Archive for 19/08/07
LONDON VI
Viernes 17 de agosto de 2007: Brunswick, Tavistock Square y Gatwick
El viernes fue nuestro último día en Londres, así que no podíamos hacer nada interesante, sobre todo porque teníamos que dejar el hotel a las 12:00 y caminar con los 28 kilos de maleta es bastante incómodo. Por eso, tras levantarnos y desayunar como de costumbre, fuimos a dar un paseo por la zona. Lo más interesante fue el Tavistock Square Garden, en el que hay una estatua de Gandhi y varios bancos con placas que recuerdan a vecinos ilustres del barrio que nos dejaron recientemente. En el parque además hay muchos árboles con placas conmemorativas, como una sobre las víctimas de la bomba de Hiroshima. En general el espíritu del parque era muy solemne, el típico lugar al que ir a meditar, a reflexionar y a conocerse a uno mismo. Me encantó el sitio, de verdad, tenía un halo de sensibilidad que no se encuentra en todos lados.

Tras esto volvimos al hotel, descansamos un rato y sobre las 11:00 dejamos la habitación para ir al aeropuerto. La ruta fue la misma que de ida, solo que sin visitas turísticas. Al llegar a Gatwick tuvimos que coger un metro interno que nos trasladó a la terminal N, de la que saldría nuestro avión. Facturamos y entramos en la zona de embarque. Ahí nos pasamos prácticamente todo el día, así que después de comer en Garfunkels las horas se hicieron algo eternas. Leí un poco de El gran Gatsby, compré una revista inglesa del estilo de la Cuore, también compré Jesucristo Superstar, que en España no la venden, y algún artículo de turista, como una camiseta que dice Mind the gap.
A las 18:45 estábamos embarcando y el avión salió en hora, a las 19:25. El vuelo fue menos tranquilo y delicado que la ida, con más turbulencias y un despegue y aterrizaje más bruscos. Lo mejor fue que British Airways nos dió un sandwich y una bebida, así que el servicio fue bastante mejor que el que ofrecen en otras compañías.
Llegamos a Madrid en hora, pero como llegamos a la terminal 4 y a las puertas que están más lejos, tuvimos que coger el metro y tardamos un buen rato. El problema no fue que tuvieramos que viajar nosotros, sino que las maletas también tuvieron que hacerlo, por lo que no llegaron a las cintas hasta las 00:00, así que no salimos hasta las tantas del aeropuerto.
Cuando llegué a casa hice lo normal: deshacer la maleta, ordenar toda la ropa, echar las cosas a lavar y devolver cada cosa a su sitio. En casa estaban mi hermana y su novio, así que estuvimos un rato contanto anécdotas y momentos interesantes del viaje.
Estas son las conclusiones del viaje:
- Todo en Londres es carísimo.
- Todo en Londres es gigante, por lo que hay que dedicarle mucho más tiempo del que esperabas.
- El metro de Londres, y por oposición a lo que todo el mundo dice, no tiene ninguna complicación.
Por ahora esas son mis conclusiones. Si se me van ocurriendo más con el tiempo, lo iré actualizando.
En general y como conclusión a esta serie sobre Londres diré que he disfrutado muchísimo este viaje, que he visitado casi todo lo que tenía planeado, pero no con la profundidad deseada, así que tendré que volver. Esa sí que es una buena conclusión: voy a volver. No sé cuando, pero volveré. Así, el viaje concluyé como comenzó, con un London, wait for me!
1 comment 19 Agosto 2007
LONDON V
Jueves 16 de agosto de 2007: King´s Cross Station, Camden Town, Courtauld Institute of Art Gallery, Covent Garden
El jueves amaneció con mucho sol, lo cual se agredeció tras el chaparrón de la noche anterior. Este iba a ser nuestro último día de visita en Londres, ya que el viernes tendríamos que ir al aeropuerto según dejásemos la habitación.
Este fue el día de las cosas que no habíamos podido hacer aún, pero que no nos podíamos ir sin hacer. Por eso, la primera parada de la ruta fue la estación de King´s Cross, concretamente el andén 9 3/4, del que sale el tren hacia Howards, el colegio de magia en el que estudia Harry Potter. Mi hermano es un ferviente lector que prácticamente ha crecido con estos libros, por eso tenía planeado coger un carrito, estrellarlo contra el arco por el que se entra al andén y gritar una frase del libro sobre Doby y porqué estaba bloqueada la entrada. Para su alma friky fue una desilusión cuando llegamos y en la pared que corresponde al andén 9 3/4 había una placa y un carrito ya empotrado, así que la idea del vídeo no fue posible, pero sí hicimos alguna foto en la que parece que está entrando en el mágico andén.
