida. No hay infancia si no se ha escuchado este cuento. Pero también es harto conocido que si relees una historia pasado un largo tiempo, lo que te transmite es muy diferente. Un emperador demasiado preocupado por las ropas que viste es convencido por dos supuestos tejedores de que le van a coser el traje más bello del mundo, confeccionado con las mejores telas y cosido con el hilo más precioso. La tela es, además de única y hermosa, invisible para todos aquellos que sean tontos o que no merezcan el cargo que ostentan.

Pues bien, el emperador no es tan tonto como parece. El pobre emperador -al margen de ser un poco narcisista, derrochador y arrogante- vive en un entorno en el que las apariencias son esenciales y en el que ser tonto o no merecerse el cargo que uno ocupa son verdaderos problemas.

Me encanta cómo van pasando dieferentes personas por el taller de los tejedores -un taller vacío- y todos salen diciendo que el traje es precioso y que la tela es magnífica. El miedo a no estar a la altura hace que caer en la trampa sea fácil. Mientras lo leía me preguntaba: ¿qué haría yo en ese caso? Y es que no sé si tendría la fuerza y el valor suficiente para asumir la verdad, por muchas implicaciones negativas que tenga. ¿Qué es lo que pasa? Que aunque parezca más fácil reconocer la teórica ineptitud propia, todo el que tenga dos dedos de frente y cierto conocimiento de cómo funcionan las relaciones sociales -sobre todo el qué dirán- optaría por la opción difícil que al final sí que hace ver que eres idiota. Muy complejo, un gran dilema. Por eso, al final, en primero en romper el círculo vicioso es un niño, desde su inocencia, el que se asombra al ver al emperador desnudo y lo grita bien alto, para que todos los que se estaban guardando sus pensamientos bajo llave se den cuenta de que no son tontos, sino que han sido engañados.

Al terminar de leerlo recordé que una vez un profesor se refirió al emperador que va en pelotas para ilustrar la hipocresía de los gobiernos respecto ciertos hechos antes los que se ponen de acuerdo y crean una verdad.

Tengo la necesidad de poner unas líneas extraídas de la wikipedia:

La historia es una fábula o apólogo con un mensaje de advertencia: Sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea; o también: No existen las preguntas estúpidas.

Las expresiones El traje nuevo del emperador y El emperador va desnudo se usa a menudo en alusión al cuento de Andersen, la metáfora indica una situación en la que una amplia (y usualmente sin poder) mayoría de observadores decide de común acuerdo compartir una ignorancia colectiva de un hecho obvio, aun cuando individualmente reconozcan lo absurdo de la situación. Una metáfora de lo contrario, en la que cada individuo insiste en su propuesta a pesar de las evidencias de los demás puede encontrarse en la historia de Los ciegos y el elefante.

Aquí el cuento, por si queréis leerlo online.

3 comments 20 Mayo 2008

La reina de las nieves

Con eso de que me voy a Dinamarca estoy entrando en contacto con su cultura y su idioma. Ayer, sin ir más lejos, pasé la tarde escuchando varias radios danesas. Aunque no entendí nada, por lo menos la música que ponían no era mala. Otro día os hablaré de lo diferentes que me han parecido sus informativos. Tan acostumbrada al ritmo de los españoles y algunas características de la producción, estos me han parecido sosos.

Bueno, lo que hoy nos ocupa es que estoy leyendo los cuentos de Hans Christian Andersen. Cuando era pequeña, mi abuela me regaló una colección de libros de cuentos. Uno de esos libros era de Andersen y en él estaban cuentos tan famosos como La reina de las nieves, La princesa y el guisante -este cuento se merece una seria revisión-, El traje nuevo del emperador o El patito feo. Todos ellos son muy breves. Hoy me he leído La reina de las nieves y sobre él os voy a hablar.

La reina de las nieves es un cuento sobre dos niños, Gerda y Kay. Kay, un niño inocente y bueno, cambia repentinamente de comportamiento y actitud. Este cambio se debe a que un pedacito de un espejo creado por el demonio para recrearse en el mal del mundo entra en su ojo y otro pedacito en su corazón. Mientras Kay juega con su trineo, la Reina de las Nieves entra en contacto con él y se lo lleva a su reino. Gerda, su gran amiga, no acepta su marcha repentina; así que se decide a buscar a Kay por todo el mundo hasta encontrarlo y devolverlo a su hogar.

El cuento trata sobre el bien, el mal y como estos se materializan en las personas. En gran medida, esos aspectos están muy determinados por la concepción religiosa que el autor da a la historia. La religión, Dios, el diablo, la oración y la redención están constantemente presentes a lo largo del cuento.

Algo que me ha gustado es la cantidad de personajes que tiene el cuento, a pesar de su brevedad. La hija del bandido -que me ha recordado a cierta persona, pues duerme siempre con su cuchillo en la mano-, la lapona, la finlandesa, la abuela, los animales personificados como la corneja o el reno; y los protagonistas.

