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Boda en Valencia
Acabo de regresar de Valencia, donde ayer, sábado, se celebró la boda de mi tía Lydia con Paco, un tío muy majo al que no sé dónde conoció; pero sé que se dedica a la ebanistería y que es muy cariñoso con ella.
Se casaron en la Masía Xamandreu, a las afueras de Valencia en un pueblo que se llama Godella. La masía era muy bonita, pintada en amarillo vainilla y verde oliva; y tenía unos jardínes que la rodeaban y que, además de estar muy bien cuidados y preparados para la ocasión, creaban un ambiente íntimo muy agradable. La capilla donde se celebró el enlace también está dentro de la masía, así que una vez que llegamos allí ya no tuvimos que trasladarnos hasta la vuelta al hotel, que estaba a solo 5 minutos.
Lo pasamos bien, sobre todo porque los encargados de organizar la boda y los camareros dieron mucho juego. Alguna anécdota dejaron… Por ejemplo, cuando ya estábamos todos los invitados en los bancos de la capilla vino uno de los organizadores hablando por el micrófono y apretándose el pinganillo a la oreja para escuchar mejor. Estaban buscando a alguien, alguien importante para la comitiva que entra justo antes que la novia. El señor miraba alrededor y entre la gente, pero no encontraba a quien buscaba hasta que se dió la vuelta para irse y justo ve detrás de él a un chico con chaqué, mi hermano Julián, y le dice: “Caballero, lo estábamos buscando. Acompáñeme”. Se lo llevó sujeto del brazo, como a un detenido, y es que el comienzo de la boda se estaba retrasando en parte por su culpa y en parte porque otro organizador le había dicho antes a mi hermano que se fuera hacia la capilla. Vamos, que lo marearon un poco.
La comida estuvo muy bien y el baile de después también, aunque yo no pude disfrutarlo todo lo que me hubiera gustado porque algo me sentó muy mal y pasé vomitando toda la noche, desde la una de la madrugada y hasta las 10 de la mañana, a intervalos de una hora, hora y media. Así que imaginad lo bien que lo pasé. Y no penéis mal, porque no me dió tiempo a beber nada de alcohol…
Lo mejor es que ya se han casado, porque Lydia estaba cada vez más nerviosa y su nerviosismo conseguía trasladárselo a todas sus hermanas, una de ellas mi madre. Ahora se irán de luna de miel y luego, tras un mes, volverán a la rutina, pero ya como matrimonio y no como Lydia y Paco, a secas. La verdad es que montaron una boda muy bonita, pero eso no me saca de mi convicción de que las bodas son un gasto de dinero absurdo y que tal y como están hoy en día planteadas pierden todo su significado. Mucho mejor sería casarte en el juzgado de tu pueblo o ciudad, invitar a tus familiares más allegados y queridos y luego celebrar una pequeña cena en la que todos estén a gusto. Pero no, es mucho mejor casarse por la Iglesia, celebrar una misa en la que ninguno de los invitados sabe lo que hay que decir o hacer y es el cura el que, con cara de mosqueo, tiene que ir indicando cuando ponerse en pié, cuando y qué hay que decir, etc. Luego, emborrachar a todos tus colegas hasta que se desnudan en medio de la gente. Un absurdo.
De todas formas, felicidades a los novios y espero que tengan una feliz vida conyugal.
5 comments 14 Octubre 2007
