Acabo de terminar de leer De ratones y hombres y estoy hundida. ¿Qué harías por un sueño? ¿Cómo reaccionarías si por culpa de una tercera persona todas tus esperanzas y expectativas se derrumbasen frente a ti? En esa tesitura me ha puesto la novela de John Steinbeck y es esa tesitura la que causa el gran dilema del lector, que choca con la fría firmeza del protagonista.
Nunca hubiera esperado de una novela tan breve el encontrar esta intensidad, profundidad y complejidad.

La obra nos cuenta una historia sencialla: Lenny y George viajan juntos. Son muy diferentes, pero la vida los ha unido desde jóvenes. George es inteligente, frente a Lenny que, pese a ser un buenazo, tiene cierto retraso. Lenny es inocente, irreflexivo e impulsivo; lo que mezclado con su fuerza implica peligro y dolor. Y George se ve obligado a hacerse cargo de Lenny, a ser el responsable de ambos, a tomar las decisiones y a ser un nómada por culpa de los actos de Lenny. Hasta que se cansa.
También tengo que decir que el desarrollo de la historia engaña. Va pausada, progresando tranquilamente y con serenidad hasta que alcanza un punto de inflexión y comienza a caer estrepitósamente, a toda velocidad, hacia el desastre. Por eso es magnífica, por el cambio de ritmo que sorprende y engancha a partes iguales.
Se podría decir que esta es una novela de descripciones. Todos los capítulos comienzan con una detallada descripción del entorno, del ambiente, del paisaje; aludiendo bucólicamente a sensaciones placenteras y relajantes. De las descripciones saltamos a la acción, de forma que las sensaciones encontradas realzan los anhelos de los protagonistas: vivir tranquilos y libres, independientes de cualquier capataz. Ser felices, en definitiva. Un gran sueño que es factible aunque pende de un hilo. El problema es que quien tiene las tijeras nunca sabe lo que hace.
Nunca había oído hablar de este libro hasta que Sawyer, de Perdidos, dice haberlo leído; Ben lo parafrasea en su presencia e incluso puede que le sirva como referencia para su forma de actuar. De ahí nació mi interés en un primer momento. Por eso y porque mi compañera Carmen me dijo que era un gran libro. Y si alguien suele tener buen criterio hay que tenerlo en cuenta. Siguiendo el hilo de Sawyer, en la Lostpedia (no me lo podía creer, pero era necesaria, sin duda) hay un artículo sobre la novela en el que aparecen las semejanzas entre argumentos, sobre todo en el capítulo “Every man for himself“:
Uno de los momentos más desgarradores de la historia está relacionado con el perro de Candy. Si no sientes compasión por Candy, si no te compadeces de él, del animal; y si no odias a Carlson por ello no tienes corazón. ¡Estás muerto!
Por cierto, que en el blog The List Universe lo citan como el séptimo clásico que en algún momento fue prohibido de mayor calidad literaria. Interesante. El Ulises de Joyce está el primero. Joe, ¿hasta cuándo voy a posponer su lectura?

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