Archive for Abril 2008
Gandía 2008
En unas horas estáre en Gandía.
Como se está conviertiendo en costumbre -éste es el cuarto año que voy-, el puente de mayo nos bajamos hasta la costa valenciana para jugar al voley playa, salir mucho de fiesta y pasar unos días de relax-acción antes de los exámanes finales.

Aunque este año muchas de las personas que solían venir se han rajado por diversos motivos, seguro que lo pasaremos bien, ya que los recambios han sido muy positivos. Esto es todo un piropo para Marta, Blanca, Ana, Hugo, Montse y su novio Javi.
Por cierto, que vamos a hospedarnos en el Hotel San Luis, con su metre loco de la vida que no nos deja sentarnos a 3 en una mesa de 4 y que camina bailando con su bigotillo siempre saltando encima de su pequeña boca.
De lo que más ganas tengo es de bañarme en el mar y de rodar en la arena, en plan croqueta; y que me dé mucho el sol. Y coger un poco de fuerzas para la que me viene encima desde el día 14 de mayo.
Voy a estar fuera hasta el domingo, así que no podré actualizar el blog. ¡Ohhh! Seguro que me váis a echar mucho de menos. Ya, que no me lo creo ni yo, ¿no?
¡Hasta pronto!
Add comment 29 Abril 2008
San Agustín de Guadalix
El domingo fuimos a comer a este pueblo de Madrid, cerca de la sierra de Guadarrama.
El pueblo es pequeño, aunque está en expansión. Según lo ves desde la carretera, lo más alto que puedes distinguir son grúas de construcción; y eso solo significa crecimiento, nuevas casas, nuevos vecinos, más infraestructuras.

Está a 34 kilómetros del centro de Madrid por la carretera de Burgos (A-1) y la verdad es que se tarda poco en llegar.
Lo que más me gustó del pueblo es que desde el pueblo se puede acceder a una sierra pequeña, pero muy bonita; atravesada por el río Guadalix y en la que se pueden ver pozas naturales, alguna cascada pequeña y un entorno muy agradable para pasear y pasar el rato. Aquí una ruta por si queréis hacer senderimos por la zona, donde además podréis encontrar el único cañón fluvial de la Comunidad de Madrid.
Mientras paseabamos iba pensando en cuánto me gusta la montaña, los parques, caminar, la naturaleza en general. Sobre todo cuando hay agua y árboles. Me emociono y lo paso genial. Creo que debo dedicar más tiempo a esta faceta.
Aquí la página del Ayuntamiento y aquí el artículo del pueblo en la wikipedia.
Add comment 29 Abril 2008
Lo que cada país tiene que decir
Estábamos hoy en el programa haciendo la sección “Éramos tan jóvenes”, en la que ponemos una película más o menos antigua y contamos de qué va, quiénes son los personajes y lo que se nos ocurra; cuando han contado algo que me ha parecido más que curioso.

