Hoy he vuelto a tener clase de danés tras el cambio de semestre y el parón vacacional que me tomé hace unas semanas.
Poco ha cambiado: sigo teniendo al mismo profesor, lo cual me alegra -si no fuera por él habría dejado el danés hace tiempo-; estudiamos el mismo libro y vamos casi por la misma página donde lo dejé en enero.

Cuando he llegado a clase no había nadie, así que he ido a buscar a Mads quien me ha dicho que sí era ahí, pero que como nunca sabía quién iba a venir cada día, tendríamos que esperar. Un poco más tarde de las 09:30 han llegado otros dos alumnos. Hasta ese momento, Mads me ha puesto al día sobre lo que han estudiado últimamente y me ha dado un libro que mis compañeros están leyendo y que acabo de terminar.
Durante la clase hemos estudiado las partes del cuerpo y, cada vez que salía una parte diferente, Mads también nos daba algunas expresiones relacionadas. Por ejemplo, hemos aprendido a decir “palamadita en el hombro” (en skulder klap) y “corte de manga” (at give fingeren). Cuando hemos llegado al codo, nos ha dicho que hay una expresión muy despectiva en danés: “at have spidse albuer”. Significa “tener los codos afilados” y se aplica, obviamente, a la gente que quiere ascender en la vida y en su carrera sin preocuparse de apartar a todos de su camino. Los trepas, en otras palabras. Esta expresión está relacionada con la idea de que esté mal visto asomar la cabeza en la cultura escandinava, aparentar superioridad o creerse diferente, mejor.
Hace unos días ley un artículo sobre la Ley de Jante en wikipedia. Esta ley aparece dentro de la novela En flygtning krydser sit spor (Un refugiado sobre sus límites) del autor Aksel Sandemose. Aquí retrató su ciudad a principios del siglo XX y en ese retrato insertó algunas ideas sobre cómo relacionarse apropiadamente en esa sociedad que aparentemente luego fueron asimiladas por toda la cultura escandinava como una faceta más de la igualdad extrema que buscan en su seno.
La Ley de Jante en realidad está formada por 10 normas diferentes:
- No pienses que tú eres especial.
- No pienses que tú estás a la misma altura que nosotros.
- No pienses que tú eres más listo que nosotros.
- No pienses que eres mejor que nosotros.
- No pienses que sabes más que nosotros.
- No pienses que eres más importante que nosotros.
- No pienses que eres bueno en nada.
- No te rías de nosotros.
- No pienses que preocupas a alguien.
- No pienses que tú puedes enseñarnos algo.
Mads ha comenzado a hablar del asunto y, como era nuestro descanso, pues hemos tenido 20 minutos para discutir el tema. Los dos chicos se han ido, pero otra chica norteamericana que ha llegado un poco más tarde se ha quedado. Para condensar parte de la mentalidad escandinava sobre la igualdad, Mads ha escrito lo siguiente en la pizarra:
enshed (semejanza) = lighed (igualdad) = harmoni (armonía)
Así, solo si hay semejanza podrá haber igualdad y solo si hay igualdad puede lograrse la armonía. Lo diferente, en todos los aspectos, está mal visto. Mads ha añadido que además esta es la idea que domina la política de inmigración del país y que por eso, el país exige un alto grado de asimilación (como saber danés a nivel casi nativo) para poder obtener la nacionalidad. Aunque en muchos casos (casi en todos), lograr la nacionalidad nunca implique una verdadera integración. Para enfatizar esta idea os comentaré algo que a mí me llamó mucho la atención: la palabra danesa para “inmigrante” es “invadrer” y es que a los inmigrantes se los ve en ciertas esferas como invasores.
Hemos continuado hablando sobre cómo este requisito de igualdad casi extrema afecta a otras facetas de la vida danesa. De algún modo hemos llegado a la comida, ya que la limitada y homogénea alimentación de los daneses es algo que llama la atención a simple vista según se llega al país. En todos los restaurante sirven lo mismo y, a nivel de supermercados, en todos se pueden encontrar los mismos productos a precios exactamente iguales. Y es que en Dinamarca hay solo dos empresas que controlan todo el sector de los supermercados. Así, supermercados de diferente gama pertenecen a una misma empresa que se puede permitir marcar los precios y, como la otra compañía no tiene la intención de destacar o de quedarse corta (ser diferente), los precios acaban siendo uniformes en todo el sector.
Así parece que la ausencia de competencia es algo valorado por los daneses. Y es cierto que, en cierta medida, los daneses parecen clones. Llevan la misma ropa, conducen la misma bicicleta, se alimentan exactamente igual, todos comen el mismo tipo de pan con mantequilla por las mañanas; y eso solo a nivel superficial. Todos los estudiantes reciben la misma cantidad de dinero del Estado, independientemente de su situación económica.
Así, con un profundo dilema sobre si la diferencia es necesaria o innecesaria, buena para una sociedad o perjudicial, me he quedado el resto de la clase. Es obvio que hay aspectos en los que la igualdad es más que una necesidad: un derecho y un deber. Pero otras en las que parece tan fascista y tan corto de miras que me asusta. No hay más que mirar simultáneamente a Dinamarca y España, países con posiciones radicalmente opuestas en casi todo; y ver en qué aspectos cada uno funciona mejor que el otro. No seré yo quién lo haga ahora, pero me quedo con las ganas.
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