Tras la visita a la estación partimos hacia Camden Town, el barrio del norte de Londres bohemio por excelencia, donde se pueden encontrar varios mercados, mercadillos y el Camden Lock. Mi madre y yo compramos sendos vestidos, el mío con un estampado jugendstil muy bonito y el de mi madre en negro y liso, bastante sencillo. Me encantó Camden Town, sobre todo el ambiente tranquilo, pero muy vivo que se respira allí.

Después de Camden Town bajamos de nuevo al centro de Londres, concretamente a la Courtauld Gallery. Esta es una galería pequeña, pero con obras valiosísimas de Rubens, Degás, Derain, Bonnard, Monet, Manet, Cézanne, Gauguin, Van Gogh, Kandinsky, Modigliani; vamos, que no tiene desperdicio alguno. Lo que más interesante me pareció fue la sala dedicada a Degás, con muchos cuadros poco conocidos, algunas de sus bailarinas y muchas de las esculturas que hacía como ensayos. Además, había una exposición de Lucas Cranach que realmente valió la pena visitar y muchas obras de Rubens que no tenían nada que ver con las que más fama lograron, como una en la que presenta e Esther y otra a Salomón, con puntos de vista muy innovadores para la época.

Tras salir de la Courtauld comenzó a llover, así que buscamos un sitio para comer. Entramos en el Bistró, especializado en platos mediterráneos, con un menú muy variado y con una carta de postres que incluía Banofee Pie, una tarta de plátano y tofe que ha sido mi favorita desde que la probé en Dublín en 2001.
Al salir volvimos a Covent Garden, el cual se ha convertido en el lugar que más hemos visitado en Londres. Entramos en una tienda a la que le habíamos echado el ojo antes, porque tenían camisetas con imágenes y mensajes chulos. Una de las que más molaba decía Fat kids are harder to kidnap y salía un niño muy gordo comiendo helados.

Tras esto pusimos camino a Picadilly Circus, ya que teníamos pensado volver a la tienda de Abercrombie & Fitch para comprarle un regalito a mi hermana, quien no pudo venir porque estaba trabajando. En la tienda nos probamos algunas prendas y a la salida mi madre se dió cuenta de que había perdido su chaqueta, que llevaba colgada en el bolso. Así que me tocó hablar con el de seguridad, que era un chico muy guapo y muy grande, que nos buscó la chaqueta y la encontró. Se lo agradecimos mucho y nos fuimos. La verdad es que la segunda vez en la tienda no fue como la primera. De repente todo parece más zafio, sobre todo cuando en la entrada en vez de un chico con el torso desnudo hay dos y una chica con una polaroid hace fotos a aquellos que lo deseen entre los mozos. Aún así, compramos un regalito para mi hermana.
Volvimos caminando al hotel, dejamos las cosas y fuimos a echar un ojo a las tiendas de Brunswick, porque la noche anterior estaban cerradas. De vuelta de Brunswick entramos en el Café Valencia y cenamos fish & chips. La verdad es que estaba todo muy rico, algo poco esperado sobre todo porque este es el típico plato cutre que la mayoría de las veces apesta a aceite y rezuma grasa por doquier. Después de cenar nos quedamos un rato sentados en el café, charlando sobre la ciudad y sobre lo que habíamos visto ese día. Cuando nos cansamos volvimos al hotel, donde dejamos casi todo preparado para la partida al día siguiente.
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LONDON IV
Miércoles 15 de agosto de 2007: Portobello Road, Notting Hill, Kensington Palace, Hyde Park, Albert Memorial, Royal Albert Hall, Victoria & Albert Museum y Harrods

El miércoles al final hicimos el plan que teníamos pensado para el martes, pero que la lluvia nos impidió. Nos levantamos a la hora de siempre, desayunamos como siempre y salimos de casa como siempre. Fuimos a la estación de Euston para tomar la línea Victoria hasta Oxford Circus y hacer trasbordo hasta la línea Circle, con dirección Notting Hill Gate. Ya en Notting Hill preguntamos a una policía cómo llegar a Portobello Road. Nos lo explicó con mucha claridad, así que en menos de diez minutos ya caminábamos por la famosa calle. Llovió un pelín mientras ojeábamos algunas de las tiendas, las cuales se expanden hasta más allá de las aceras con todos los cachivaches que tienen a la venta. Nos recorrimos toda la calle hasta su cruce con Lancaster Road, donde atravesamos para bajar por Ladbroke Grove, calle central de Notting Hill. Nos encantaron las vistas, los jardines y las fachadas preciosas de las casas. Sobre todo nos llamaron la atención algunos conjuntos de casas pintadas en gamas de azul o morado, cada una con un tono más claro que la anterior.
