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Psiquiátrico La Barranca
Ayer no tuvimos nada mejor que hacer que irnos doce personas a un psiquiátrico abandonado en La Barranca.
Sabíamos que íbamos a subir desde hace unos días y la verdad es que tenía ganas. No soy cagueta, pero me encanta que me den sustos y gritar y pasarlo mal. Me divierto un montón, así que el plan me apetecía muchísimo.
Lo organizamos todo para ir el sábado por la noche. Habíamos quedado con unos amigos que conocían el lugar y que nos guiaron hasta allí.
Cuando estuvimos delante del psiquiátrico, sin haberlo visto aún, O’Grady paró el coche, sacó la mano por la ventanilla y señaló arriba en la colina. Ahí estaba el edificio. Impactante, tétrico, derruido, enorme. Para acceder a él solo había que pasar por encima de una valla que un día medía un par de metros. Tras cruzar la valla ya estábamos en el recinto del psiquiátrico.

La de anoche fue una noche oscura, cerrada y nebulosa; aunque la niebla no era densa.
Fuimos caminando acercándonos al edificio y mientras reconociendo la zona. Había muchos contenedores de basura y algunos graffitis en las paredes, uno de ellos con la forma de un hombre y a tamaño real. Ese fue el primer susto.
Avanzamos un poco más y ya estábamos en una de las múltiples puertas de acceso. Justo antes de llegar a la puerta, una de las chicas dijo haber visto luz en una de las ventanas. No le dimos más importancia, aunque fue la primera señal.
Entramos, por fin. Reconocimos el primer piso, subimos al segundo, dimos una vuelta, subimos por la escalera de incendios al tercero; y desde ahí bajamos al primero de nuevo para pasar al otro edificio. Entramos en el anexo, lo inspeccionamos, bajamos a la planta baja en la que había un pasadizo estrecho y bajo por el que entramos. Volvimos a salir, subimos a la segunda planata y pasamos hacia el otro edifico por donde estaban conectados.
Al llegar al otro edificio empezamos a oir voces y a ver cosas extrañas como espuma de pelo en el suelo y sobre dos maderos colocados a modo de cruz. No le dimos importancia, más de la necesaria. De repente, escuchamos unos coches que venían. Ambos pararon, estuvieron un rato mirando, uno dio la vuelta y se fue y el otro se quedó. Teníamos visita. Mientras mirábamos lo que hacían los coches, unas brasas calleron desde el piso de arriba por un agujero en el suelo. Justo calleron sobre la espuma y empezó a arder. Marta estaba cagadita de miedo. Chavi, para tranquilizarla, le dijo algo. Marta se calmó un poco.
Decidimos que, como había alguien en el edificio, lo mejor era largarse y no molestar. Bajamos hasta la primera planta, salimos y nos reunimos en la entrada. Decidimos buscar las cremadoras que estaban en el sótano. O’Grady creía recordar que estaban cerca de la primera entrada. Cuando íbamos a entrar, vimos un cigarro en una ventan en la oscuridad. Así quedó claro que había alguien y que debíamos irnos. Se empeñaron en entrar. Entramos, reconocimos la zona, vimos que había algo así como una sala de proyecciones y luego salimos a la terraza. Caminamos a lo largo de la terraza y cuando volvimos a entrar en el edificio alguien tiró un ladrillo, gritaron y pasaron corriendo a nuestro lado. No los conocíamos, así que nos pusimos a cubierto y, cuando se habían ido, salimos corriendo del edificio. Volvíamos a estar fuera, esta vez cagaditos. Miramos dentro y vimos luces que se movían y se acercaban. Corrimos fuera, saltamos la valla y, tras alguna reflexión que otra y mucho ruido por parte de los intrusos, volvimos a los coches.
No sé cómo pasó exactamente, pero me metí en el coche y esperé a que todos estuvieran cerca. Marta abrió la puerta, pero no se metió. Eso ya fue sospechoso. Los agitadores bajaron. Eran amigos de Dany y nos lo habían preparado todo para que pasásemos miedito. ¡Qué gran trabajo hicieron! Habían llegado un rato antes y lo habían preparado todo. La pena fue que por la lluvia, muchas de las tretas no habían funcionado; pero aún así estuvo muy bien.
Nada de lo que había ocurrido ahí dentro tenía que ver con fenómenos paranormales. Digo esto porque hasta los de Cuarto Mileno han grabado un programa sobre este lugar. En la red he encontrado la página Mundo Parapsicológico, en la que podéis leer un artículo (no os creáis ni la mitad) sobre lo que se ve y se oye en este psiquiátrico.
La verdad es que tengo ganas de volver un día, pero con luz, para reconocer el lugar y verlo con más profundidad, sobre todo porque no subimos a la torre ni vimos la videoteca. Y, por si fuera poco, me han contado que por la zona hay varios edificios abandonados como este y que se pueden visitar. Volveré, os lo aseguro.
7 comments 20 Abril 2008