Cuando he terminado de leerlo he pensado en La Odisea, ya que hay muchas concomitancias entre ambos cuentos. Así, Kay es Ulises, Gerda es Telémaco y la abuela es Penélope. La Reina de las Nieves puede ser cualquiera de las personas o seres que retienen a Ulises, yo me inclino más por Calipso. La telemaquia de Gerda es patente ya que emprende el viaje de búsqueda del ser querido, viaje prácticamente igual al del primero, pero sin encontrarse hasta el final de la historia. Por supuesto, no es una historia paralela, ni calcada; pero la referencia me ha parecido clara.

El cuento es bonito, sobre todo tierno. Me hubiera gustado más sin referencias religiosas, pero ya se sabe: nadie es perfecto. Por otro lado, me gusta la idea de la devoción a una persona, me ha gustado el comentario de la hija del bandido a Kay: “Me pregunto si te mereces que te vayan buscando hasta el fin del mundo” y me ha gustado, por encima de todas las cosas, la ironía de Andersen. El autor debía ser un cachondo. Por ejemplo, para explicar la inteligencia superior de una princesa dice que ha leído todos los periódicos del mundo y los ha olvidado; o cuando, hablando de la corneja silvestre, explica que no podrá acompañar más a Gerda en su viaje porque desde que tiene un cargo en la Corte y comida en abundancia sufre de fuertes dolores de cabeza.

Add comment 20 Mayo 2008

“El extranjero” de Camus

Hoy es el día del libro, así que, además de haberme plantado mi camiseta en la que se puede leer “Reading is sexy”, siento la obligación de hablar sobre literatura.

El último libró que acabé fue El extranjero, de Albert Camus. Lo acabé hará ya un par de semanas; pero por alguna extraña razón no me había parado hasta hoy a escribir sobre él. A lo mejor me lo estaba reservando.

Este ha sido para mí un libro curioso de leer. A pesar de ser muy breve, he tardado meses en leerlo. La verdad es que últimamente le estoy dedicando muy poco tiempo a la lectura -a toda la lectura, incluso a la de apuntes-. Aunque no por eso significa que no pensase en él: de vez en cuando, la historia de Meursault volvía a mí, espontáneamente. Pensaba en su madre, en su frialdad, en su forma de relacionarse con otras personas, en su extraño comportamiento, en Marie. Todo eso que Camus solo nos deja atisbar y que, por medio de nuestra imaginación o conocimientos antropológicos, tenemos que extrapolar.

Meursault es un hombre solitario, parco de palabra e imprevisible. Vive su vida como un espectador, dejándola pasar y sin sentir nada, solo viendo pasar lo que ocurre. Por ello, este personaje tan extraño me ha llegado mucho. Yo soy un poco Meursault en ciertos momentos. Yo dejo que la vida me pase por delante y prácticamente le digo adiós con un gesto de la mano, porque no me salen las palabras. También me siento muchas veces extranjera, fuera de lugar, ajena a lo que veo y a lo que vivo. Puede que la identificación sea un factor de atracción-repulsión que haya influído en la forma en que he leído este libro.

Meursault lleva una vida vulgar, aburrida, monótona, rutinaria, sin alicientes. Nada cambia cuando una bella mujer se enamora de él y tampoco parece cambiar cuando, sin explicación aparente, asesina a un “moro” (como ellos dicen) y por esa razón será juzgado y condenado. Él sigue viviendo igual, con la mente en un lado diferente a aquel en el que está su cuerpo.

Me gusta Camus, me gusta mucho. Me encanta que sea descriptivo hasta el agotamiento y que consiga crear personajes tan extremos, tan poco convencionales, tan fuertes. No os he hablado nunca de La peste, pero si algo breve puedo adelantar es que es, con diferencia, una de las mejores novelas que he leído en mi vida.

Un tema que se aborda en El extranjero es el de la perspectiva, sobre todo durante el proceso en el que se juzga a Meursault. El fiscal, a parte de ser un poco carroñero y escarba-basuras, consigue hacer ver a todo el jurado que Meursault es un hombre despiadado, malo, cruel: un asesino sanguinario e irracional que no se merece vivir en sociedad. Algo que dista bastante de lo que conocemos del personaje. Y a esto se suma la incapacidad total de Meursault por valerse de la empatía -ver las cosas desde la perspectiva de otro, identificarse con otro- para saber cómo va a reaccionar aquel que escucha sus palabras, sus alegatos de defensa. Por lo que la perspectiva, la forma de ver la realidad, la percepción de la verdad y su cruel inexistencia como elemento absoluto; nos muestra que los hombres, lo queramos o no, seamos o no como Meursault, estamos solos. Solos en nuestra forma de ver.

Me atrevo a recomendar este libro a todo a cualquiera, sobre todo porque, como ya he dicho, es rápido y fácil de leer -aunque a mí se me atragantase-; y porque cada uno puede ver una historia radicalmente diferente. La cruel perspectiva de nuevo. Si este no os convence, leed La peste. Seguro que no os arrepentiréis.

Por cierto, cosas de la vida, últimamente veo a mucha gente en el autobús con este libro; sobre todo chicos jóvenes. A lo mejor es una lectura obligatoria en el colegio. Qué curioso me parecería que eso fuera así.

Add comment 23 Abril 2008

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