Seguimos paseando por las calle Notting Hill Gate, en la que encontramos varias tiendas de discos muy interesantes en las que mi hermano compró algunos singles que no se habían editado en España de grupos como Oasis. Poco después giramos a la derecha por la calle Kensington Palace Gardens, en la que se encuentran gran parte de las embajadas en Inglaterra. Es una calle preciosa, limpia y muy cuidada; con grandes mansiones en las que residen los representantes de países como Japón o Noruega. El trayecto se hace corto, porque en pocos metros ya puedes ver el Palacio Kensington y sus jardines. La continuación natural de estos jardines es Hyde Park, el más grande de los parques de Londres, en el que además de puede ver el Albert Memorial. Dejamos el parque justo por la salida delante del Albert Memorial, la cual da al Royal Albert Hall, que es enorme y tiene unos frisos al estilo clásico muy elaborados. Bajando por la calle Exhibiton Road llegamos a Cromwell Road y su continuación, Brompton Road, donde comimos en un McDonalds, de nuevo. Antes de llegar habíamos pasado por el Victoria & Albert Museum, el cual fuimos a visitar después de la comida. Este es el museo de artes aplicadas más grande del mundo, con más de 14 kilómetros de salas en las que se pueden ver desde esculturas de Rodin hasta un museo del traje con vestidos de todas las épocas. De nuevo nos vimos obligados a hacer una selección de las salas a visitar, así que nos quedamos con la escultura, parte de las dedicadas a decoración y el museo del traje. La verdad es que me supo a muy poco, así que la próxima vez que vaya a Londres le pienso dedicar como mínimo un día completo.


Tras el enorme museo caminamos hasta Harrods, la snob tienda archiconocida de Londres, en la que se pueden diferenciar claramente dos zonas: la dedicada a los compradores y la dedicada a los turistas. La de los compradores tiene marcas como Gucci, Prada, Hermés, etc.; y la de los turistas, o también denominada Harrods Arcade, en la que se pueden encontrar toda clase de regalitos y recuerdos como las clásicas bolsas plastificadas o los míticos osos de Harrods. Ahí fue donde compramos algunos regalos, como pastas para mi padre o una bolsa con estampado de taxis londinenses para mi madre. Luego echamos un ojo por las plantas superiores y no tardamos mucho en abandonar el edificio. Ya en la salida lateral, la que da a la boca de metro Knightsbridge, nos sentamos un momento para descansar y decidir qué era lo siguiente que íbamos a visitar. Al final decidimos tomar el metro hasta Picadilly Circus, desde donde caminaríamos hasta Berwick Street, la calle de Londres con más tiendas de discos por metro cuadrado. Ahí pasamos algún tiempo, hasta que empezaron a cerrar, por lo que nos vimos obligados a volver al hotel.
