Archive for Marzo 2009

Mentalidad danesa

Hoy he vuelto a tener clase de danés tras el cambio de semestre y el parón vacacional que me tomé hace unas semanas.

Poco ha cambiado: sigo teniendo al mismo profesor, lo cual me alegra -si no fuera por él habría dejado el danés hace tiempo-; estudiamos el mismo libro y vamos casi por la misma página donde lo dejé en enero.

Cuando he llegado a clase no había nadie, así que he ido a buscar a Mads quien me ha dicho que sí era ahí, pero que como nunca sabía quién iba a venir cada día, tendríamos que esperar. Un poco más tarde de las 09:30 han llegado otros dos alumnos. Hasta ese momento, Mads me ha puesto al día sobre lo que han estudiado últimamente y me ha dado un libro que mis compañeros están leyendo y que me acabo de terminar.

Durante la clase hemos estudiado las partes del cuerpo y, cada vez que salía una parte diferente, Mads también nos daba algunas expresiones relacionadas. Por ejemplo, hemos aprendido a decir “palamadita en el hombro” (en skulder klap) y “corte de manga” (at give fingeren). Cuando hemos llegado al codo, nos ha dicho que hay una expresión muy despectiva en danés: “at have spidse albuer”. Significa “tener los codos afilados” y se aplica, obviamente, a la gente que quiere ascender en la vida y en su carrera sin preocuparse de apartar a todos de su camino. A los trepas, más o menos. Esta expresión está relacionada con la idea de que esté mal visto asomar la cabeza en la cultura escandinava, aparentar superioridad o creerse diferente, mejor.

Hace unos días ley un artículo sobre la Ley de Jante en wikipedia. Esta ley aparece dentro de la novela En flygtning krydser sit spor (Un refugiado sobre sus límites) del autor Aksel Sandemose. Aquí retrató su ciudad a principios del siglo XX y en ese retrato insertó algunas ideas sobre cómo relacionarse apropiadamente en esa sociedad que aparentemente luego fueron asimiladas por toda la cultura escandinava como una faceta más de la igualdad extrema que buscan en su seno.

La Ley de Jante en realidad está formada por 10 normas diferentes:

  1. No pienses que eres especial.
  2. No pienses que estás a la misma altura que nosotros.
  3. No pienses que eres más listo que nosotros.
  4. No pienses que eres mejor que nosotros.
  5. No pienses que sabes más que nosotros.
  6. No pienses que eres más importante que nosotros.
  7. No pienses que eres bueno en nada.
  8. No te rías de nosotros.
  9. No pienses que preocupas a alguien.
  10. No pienses que puedes enseñarnos algo.

Mads ha comenzado a hablar del asunto y, como era nuestro descanso, pues hemos tenido 20 minutos para hablar del tema. Los dos chicos se han ido, pero otra chica norteamericana que ha llegado un poco más tarde se ha quedado. Para condensar parte de la mentalidad escandinava sobre la igualdad, Mads ha escrito lo siguiente en la pizarra:

enshed (semejanza) = lighed (igualdad) = harmoni (armonía)

Así, solo si hay semejanza podrá haber igualdad y solo si hay igualdad puede lograrse la armonía. Lo diferente, en todos los aspectos, está mal visto. Mads ha añadido que además esta es la idea que domina la política de inmigración del país y que por eso, el país exige un alto grado de asimilación (como saber danés a nivel casi nativo) para poder obtener la nacionalidad. Aunque en muchos casos (casi en todos), lograr la nacionalidad nunca implique una verdadera integración. Para enfatizar esta idea os comentaré algo que a mí me llamó mucho la atención: la palabra danesa para “inmigrante” es “invadrer” y es que a los inmigrantes se los ve en ciertas esferas como invasores.

Hemos continuado hablando sobre cómo este requisito de igualdad casi extrema afecta a otras facetas de la vida danesa. De algún modo hemos llegado a la comida, ya que la limitada y homogénea alimentación de los daneses es algo que llama la atención a simple vista según se llega al país. En todos los restaurante sirven lo mismo y, a nivel de supermercados, en todos se pueden encontrar los mismos productos a precios exactamente iguales. Y es que en Dinamarca hay solo dos empresas que controlan todo el sector de los supermercados. Así, supermercados de diferente gama pertenecen a una misma empresa que se puede permitir marcar los precios y, como la otra compañía no tiene la intención de destacar o de quedarse corta (ser diferente), los precios acaban siendo uniformes en todo el sector.

Así parece que la ausencia de competencia es algo valorado por los daneses. Y es cierto que, en cierta medida, los daneses parecen clones. Llevan la misma ropa, conducen la misma bicicleta, se alimentan exactamente igual, todos comen el mismo tipo de pan con mantequilla por las mañanas; y eso solo a nivel superficial. Todos los estudiantes reciben la misma cantidad de dinero del Estado, independientemente de su situación económica.

Así, con un profundo dilema sobre si la diferencia es necesaria o innecesaria, buena para una sociedad o perjudicial, me he quedado el resto de la clase. Es obvio que hay aspectos en los que la igualdad es más que una necesidad: un derecho y un deber. Pero otras en las que parece tan fascista y tan corto de miras que me asusta. No hay más que mirar simultáneamente a Dinamarca y España, países con posiciones radicalmente opuestas en casi todo; y ver en qué aspectos cada uno funciona mejor que el otro. No seré yo quién lo haga ahora, pero me quedo con las ganas.

1 comment 24 Marzo 2009

Cumpleaños a la danesa

Acabo de volver de un cumpleaños danés. El cumpleañero es un amigo danés llamado Christoffer. Hoy era su vigésimo segundo aniversario y, por esa razón, ha organizado una pequeña reunión en su casa.

