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Crítica al periodista: ¿cuándo es justa?
La profesión del periodista está generalmente minusvalorada y es con mucha frecuencia despreciada. Es por eso que son habituales viñetas cómicas sobre el periodismo. Muchas veces tienen más razón que un santo. Otra veces se quedan en lo superficial o se fijan solo en los malechores de la profesión.

Hay cienes de casos en los que se acusa a los periodistas de todos los males del mundo, en los que se los responsabiliza de no hacer una buena labor, no contrastar sus fuentes, seguir a pies juntillas y sin rechistar los mandatos de su medios, su línea editorial. Es cierto que esto ocurre. De hecho, hay páginas muy interesantes dedicadas al control y la crítica del periodismo. Una de ellas es Malaprensa. Pero unos cuantos casos de incorreciones, imprecisisones o reflejos de ineptitud total no pueden hablar sobre toda una profesión, sobre 3.000 personas que se dejan los cuernos por, en la medida de lo posible, responder a los intereses de sus lectores, de crear buenas informaciones, comprensibles y bien estructuradas, de aclarar situaciones complejas, desenredar la actualidad y hacer un hilo fácil de seguir.
Por otro lado, surge el fenómeno cada vez más preponderante del periodismo ciudadano. Algunos de vosotros ya habéis reflexionado sobre él en otras ocasiones. Como es el caso de La Gacetilla Literaria, de Samuel, en su artículo Educación, periodismo y política. Hay incluso páginas dedicadas a todo lo que lo concierne, como Periodismo Ciudadano. Pues bien, el periodismo ciudadano es, según la Wikipedia inglesa (citando un artículo de We Media), el acto de los ciudadanos de jugar un papel activo en el proceso de recolección, análisis y distribución de noticias e información. La finalidad de esta participación ciudadana es ofrecer información independiente, de confianza, precisa, amplia y relevante tal y como una democracia requiere.
Sin duda el periodismo ciudadano supone mil problemas, uno de los más claros la falta de profesionalidad de quienes elaboran los contenidos. Pero a mi parecer tiene aspectos positivos, como la libertad total de expresión y el no estar sujetos a formas de hacer de grandes medios, acostumbrados a autocensurarse, a obedecer a pesar de no creer en lo que les obligan a hacer, decir o escribir. Así, creo que el periodismo ciudadano en sí mismo no es peligroso para la profesión, ni siquiera alarmante. Lo que espero que sea es un revulsivo para el periodismo acomodado: todos y cada uno de los periodistas que informan desde las noticias de agencia, sin contrastar, sin dotar la información de cercanía y comprensibilidad para el lector; esos son los que van a tener que corregir sus formas de hacer si el periodismo ciudadano sigue presionando.

1 comment 21 Noviembre 2007