Cuando llegamos al hotel no habíamos cenado, así que dejamos las mochilas, nos pusimos cómodos y salimos a cenar. Por Londres habíamos visto a mucha gente con chanclas a pesar de la lluvia o el frío. Esa noche no hacía mala temperatura, así que decidimos aventurarnos con nuestras chanclas fuera del hotel. No habíamos dado tres pasos en la calle cuando el cielo se puso gris y cuando giramos la calle comenzó a lloviznar. Poco después vi un cartel que anunciaba unos cines Renoir, mis favoritos, así que decidimos ir a ver dónde estaban. Continuaba chispeando cuando llegamos delante de los cines. Mi hermano dijo: “Buah, esto es solo calabobos”. Según terminó la frase comenzó a caer una tormenta de impresión, así que nos resguardamos debajo de un tejadillo. Los cines estaban en un centro comercial, el Brunswick Shoppin Center, con varios restaurantes y justo en frente de donde estábamos resguardados había un italiano con muy buena pinta. Pero claro, nosotros íbamos en chanclas y calados, así que nuestra imagen dejaba bastante que desear. Al final mi hermano, muy determinado, dijo que teníamos que aparentar seguridad y que nadie nos diría nada. Ya sabíamos que no iba a pasar nada, pero así nos costó menos entrar en el restaurante. Cenamos pizzas y pasta. Todo estaba excelente y las camareras eran muy agradables. Esperamos un rato a que dejara de llover y después de pagar salimos corriendo a casa. Mi madre tenía miedo de resbalar, así que ella caminaba mientras nosotros corríamos, lo que nos valió algunos reproches del tipo “es que no os importo”. Lo bueno de esos reproches es que mi madre los olvida según le pasan por la cabeza, así que no suele durarle el enfado más de medio minuto. Menos mal, porque se pica cada dos por tres…
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LONDON III
Martes 14 de agosto de 2007: National Portrait Gallery, National Gallery, Tate Britain
El martes comenzó como el lunes, solo que con un poco de lluvia, por lo que nos vimos obligados a cambiar nuestros planes. Teníamos pensado visitar Portobello Road y Notting Hill, pero al final optamos por una ruta más cultural y menos callejera. Tomamos el metro hasta la estación de Charing Cross, cuya salida está al lado de la entrada de la National Portrait Gallery. Este museo-galería es enorme y cuenta con un total de 9.000 retratos de las más variadas épocas, comenzando por el periodo Tudor, pasando por el periodo victoriano, el PopArt y el presente, con exposiciones de artistas relevantes del panorama inglés. A mí personalmente me encantaron los retrator de Warhol, uno de mis artistas favoritos. No vimos la gelería entera, en parte porque teníamos pensado ir a Buckingham Palace a ver el cambio de guardia, el cual tendría lugar a las 11:30. Tras una carrera de quince minutos, porque llegabamos tarde, aterrizamos en la plaza donde está e Queen Victoria Memorial. Había poco jaleo para lo que teníamos en mente, así que pensamos: “¿Qué día es hoy? Martes. ¿En número? 14. ¡¡¡Eso es par y en agosto los cambios de guardia son los días impares!!! Mi madre no podía odiarnos más: estaba con la lengua fuera y para qué, para nada. Descansamos un rato y cuando ya estábamos recuperados deshicimos el camino para ir a la National Gallery. El museo estaba hasta los topes y como es enorme hicimos una selección de las salas que más nos apetecían visitar. Nos quedamos con las zonas que tenían obras de entre los siglos XVIII y XIX, las salas con arte español, las que tenían obras de Leonardo Da Vinci y parte de los flamencos. Lo que más me gustó, principalmente porque lo había estudiado, fue lo relacionado con el Impresionismo, el Divisionismo y el Posimpresionismo, sobre todo de Gauguin, Cezánne y Van Gogh. Había obras geniales comos Los girasoles de Van Gogh, la Venus del Espejo de Velazquez, y cantidad de piezas de Monet, Manet, Signac, Seurat, Pissarro, etc. No vimos casi nada, pero pasamos más de dos horas en el museo, así que cuando salimos teníamos mucha hambre. Como la siguiente visita iba a ser el Tate Britain, de camino teníamos un McDonalds. Nos dejó alucinados lo rapidísimo que atienden en estos restaurantes en Londres. Si en Madrid son de comida rápida, en Londres son de comida expres. Tomamos hamburguesas que no hay aún en España y estaban bastante buenas. Nada que destacar, porque se come como en cualquier otro McDonalds del mundo.
Después de comer seguimos la ruta prevista hacia el Tate Britain, para lo que pasamos por delante del Parlamento, pero por uno de los laterales que no habíamos visto el día que llegamos. Tengo que reconocer que el gótico me encanta y que el neogótico también, así que me enamoré de lo intrincado de esta construcción. Me parece preciosa. Poco después cruzamos los Victoria Tower Gardens, en cuyo centro hay un memorial llamado Buxton Memorial Fountain, semejante al Albert Memorial, pero en escala. Solo tuvimos que andar un poco más y ya nos encontrábamos en el Tate Britain. Algo común a todos los museos londinenses es que son enormes y que su apariencia exterior engaña al ojo. Por su enorme tamaño, nos volvimos a ver obligados a escoger las salas que queríamos visitar. Al final se redujo a obras, ya que fuimos buscando aquellas que conocíamos y que más nos interesaban. Vimos piezas de Sargent, de Millais, Holman-Hunt y otros tantos pre-rafaelistas. Luego pasamos a ver obras de Naum Gabo, Breszka, Epstein, etc. Por último visitamos una exposición temporal llamada Hockney sobre las acuarelas de Turner. La exposición tenía centenares de acuarelas de Turner sobre las que Hockney había hecho algún comentario o valoración. Fue muy interesante, sobre todo porque contrastaba los puntos de vista artísticos de dos creadores impresionantes.

