Archive for Mayo 2008

El traje nuevo del emperador

Hoy, que no estoy muy feliz por diversas causas, me dispongo a escribir sobre otro cuento de Andersen. Ayer ya os hablé de La Reina de las Nieves, cuento que supuso mi primer contacto con el autor. Ahora, que he leído 5 cuentos suyos -además del ya citado también están El traje nuevo del emperado, La princesa y el guisante, El patito feo y El firme soldadito de plomo- tengo una perspectiva mucho mejor sobre la forma de ver el mundo de Andersen: profunda, pero sencilla; directa, pero con una globalidad que es difícil de explicar.

En El traje nuevo del emperador he encontrado mucho más conocimiento sobre la naturaleza humana, sobre lo que somos y cómo nos comportamos que en cualquier estudio de sociología o antropología -tampoco es que conozca muchos, pero este cuento les da mil vueltas-.

La historia de este emperador al que dos bribones engañan -a él y a toda su corte- es harto conocida. No hay infancia si no se ha escuchado este cuento. Pero también es harto conocido que si relees una historia pasado un largo tiempo, lo que te transmite es muy diferente. Un emperador demasiado preocupado por las ropas que viste es convencido por dos supuestos tejedores de que le van a coser el traje más bello del mundo, confeccionado con las mejores telas y cosido con el hilo más precioso. La tela es, además de única y hermosa, invisible para todos aquellos que sean tontos o que no merezcan el cargo que ostentan.

Pues bien, el emperador no es tan tonto como parece. El pobre emperador -al margen de ser un poco narcisista, derrochador y arrogante- vive en un entorno en el que las apariencias son esenciales y en el que ser tonto o no merecerse el cargo que uno ocupa son verdaderos problemas.

Me encanta cómo van pasando dieferentes personas por el taller de los tejedores -un taller vacío- y todos salen diciendo que el traje es precioso y que la tela es magnífica. El miedo a no estar a la altura hace que caer en la trampa sea fácil. Mientras lo leía me preguntaba: ¿qué haría yo en ese caso? Y es que no sé si tendría la fuerza y el valor suficiente para asumir la verdad, por muchas implicaciones negativas que tenga. ¿Qué es lo que pasa? Que aunque parezca más fácil reconocer la teórica ineptitud propia, todo el que tenga dos dedos de frente y cierto conocimiento de cómo funcionan las relaciones sociales -sobre todo el qué dirán- optaría por la opción difícil que al final sí que hace ver que eres idiota. Muy complejo, un gran dilema. Por eso, al final, en primero en romper el círculo vicioso es un niño, desde su inocencia, el que se asombra al ver al emperador desnudo y lo grita bien alto, para que todos los que se estaban guardando sus pensamientos bajo llave se den cuenta de que no son tontos, sino que han sido engañados.

Al terminar de leerlo recordé que una vez un profesor se refirió al emperador que va en pelotas para ilustrar la hipocresía de los gobiernos respecto ciertos hechos antes los que se ponen de acuerdo y crean una verdad.

Tengo la necesidad de poner unas líneas extraídas de la wikipedia:

La historia es una fábula o apólogo con un mensaje de advertencia: Sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea; o también: No existen las preguntas estúpidas.

Las expresiones El traje nuevo del emperador y El emperador va desnudo se usa a menudo en alusión al cuento de Andersen, la metáfora indica una situación en la que una amplia (y usualmente sin poder) mayoría de observadores decide de común acuerdo compartir una ignorancia colectiva de un hecho obvio, aun cuando individualmente reconozcan lo absurdo de la situación. Una metáfora de lo contrario, en la que cada individuo insiste en su propuesta a pesar de las evidencias de los demás puede encontrarse en la historia de Los ciegos y el elefante.

Aquí el cuento, por si queréis leerlo online.

3 comments 20 Mayo 2008

La reina de las nieves

Con eso de que me voy a Dinamarca estoy entrando en contacto con su cultura y su idioma. Ayer, sin ir más lejos, pasé la tarde escuchando varias radios danesas. Aunque no entendí nada, por lo menos la música que ponían no era mala. Otro día os hablaré de lo diferentes que me han parecido sus informativos. Tan acostumbrada al ritmo de los españoles y algunas características de la producción, estos me han parecido sosos.

Bueno, lo que hoy nos ocupa es que estoy leyendo los cuentos de Hans Christian Andersen. Cuando era pequeña, mi abuela me regaló una colección de libros de cuentos. Uno de esos libros era de Andersen y en él estaban cuentos tan famosos como La reina de las nieves, La princesa y el guisante -este cuento se merece una seria revisión-, El traje nuevo del emperador o El patito feo. Todos ellos son muy breves. Hoy me he leído La reina de las nieves y sobre él os voy a hablar.