Pues bien, hoy tocaba Regreso al futuro. Mítica. Película de 1985, año en el que una marca americana de ropa, Calvin Klein, aún no era conocida por todo el mundo. Por eso, en la escena en la que Marty McFly (Michael J. Fox) es visto semi-desnudo por la que es su madre. Ésta le dice que le deben llamar “Levi” porque su nombre es Levis Strauss. Marty pregunta por qué dice eso y ella responde que es lo que pone en sus calzoncillos. Pues bien, en español tuvimos que traducir como Levis Strauss aquella marca que por entonces no era para nada conocida por estos lares.
Qué curioso, he pensado. Pues bien, es que la cosa no queda ahí: en muchos otros países ocurrió lo mismo, pero con traducciones diferentes. Ejemplos: en Francia, en vez de ser calzoncillos de cK, eran de Pierre Cardin; en Italia, eran de Liberto. Esto nos lo cuentan en el artículo “Cosas curiosas al traducir las películas” en el blog Paquito4Ever y en Tepasmas.com.
En el artículo de la wikipedia sobr el película podéis leer otras curiosidades sobre la película, como que el hombre que conduce la camioneta a la cual Marty se agarra para ir a la escuela (a la que finalmente llega tarde y el sr. Strickland le castiga) es Steven Spielberg (con una gorra verde). Por ejemplo.
Add comment 27 Abril 2008
La fiesta del árbol
Menudo fiestón que nos pegamos ayer. Estuvimos casi 8 horas en Colmenarejo bebiendo, riendo, tostándonos al sol, saltando a la comba, jugando al balón gigante, compitiendo en la gymkana… De todo!
La fiesta del árbol. Nunca había estado, pero está claro que habrá que repetirlo.
Como casi siempre, la cosa comenzó quedando para comprar alcohol y llegando todos tarde. Bueno, todos menos Nacheras y yo. Yo hubiera llegado tarde si Nacho no me llega a llamar y decirme que fuera ya al Burgo porque él ya había salido de trabajar. Casi una hora que estuvimos esperando al resto de pelotudos. Compramos, comimos en el Burger -craso error- y cogimos el coche para ir hacia Colmenarejo.
El trayecto fue de coña. Le cogí el coche a mi padre, porque es un “mecherillo”. Lo malo es que no es muy potente y para subir la carretera de El Escorial le faltaba bastante potencia. Así, nos vimos 5 personas en el coche, 3 de ellas chicos bastante grandecitos, y subiendo por una carretera casi de puerto, con sus curvas y su paraje silvestre mientras escuchábamos a los Creedence. Fue el momento más country de nuestras vidas, os lo aseguro.
No tardamos nada en llegar a la Universidad Carlos III. Aparcamos casi en la puerta -sí, señor-, descargamos y caminamos un trecho hasta donde estaba la fiesta. Primera impresión: esto va a ser un coñazo. Había poca gente, la música era bastante mala y parecía que íba a ser como un botellón normal, pero en Colmenar-lejos. Además, acabábamos de comer y por mucho hueco que tratásemos de hacer, ahí no entraba nada.
No tardamos en acomodarnos en un lugar cómodo. Desde donde nos colocamos se veía una zona acordonada -a modo de escena del crímen, pero en grande-, en la que iba a haber una gymkana. Dijimos que menudos locos tenían que ser los que se pusiesen a participar en eso delante de todo el mundo y pedísimo. Por la boca muere el pez, ¿no? Luego los organizadores estaban haciendo promoción y pasaban cerca de los grupos gritando por un megáfono que el premio para el equipo ganador sería un barril de Heineken. Carol, que estaba a mi lado, me dijo “¿Quién va a querer un barril de gérmenes?”. Creo que no me pude reir más en todo el día. Qué bueno fue.
Al poco, llegó el resto: los amigos de Xavi.
No serían más de las 16:00 cuando Humberto, compañero de Xavi de la Universidad, llega y nos dice: “¡Ey, chicos! Nos he apuntado a la gymkana, nos llamamos Jarra y pedal”. La madre que lo parió, efectivamente nos había apuntado a la gymkana. Al principio lo odiamos, luego se lo agradeceríamos, aunque no de palabra; porque la verdad es que mereció la pena.
La gymkana consistía en tres pruebas: carrera de sacos -un clásico-, tirar de la cuerda (contra el otro equipo y a ver quién pasaba antes la línea) y el duro, pero a escala gigante, con una pelota de casi 60 cm. de diámetro. Fue un descojone. Aunque perdimos la carrera de sacos, el resto de las pruebas las ganamos. Bueno, qué ganar, ¡arrasamos! Lo mejor fue el premio: ese barril de cerveza de 5 litros que el equipo levantó como si hubiesen ganado la Champions League.
Después de festejar a lo grande la victoria cogimos la pelota gigante y nos pusimos a jugar a una especie de voleibol extremo con ella. Al poco tiempo se nos habían unido todos los locos del lugar y jugar era un caos, pero muy divertido. Además, Dani era el encargado de la bola y cada vez que se iba a tomar per cloisters o alguién le pegaba una patada fuerte, solo había que mirar su cara.
Cuando uno de los cientos de personas a los que les tiramos el mini o golpeamos con el bolón nos la quitó y se acabó la diversión, empezamos a hacer el gañan, a rociarnos con bebidas gaseosas o a hacer exploraciones por el monte para ver hasta dónde llegaba la fiesta. En una de esas, vimos una caja de plástico con una napolitana en el suelo. Estaba al lado de una pareja, así que no podíamos cogerla y largarnos sin más. Así que pasamos al lado y dije: “Una napolitana”. Al poco me la estaba comiendo. ¡Qué maja la parejita! ¡Qué loco H! Y luego queríamos también sus patatas y hasta el bocata, pero eso ya era pasarse. ¡Menuda hambre!
Empezaba a oscurecer y se oían voces preguntando cuándo nos íbamos. Había que animar el cotarro y qué mejor que coger una cuerda que estaba anudada a un árbol y utilizarla para saltar a la comba. Esto ya fue lo último. La gente, sobre todo chicas, se acercaban a nosotros y nos pedían entrar. Llegamos a estar 5 dentro saltando a la vez en una comba de no más de 4 metros. Fue increíble. Lo peor fue devolver la cuerda, porque en el camino hacia su dueño, me encontré con un chico que me dijo: “Por favor, átame, átame fuerte y haz conmigo lo que quieras”. No me lo podía creer. Me escabullí como pude, dejando la cuerda en el maletero del dueño; pero el chico me hizo cogerla de nuevo y atarlo. Cuando lo había atado, dejé un cabo suelo y le dije a uno que pasaba por ahí “Perdona, sujeta esto un momento”. El chico lo sujetó y yo me largué. ¡Ahí os quedáis!
La fiesta se estaba acabando y, como es mejor retirarse en alto, nos fuimos. Por el camino decidimos ir a cenar todos juntos al Telepi del Heron. Así que ya véis lo bien que me alimenté ayer, typical american way: fast food.
Cuando pienso en lo bien que me lo estoy pasando últimamente en estas fiestas y que el año que viene no voy a estar aquí me entra una especie de nostalgia anticipada. ¿Qué se le va a hacer? Seguro que en Roskilde hay buenas fiestas también. O eso espero…
1 comment 25 Abril 2008
“El extranjero” de Camus
Hoy es el día del libro, así que, además de haberme plantado mi camiseta en la que se puede leer “Reading is sexy”, siento la obligación de hablar sobre literatura.