Ya solo nos quedaba para terminar el planning del día visitar el Dalí Universe, que está situado justo delante del London Eye, la enorme noria de 135 metros de diámetro que corona la orilla derecha del Támesis. Al final no entramos a la exposición porque costaba 12 libras y porque mis compañeros de viaje me abandonaron en el interés. Se podría decir que Dalí es mi pintor favorito, pero todo sea por la unidad familiar. Estabamos cansados, pero aún era temprano, así que nos pusimos en camino de vuelta al hotel. Para llegar pasamos por algunos puntos de la ciudad que ya habíamos visitado, pero que merece la pena ver en diferentes momentos del día. Uno de ellos es Covent Garden y el mercadillo que hay a la izquierda, por el que no habíamos pasado el día anterior. Seguimos paseando hasta que llegamos al hotel.


Cuando llegamos a la habitación esta apestaba. No sabíamos por qué era, así que no le dimos importancia. Yo me fui al baño y cuando volví mi madre me informó de que estaba saliendo algo por el lavabo. Efectivamente, algo apestoso estaba subiendo por las tuberías, así que bajé a recepción, se lo comenté al señor que estaba (Woody Allen según mi madre), quien subió conmigo y con un desatascador que le valió para poco. Como la cosa no se iba a solucionar esa noche nos cambiaron de habitación. Los nuevos aposentos se encontraban en la primera planta de la cuarta escalera, algo lejos de nuestro querido baño, pero con menos escaleras que subir. Recogimos todo, hicimos apresuradamente la maleta y nos trasladamos. La habitación nueva era más pequeña y no tenía cómoda, por lo que iba a ser menos cómodo tener las cosas organizadas. Al final nos apañamos como pudimos.
Como no nos habíamos comido los sándwiches que teníamos preparados, estos fueron nuestra cena. Tras la cena comenzó la cacería y es que mi hermano, ahí donde lo véis con 17 añazos y metro ochenta, odia los bichos, así que tuve que matar varias mariquitas (el karma me debe más de una), una araña y bloquear con una toalla el estrecho hueco que había entre las hojas de la ventana de guillotina porque descubrimos que era la puerta de entrada de nuestras amigas voladoras. Tras ello mi hermano hizo un poco el payaso, bromeó sobre sus miedos y sobre Don Cucaracho y Al Ladillo, a los que mi madre y él echaban de menos, y después nos fuimos a descansar. Por lo visto mi hermano no durmió muy bien porque la presencia de nuestros amigos bichitos lo tuvo atento toda la noche al más mínimo movimiento. ¡Ay, Julián, qué bien te habrían venido un par de campamentos cuando aún estuvimos a tiempo!
1 comment 19 Agosto 2007
LONDON II
Lunes 13 de agosto de 2007: British Museum, Soho, Covent Garden, Picadilly
Nos levantamos temprano, a eso de las 07:30, para estar desayunando a las 08:00. Aún no sabíamos cómo iba a ser el desayuno, así que nos esperábamos lo peor, por correlación con el hotel. La cosa fue mejor de lo que esperábamos. La variedad no era grande, pero todo lo que había estaba muy bueno. Lo más destacable era el desayuno inglés, que se podía pedir completo o por partes. Completo incluía salchichas, huevos, beicon, judías y tomate natural. Si no te apetecía todo podías pedir solo lo que te apeteciese. Para los estómagos menos curtidos había tostadas y cereales.
Cuando terminamos de desayunar no eran más de las nueve, así que hicimos algo de tiempo en el cuarto hasta que salimos hacia el British Museum. El museo está a dos minutos de nuestro hotel, así que no tardamos nada en estar dentro de sus infinitas galerías. Este es el museo del expolio porque casi todo lo que en él se puede encontrar pertenece a otras civilizaciones y países. Las zonas que más me impresionaron fueron las de la cultura china, con las porcelanas y los instrumenos de la vida diaria, y las relacionadas con Egipto, sobre todo las momias, los restos de sacrificios, los sarcófagos y las alhajas. En la parte inferior del museo, en la que se encuentra la Piedra Roseta, también están casi todos los frisos del Partenón. Resulta impresionante verlos y sobre todo reflexionar sobre cómo han acabado en Londres.