La reina de las nieves es un cuento sobre dos niños, Gerda y Kay. Kay, un niño inocente y bueno, cambia repentinamente de comportamiento y actitud. Este cambio se debe a que un pedacito de un espejo creado por el demonio para recrearse en el mal del mundo entra en su ojo y otro pedacito en su corazón. Mientras Kay juega con su trineo, la Reina de las Nieves entra en contacto con él y se lo lleva a su reino. Gerda, su gran amiga, no acepta su marcha repentina; así que se decide a buscar a Kay por todo el mundo hasta encontrarlo y devolverlo a su hogar.

El cuento trata sobre el bien, el mal y como estos se materializan en las personas. En gran medida, esos aspectos están muy determinados por la concepción religiosa que el autor da a la historia. La religión, Dios, el diablo, la oración y la redención están constantemente presentes a lo largo del cuento.

Algo que me ha gustado es la cantidad de personajes que tiene el cuento, a pesar de su brevedad. La hija del bandido -que me ha recordado a cierta persona, pues duerme siempre con su cuchillo en la mano-, la lapona, la finlandesa, la abuela, los animales personificados como la corneja o el reno; y los protagonistas.

Cuando he terminado de leerlo he pensado en La Odisea, ya que hay muchas concomitancias entre ambos cuentos. Así, Kay es Ulises, Gerda es Telémaco y la abuela es Penélope. La Reina de las Nieves puede ser cualquiera de las personas o seres que retienen a Ulises, yo me inclino más por Calipso. La telemaquia de Gerda es patente ya que emprende el viaje de búsqueda del ser querido, viaje prácticamente igual al del primero, pero sin encontrarse hasta el final de la historia. Por supuesto, no es una historia paralela, ni calcada; pero la referencia me ha parecido clara.

El cuento es bonito, sobre todo tierno. Me hubiera gustado más sin referencias religiosas, pero ya se sabe: nadie es perfecto. Por otro lado, me gusta la idea de la devoción a una persona, me ha gustado el comentario de la hija del bandido a Kay: “Me pregunto si te mereces que te vayan buscando hasta el fin del mundo” y me ha gustado, por encima de todas las cosas, la ironía de Andersen. El autor debía ser un cachondo. Por ejemplo, para explicar la inteligencia superior de una princesa dice que ha leído todos los periódicos del mundo y los ha olvidado; o cuando, hablando de la corneja silvestre, explica que no podrá acompañar más a Gerda en su viaje porque desde que tiene un cargo en la Corte y comida en abundancia sufre de fuertes dolores de cabeza.

Add comment 20 Mayo 2008

Cínica: cada vez más

cínico, ca

(Del lat. cynĭcus, y este del gr. κυνικός).

1. adj. Que muestra cinismo (desvergüenza). Mirada, alegría cínica. Apl. a pers., u. t. c. s.

2. adj. Impúdico, procaz.

3. adj. Se dice de cierta escuela que nació de la división de los discípulos de Sócrates, y de la cual fue fundador Antístenes, y Diógenes su más señalado representante. U. t. c. s.

4. adj. Perteneciente o relativo a esta escuela.

5. adj. desus. desaseado.

De aquí voy a cinismo:

cinismo

(Del lat. cynismus, y este del gr. κυνισμός).

1. m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.

2. m. Impudencia (descaro, desvergüenza), obscenidad descarada.

3. m. Doctrina de los cínicos (pertenecientes a la escuela de los discípulos de Sócrates).

4. m. desus. Afectación de desaseo y grosería.

Y, como sé que la filosofía de los cínicos no tenía nada que ver con lo que hoy aludimos al referirnos a ellos, aquí una pequeña explicación tal y como aparece en la Wikipedia:

Reinterpretaron la doctrina socrática considerando que la civilización y su forma de vida era un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía era de hecho el verdadero bien. De ahí el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz. Figuran en esta escuela, además de los ya citados, Crates de Tebas, discípulo de Diógenes, su esposa Hiparquía, y Menipo de Gadara.
Por otra parte, el uso moderno sugiere la definición de cínismo como la de una disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo.

Pobres cínicos, qué mala imagen ha dado de ellos el tiempo y el mal uso de la memoria.

¿Que por qué soy cada vez más cínica? Imagino que puede ser por lo de la desvergüenza a la hora de mentir y por la creciente procacidad, manifestada en el atrevimiento. Cada vez hago más cosas que antes creí que hiciera.

El otro día una amiga me dijo que mi actitud ante algo había sido cínica. Mal uso de la palabra. En realidad creo que quería decir hipócrita. Eso sí. Cuando me dijo que había sido cínica me sorprendió, no por la palabra ni porque me lo tomase como una ofensa. Me gusta que me llamen cosas que suenen bien, aunque sean feas. Me sorprendió porque yo tenía en buena estima a los cínicos y ella lo dijo en tono de reproche ligero. Me hizo quedarme con la palabra en la cabeza. De nuevo, pobres cínicos.

Add comment 19 Mayo 2008

Ahora que no veo con los ojos

La misma historia se va a repetir,

solo que esta vez lo veo venir.

No me va a pasar como entonces,

cuando me pilló desprevenida, desarmada.