El último libró que acabé fue El extranjero, de Albert Camus. Lo acabé hará ya un par de semanas; pero por alguna extraña razón no me había parado hasta hoy a escribir sobre él. A lo mejor me lo estaba reservando.
Este ha sido para mí un libro curioso de leer. A pesar de ser muy breve, he tardado meses en leerlo. La verdad es que últimamente le estoy dedicando muy poco tiempo a la lectura -a toda la lectura, incluso a la de apuntes-. Aunque no por eso significa que no pensase en él: de vez en cuando, la historia de Meursault volvía a mí, espontáneamente. Pensaba en su madre, en su frialdad, en su forma de relacionarse con otras personas, en su extraño comportamiento, en Marie. Todo eso que Camus solo nos deja atisbar y que, por medio de nuestra imaginación o conocimientos antropológicos, tenemos que extrapolar.

Meursault es un hombre solitario, parco de palabra e imprevisible. Vive su vida como un espectador, dejándola pasar y sin sentir nada, solo viendo pasar lo que ocurre. Por ello, este personaje tan extraño me ha llegado mucho. Yo soy un poco Meursault en ciertos momentos. Yo dejo que la vida me pase por delante y prácticamente le digo adiós con un gesto de la mano, porque no me salen las palabras. También me siento muchas veces extranjera, fuera de lugar, ajena a lo que veo y a lo que vivo. Puede que la identificación sea un factor de atracción-repulsión que haya influído en la forma en que he leído este libro.
Meursault lleva una vida vulgar, aburrida, monótona, rutinaria, sin alicientes. Nada cambia cuando una bella mujer se enamora de él y tampoco parece cambiar cuando, sin explicación aparente, asesina a un “moro” (como ellos dicen) y por esa razón será juzgado y condenado. Él sigue viviendo igual, con la mente en un lado diferente a aquel en el que está su cuerpo.
Me gusta Camus, me gusta mucho. Me encanta que sea descriptivo hasta el agotamiento y que consiga crear personajes tan extremos, tan poco convencionales, tan fuertes. No os he hablado nunca de La peste, pero si algo breve puedo adelantar es que es, con diferencia, una de las mejores novelas que he leído en mi vida.
Un tema que se aborda en El extranjero es el de la perspectiva, sobre todo durante el proceso en el que se juzga a Meursault. El fiscal, a parte de ser un poco carroñero y escarba-basuras, consigue hacer ver a todo el jurado que Meursault es un hombre despiadado, malo, cruel: un asesino sanguinario e irracional que no se merece vivir en sociedad. Algo que dista bastante de lo que conocemos del personaje. Y a esto se suma la incapacidad total de Meursault por valerse de la empatía -ver las cosas desde la perspectiva de otro, identificarse con otro- para saber cómo va a reaccionar aquel que escucha sus palabras, sus alegatos de defensa. Por lo que la perspectiva, la forma de ver la realidad, la percepción de la verdad y su cruel inexistencia como elemento absoluto; nos muestra que los hombres, lo queramos o no, seamos o no como Meursault, estamos solos. Solos en nuestra forma de ver.
Me atrevo a recomendar este libro a todo a cualquiera, sobre todo porque, como ya he dicho, es rápido y fácil de leer -aunque a mí se me atragantase-; y porque cada uno puede ver una historia radicalmente diferente. La cruel perspectiva de nuevo. Si este no os convence, leed La peste. Seguro que no os arrepentiréis.
Por cierto, cosas de la vida, últimamente veo a mucha gente en el autobús con este libro; sobre todo chicos jóvenes. A lo mejor es una lectura obligatoria en el colegio. Qué curioso me parecería que eso fuera así.
Add comment 23 Abril 2008