A la salida mi madre se tomó un café y seguimos nuestro itinerario hacia Covent Garden. Para llegar hasta los antiguos jardines del convento pasamos por zonas tan conocidas como el barrio chino y la Royal Opera House. Ya en Covent Garden paseamos por el interior del mercado, nos entretubimos mirando los espectáculos de músicos y actores que animaban el ambiente y oteamos algunos puestos interesantes. Yo me hubiera quedado más tiempo, tal vez sentada en alguna cafetería o simplemente mirando a los mimos y cómicos, pero seguimos la ruta. Esta vez subimos por la calle Saint James, la cual desemboca en varias calles de tiendas tanto de importantes diseñadores como Paul Smith, como de cadenas como Zara, GAP o H&M.
Comimos en una placita unos sándwiches que había preparado con pavo y queso que trajimos de casa. Luego no sabemos cómo terminamos en High Holborn, muy cerca de nuestro hotel, así que nos centramos y decidimos seguir por Charing Cross hasta Cambridge Circus, donde tomaríamos Shaftesbury Avenue hasta Picadilly. En el camino habíamos dejado a laizquierda de Shaftesbury el barrio chino, al que decidimos volver más tarde y buscar algún lugar para cenar. Cuando llegamos a Picadilly Circus estaba abarrotada. Esta fue una de las razonas por las mi madre la bautizó como la Plaza del Sol inglesa, y es que parecidos no le faltan. Picadilly es el centro del ocio de Londres, ya que a un lado tiene los teatros y salas del West End, a otro importantes calles comerciales y está a solo un tiro de piedra de los más importantes museos y galerías. Como era de esperar mi hermano quiso entrar en todas las tiendas de discos y libros de la zona, así que pusimos un punto de encuentro y una hora y nos separamos.
Mi madre y yo paseamos por la zona y entramos en las tiendas que nos interesaron, nos comportamos un poco como turistas haciendo fotos a los neónes y a la fuente de Shaftesbury y a las 16:00 fuimos al encuentro de mi hermano, que estaba en la Virgin Store. Entramos, compramos algunos discos dentro de una oferta de 4×20 libras y nos fuimos. No podíamos obviar una visita a la calle Burlington Gardens, donde se encuentra la impresionante tienda de Abercrombie & Fitch. Ya me habían hablado de ella, pero la verdad es que lo que me esperaba no tenía nada que ver con la realidad. Desde fuera parece una discoteca porque no se ve nada del interior, pero sí se escucha la música muy alta. Cuando ya te dispones a entrar lo primero que llama la atención es el chico con el torso desnudo (y vaya torso) que te recibe con una sonrisa y diciendo: “Hi guys”. A continuación entras en una sala de techos altos y con las paredes forradas en madera oscura, con poca luz y ropa dispuesta de forma muy cuidada en las elevadas estanterías. Todos los dependientes, tanto chicas, como chicos, te van saludando con sus impecables sonrisas y saludando amablemente. En serio, no sabía que esta técnica de marketing fuera tan eficaz. La gente estaba como loca. ¡Son todos modelos! La ropa está bastante bien, pero es muy cara. De hecho, si comparas los precios con los de la página oficial, que ya conocía, te sale más rentable importar de EE. UU. Pero nadie compensa la visita a la tienda, eso te lo aseguro. No estuvimos más de quince minutos dentro, pero fue más que suficiente. Salimos los tres flipando. Mi hermano clasificó a las chicas según su valoración habitual y concluyó en que había alguna diosa, varios montones pá arriba, algún montón, un par de montones pá abajo y ningún troll, grenco o butrul. Seguimos hablando de la tienda y las impresiones que nos había causado de camino al barrio chino, donde pensabamos cenar. El barrio chino es como cualquier otro barrio, solo que las calles que lo componen tienen a la entrada grandes puertas a modo de arco que claramente te indican que entras en algún tipo de lugar relacionado con China. Cenamos en un bufé libre chino, mucho mejor que el tailandés del día anterior, con gran variedad de platos y cada uno con un sabor propio.
La cena estuvo bastante bien. Después de cenar ya eran las 18:30, así que pusimos camino de vuelta al hotel. Llegamos agotados, con los pies hinchados y las piernas doloridas; pero habíamos aprovechado el día, que era importante. No tardamos nada en caer como troncos en un profundo sueño. Esa noche mi madre no durmió muy bien porque estuvo pensando en Don Cucaracho y Al Ladillo, nuestros compañeros de habitación.
¡Hasta mañana!
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