El principio del fin

11 Mayo 2008

Hoy ha comenzado la brecha. Una ola de rupturas y alejamientos que continuará hasta el 31 de julio.

Hoy ha sido mi último día de trabajo en “Esto es vida”, el programa de Onda Madrid en el que he estado colaborando desde el 19 de octubre hasta el 11 de mayo. Casi 8 meses, que se dice pronto. Éste ha sido mi récord de permanencia laboral. El anterior había sido establecido en 6 meses. Me puedo considerar ya toda una plusmarquista, aunque intuyo que el próximo trabajo que desempeñe dentro del sector de la comunicación deberá batir todos los récords. O eso espero.

En estos meses me ha dado tiempo a conocer a muchos profesionales de la comunicación y a aprender de ellos todo lo posible.

Viviana Szpilka, con la que al final he pasado más tiempo, ha sido todo un ejemplo de diplomacia, buenas relaciones laborales, inteligencia emocional y gran profesionalidad. Además, claro está, de su frescura en antena, de su humor y de sus salidas, siempre cómicas.

Carlos Honorato, alias Charlie, perro viejo de la radio, de humor estratosférico y chascarrillo constante. Sin ti sí que esto no habría sido lo mismo. No he dejado de aprender de su sabiduría ni un segundo y es que todo lo que me explicaba, comentaba o sugería siempre era no para bien, sino para mejor.

Y qué decir de Mónica Tocino. Por unas cosas o por otras, al final hemos pasado poco tiempo juntas; pero lo compartido ha sido todo bueno. Su carácter maternal y de arropo hacía fácil superar los errores y con ella aprendí lo mucho que se puede decir en una frase sencilla. Máster class que ambas recibimos ese día en la radio.

Pedro Santos, genio y figura hasta la sepultura. Pedro si que es de mente ágil y avispada. Crítico voraz de todo lo que se mueve por la sociedad y sus especímenes. Trabajador incansable.

Por último, pero no menos importante, Miguel Ángel Delgado, el técnico definitivo. Con sus sonidos geniales siempre a mano, siempre certeros. ¡Cómo mola tu pistola! Qué grande. Y no solo eso, sino que además me lo ha hecho todo tan fácil, tan sencillo, que no quiero imaginar cómo habrían sido las cosas con otro técnico. ¡Qué estilo, madre! Y cómo se notaba cuando no estaba él. No es por faltar, pero los sustitutos no le llegaban ni a la altura del betún.

Os echaré de menos a todos. Y no solo a vosotros, porque también voy a extrañar a Carmela y sus conocimientos sobre lo que somos las personas; a los compañeros de informativos, con sus historias, su locura colectiva y su salero desde primera hora; y al edificio inteligente de Telemadrid, gracias al cual me llevo un recuerdo perpetuo bajo la piel. Y no es coña.

Hoy he quemado una etapa y creo que no solo en Onda Madrid, sino que puede que también en mi historia de becaria. Como este verano me marcho, no voy a coger ninguna beca más. Y como el año que viene espero estar licenciada, teóricamente tampoco podré; aunque quién sabe, tal y como está hoy en día el mundo laboral, si no recibiré más ofertas de becaria en el futuro, a pesar de todo.

He comenzado diciendo que la brecha ya está aquí. Y es que ayer compré el billete de avión para Copenague. Me marcho el 31 de julio. Suena tan cercano que no sé si me va a dar tiempo a hacer todas las cosas que quiero hacer antes de irme. Ahora busco habitación de hotel para esa noche, porque será el día 1 de agosto cuando me den la que será mi habitación para el resto del curso, en principio. Ya os iré contando novedades.


Melting

6 Mayo 2008

I feel under the scrutiny of your eyes
and I start melting.

I hear my friends complaining about my coldness
and I start melting.

I overhear you say you don’t really know me
and I need melting.

Why hiding behind this powerful wall
when I don’t want to?

I don’t wanna be an M&M any more.

You, all you, have been my sun,
my oven, my microwave and my pan.
You have shown me there’s no need to run.

Thanks to you I’m melting.

No more bricks on my wall.


Gandía ‘08

5 Mayo 2008

Ayer llegué de Gandía después de haber pasado todo el puente en la costa valenciana.

Antes de marcharme pensaba que este año el viaje iba a ser completamente diferente, pero para peor; sobre todo porque todas las compañeras del equipo con las que había hecho este viaje hasta ahora no venían por diversas razones. Y también -por qué no decirlo- porque los chicos, sobre todo Dani y el Énfermer, tampoco venían. Todo aquello que había hecho bueno este viaje los últimos 3 años no iba a estar éste, así que claro, ¿qué iba a esperar?

Bueno, pues la verdad es que me lo he pasado igual de bien o mejor que en los años anteriores, a pesar de que todo ha sido completamente diferente.

Para empezar, tengo que asegurar que este año he jugado al voley playa mucho más que los anteriores. Me levantaba temprano, desayunaba y me unía al grupo de las juveniles; siempre frescas como lechugas. Yo, con mis achaques, aguanté horas de sol y de esfuerzo unidas al sueño tras una noche de juerga por los locales más pachangueros de la playa de Gandía. La única licencia que me permití fue la de dormir la siesta el viernes. En mal momento, porque todos me lo recordarpon cada vez que tuvieron oportunidad.

Sobre la gente, ¿qué puedo decir? Que me lo he pasado genial con mis compañeras de habitación, que Blanca está mucho más loca de lo que me había imaginado -y eso es mucho, muchísimo-; y que Marta tiene una risa contagiosa que no conocía y un humor ácido que me encanta. Este año la relación con las chicuelas más pequeñas ha sido genial, sobre todo porque una no puede dejar de pasarlo bien con tipejas como Andrea, Marta y Amaya. Vaya tres que se han juntado. Sobre todo porque dos de ellas parecen inocentes…

Sobre los momentos, no creo que pueda olvidar la retahíla de coñas con fecha de caducidad que tuvimos y que Blanca recopiló en una lista. Cada vez que escuche las palabras “limpiafondos”, “muffin”, “bufar”, “frontón”; o expresiones como “cuello por dentro” o “en ocasiones meo líquido” no podré dejar de pensar en las risas que nos echamos y cómo pude llorar, sobre todo cuando Blanca tuvo el tormentón de ideas durante la cena del sábado. Tampoco olvidaré nunca cómo fue esa noche, “la noche”. