Archive for 24/10/07

Dados

La suerte está en todas partes, solo hay que saber buscarla. Yo trato de llevarla encima con mi tatuaje: un dado.

Fotografía: Chema Madoz

Una vez tuve que explicarle a un amigo por qué me había hecho un tatuaje y por qué había elegido un dado. Lo cierto es que no soy la típica persona que desde que cumple trece años quiera un tatuaje o que haya querido un piercing desesperadamente; por eso sorprendió mucho que quisiese hacerme un tatuaje y algo tan concreto como un dado. La verdad es que mi dado es muy sencillo, lo dibujé yo misma, que no soy muy ducha con el lápiz; así que no es más que un pequeño dado del que solo vemos tres caras: el 1, el 3 y el 5; los números impares, que además suman 9, mi número favorito.

Bueno, el hecho es que un día, sin saber cómo, decidí que quería llevar un dado siempre en la piel, porque conmigo ya lo hacía desde hace muchos años: un dado en el estuche y un dado muy pequeño que me regaló un amigo, que llevé durante años en la cartera. Ambos los conservo, por supuesto, pero ya no siento la necesidad de llevarlos a todos lados. Para mí, un dado representa el azar, lo que es esperable, porque entra dentro de las posibilidades que te ofrece la vida, aunque desconoces cuál de ellas va a resultar. Un dado tiene 6 caras y siempre sale una de esas seis, pero nunca sabes cuál. Ese es mi azar, el tener las cosas más o menos previstas, pero no saber cuál de ellas va a ocurrir. La sorpresa, lo inesperado; pero siempre dentro de las opciones que tú te marcas. Además, elegí una combinación de caras que suman 9 y que se puede lograr sin incluir número par alguno, que no me gustan nada, son cursis y redondos; muy repelentes. Los impares molan, siempre incompletos, siempre buscando eso que les falta, sin parar, sin conformarse. Je!

Una cosa que no sabía hasta ayer era que la palabra azar procede del árabe y que en esa lengua significaba “dado” y “flores”.

Solo para completar la historia diré que me hice el tatuaje el día de mi 19 cumpleaños y que esa noche me abrieron el coche y se llevaron un par de sudaderas, un chaleco, dinero, unas gafas de sol y alguna cosilla más que llevaba en el maletero; así que ahí os dejo la paradoja. También comentar que no le dije a mis padres que me había hecho un tatuaje, porque no les gustan nada y tampoco me apetecía joder. Pero en la Nochevieja de ese año pillé a mi madre por banda un rato antes de salir de casa hacia la cena de la familia y le dije: “Mamá, para empezar el año con buen pie y sinceridad te diré que me he hecho un tatuaje”. Fue muy divertido, porque fui con tan buena voluntad que no me dijo nada. Solo me pidió verlo y nada más. Mi padre lo vió casi dos años después, un día que estaba tumbada en casa con los pies sobre la mesa y si no lo veía se lo comía. Solo me preguntó “¿Es eso un tatuaje?”. Respondí que sí y ahí quedó la cosa. La verdad es que mi tatuaje es pequeño, pero es una monada y casi imperceptible. Y es casi imperceptible porque lo quería para mí, no para que significase nada para los demás.

1 comment 24 Octubre 2007


 

Comentarios recientes

Juanjo Madueño en Scott Schuman (The Sartorialis…
Ana en Scott Schuman (The Sartorialis…
Juanjo Madueño en Sesión doble: “Sunshine …
Carlos R en Plegarias atendidas de Truman…
Señor Verde en Sesión doble: “Sunshine …

Blogroll

Blogs amigos

Esenciales

Entradas recientes

Posts Más Vistos

Categoría Nube

Actualidad Arte y diseño Cine Citas Cosas bonitas Cosas feas Curiosidades Deportes Erasmus Espectáculos Estados de ánimo Gastronomía Generalidades Historias Internet Lecturas Lugares con encanto Música Ocio Otras culturas Palabras Pensamientos Periodismo Proyectos Qué pasa en el mundo Teatro y representaciones Tecnología TV Viajes Vídeos

Archivos