Cuando ayer nos avisó dijo que su madre iba a estar ahí y que había preparado pan, pastas, pastel y todo ello bañado de chocolate caliente con nata. Cuando he llegado ya estaba todo preparado. En la mesa había varios platos con panecillos recién horneados y, junto a ellos, la mantequilla y la mermelada. También había platos de pastas danesas -toma topicazo- y una pequeña jarra de cacao caliente. Me he sentado en un sofá bajo la ventana, al lado de otras dos estudiantes internacionales: Katelynn, de EE. UU.; y Jess, de Australia. Willy, midad danés, mitad brasileño, ha hecho de traductor e intérprete durante la merienda. Debo decir que todo estaba buenísimo.

Cuando ha llegado el momento de la tarta, la madre de Chris la ha decorado con varias banderas danesas y es que aquí es tradición sacar la bandera danesa en los cumpleaños. En la tarta había tres banderitas, las servilletas tenían banderas y Chris iba vestido de rojo y blanco.

Primero hemos cantado el “Cumpleaños feliz” en inglés y luego, la delegación danesa, ha cantado una de las múltiples canciones de cumpleaños en danés que aparentemente existen. Esta, de la cual se sienten muy orgullosos -en palabras de la madre de Chris-, consistía en una estrofa que se repite cuatro veces. Cada una de esas veces el cambio introducido es un intrumento musical y en cada parte, al final, hay que hacer el sonido de ese instrumento. He tratado de buscar en YouTube la canción, pero no he encontrado nada.

Para ampliar conocimientos, diré que “Feliz cumpleaños” en danés es: Tillykke med Fødselsdagen!

Después de la tarta y las canciones, Chris ha abierto algunos de sus regalos. Uno era un planning hecho por dos de sus amigas para el día de mañana, lleno de actividades codificadas tras nombres de asignaturas; y el segundo era un maillot de ciclista de los que solo tienen tirantes. Ese ha sido el regalo de su padre. Para hacer la coña le hemos dicho que se lo pusiera y el tío ha ido y se lo ha puesto. Nos hemos hecho unas fotos de grupo -él con el maillot- y luego nos ha enseñado su cuarto, en el que tiene muchas de las fotografías que tomo en su viaje de seis meses por Asia. Después de ver todas las fotos ha llegado la hora de partir.

Nos hemos despedido y le hemos agradecido el buen ambiente y la acogida con una frase muy danesa: Det var hyggeligt! Traducida significa algo así como “Ha sido encantador” o muy íntimo, agradable, acogedor. Es una expresión difícilmente traducible por completo porque implica gratitud y, si no la utilizas, pareces querer transmitir que el anfitrión no se ha esforzado suficiente.

Ahora estoy haciendo tiempo en casa hasta las 21, hora en la que empieza otro cumpleaños, pero esta vez en mi piso. La cumpleañera es Magnolia, una de mis compañeras. Es turca y la verdad es que nos acabamos de presentar porque, entre unas cosas y otras, no nos habíamos visto antes. Cuendo le he dicho mi nombre me ha comentado: “Ah, ¡María! He oído hablar mucho de ti. Pero no te había visto antes. ¿Qué raro, no?”. Tras una breve explicación me ha dicho que va a ser más una reunión con comida y pastel, así que me parece una oportunidad genial para conocer un poco mejor a mi compañera de piso.

Dos cumpleaños en un día. Mi nivel de glúcidos va a acabar por las nubes.

Add comment 17 Marzo 2009

Vida erasmus

¿Sabéis que muchos erasmus dicen que, tras volver a sus lugares de origen, se dan cuenta de que su vida es un coñazo y que nunca van a pasárselo tan bien como durante la beca? ¿Sabéis que acaban comparando sus vidas reales con sus vidas de erasmus y que siempre sale perdiendo la vida real?

Ayer hablaba del tema con un chico que está justo en esa situación: ya ha vuelto a casa y dice que sus amigos lo molestan, que lleva diez años pasando todo el tiempo con la misma gente y que quiere cambiar, probar nuevos aires. Que no conoce a nadie que en pleno invierno haga una guerra de mangueras de agua y que echa de menos esa diversión. El primer pensamiento que me surgió tras escuchar esto fue de pena, porque es muy duro que alguien necesite un revulsivo de este calibre para ver la realidad de las cosas. Y luego pensé que era normal, si no se conoce ese tipo de diversión y, repentinamente, se asocia con un momento y un lugar que no vas a poder experimentar de nuevo.

Ahora mi perspectiva: mi vida erasmus es un coñazo comparada con mi vida real. Y no es que mi vida erasmus sea aburrida ni poco interesante, es que no tiene parangón comparada con mi vida real, porque está llena de gente genial y de cosas que hacer. No puedo pensar en mejores amigos, mejores compañeros de clase, mejores compañeras de equipo, una mejor familia. Y claro, si ya tengo lo mejor, ¿qué aspiro a encontrar en otro lugar? Pues sucedáneos, a lo sumo.

Cuando le comenté esto mismo a ese chico me dijo que era afortunada. Lo sé.

Maskeradebal

Y a todo esto se suman mis experiencias de las últimas tres noches. Cuando la fiesta prometía ser apasionante, intensa, hasta altas horas de la madrugada; no pasa de ser un baile de máscaras vulgar, como el que habríamos organizado en Korallen en un momentito y mucho más barato; o un festival de música del tres al cuarto con bandas sin batería o grupos irlandeses que tocan 3 horas hasta que la gente, motivada al principio, acaba odiándolos. Así es la vida en Dinamarca, pura desmesura. ¿Dónde quedó el aprecio por el equilibrio?

2 comments 15 Marzo 2009


 

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