Lo que una vez sentiste es difícil de olvidar.

Me alejo de lo que tengo delante para entender

y ahora sí sé que antes o después tenía que suceder.

So plant a thought and watch it grow

Wind it up and let it go

-Glen Hansard en Lies (Once OST)

Add comment 18 Mayo 2008

Sueños son

Yo no suelo recordar mis sueños. Es algo a lo que ya estoy más que acostumbrada, aunque me da un poco de pena y es que cuando recuerdo un sueño suele ser tan curioso, caótico, sin sentido y divertido; que me encantaría recordar lo que sueño siempre.

- Ofelia, John Everett Millais (1852)

Pues bien, ayer y hoy he recordado lo que he soñado. Bueno, uno de los múltiples sueños que teóricamente tenemos a lo largo de la noche. Probablemente hayan sido en ambas ocasiones los dos últimos sueños de la noche. Procedo a relatarlos. Si alguien interpreta sueños o algo así, por favor, no me digáis que estoy loca, eso ya lo sé.

Primero, el sueño que recuerdo haber tenido la noche del miércoles al jueves.

En el sueño yo estaba en mi clase haciendo un examen. Era el examen de Periodismo Especializado y, cuando me daban la hoja con las preguntas, me daba cuenta de que ni siquiera tenía los apuntes de la asignatura y de que no conocía la materia. A mi lado estaba Jim Halpert, quien debía ser un compañero de clase y bastante empollón, porque respondió a las preguntas rápidamente y en el espacio dado. Cuando terminó, como yo no tenía ni idea, le pedí que me dejase su examen y que luego lo entregaría yo con el mío. Por alguna extraña razón no había profesor en clase ahora; aunque sí recuerdo que antes lo había visto, porque era Carlos, mi médico. Me costó convencer a Jim, pero al final accedió y yo, en agradecimiento, le di un abrazo. Jim se fue y yo me quedé en clase. Cuando iba a empezar a copiar el examen, apareció el profesor y se puso justo delante de mí. Empezó a preguntarme por mis amigos de Barcelona, esos que habían estado en África y que habían vuelto con un virus. Le dije que ya estaban curados y que se lo habían pasado muy bien. Toda la conversación me había estado esforzando por esconder la segunda hoja que tenía bajo mi examen, ya que el espacio estaba limitado a una hoja; por lo que una segunda era más que sospechosa. Cuando al final se fue, seguí copiando; pero me di cuenta de que algo fallaba -no recuerdo el qué-, así que me levanté y fui a la mesa del profesor a por otra hoja. Como no había, salí del áula y seguí al profesor, que de nuevo se había largado. Cuando salí del áula no di a parar en el pasillo, sino en la calle, concretamente en la entrada de una casa con una verja alta. La puerta estaba abierta, así que entré. En el camino hacia el porche me encontré mi disquetera, una nueva que me regalaron en el trabajo, llena de cedés. Estaba tirada en el suelo. La recogí y seguí caminando. Cuando llegué a la mesa del jardín, ahí estaba el maletín del profesor. Lo abrí, saqué unas hojas, pero ninguna era la oficial de la Universidad; así que me volví a clase. En clase, encontré los folios según entré. Tomé uno, me senté y comencé a copiar el examen. Al cabo de un rato, ya lo había terminado; así que lo entregué, junto con el de Jim. Fin de la historia.

Para que lo entendáis mejor, ese día había tenido un examen, pero era de Tecnología de la Información, nada que ver. La casa a la que entré no me suena de nada y Jim Halpert es uno de los protagonistas de la serie “The Office”. El áula en la que estaba era en la que estudio actualmente y no tengo ningunos amigos de Barcelona que hayan estado en África ni que hayan pillado ningún virus.

Ahora, el sueño de ayer, noche del jueves al viernes. De este recuerdo un poco menos, pero lo que recuerdo me ha roto. En el sueño, por alguna extraña razón estaba comiendo dulces y mi teléfono era como una chocolatina, blando y delicioso. Comencé a comérmelo, dando pequeños mordiscos. Empecé por la esquina inferior izquierda y seguí subiendo. De repente, me di cuenta de que estaba comiéndome partes esenciales para que el teléfono desempeñase su función, así que me escupí en la mano lo que tenía en la boca y seleccioné entre los trozos los que me parecieron importantes: un trozo de altavos, un poco de pantalla y algo más. Los trozos parecían rotos cuando en realidad habían sido mordidos, por el tipo de sección que los limitaba. Cuando terminé de escoger, me metí el resto en la boca y seguí masticando. Fin del sueño.

¿Qué me pasa, doctor? ¿Tengo cura o me van a dar por perdida? :) Es broma, nunca le presto mucha atención a los sueños, ni intento descifrar sus mensajes. Solo me gusta recordarlos por lo absurdo de sus historias y porque me encantan como pequeños momentos de locura transitoria.

¡Lo que daría por recordar todos mis sueños!

2 comments 16 Mayo 2008

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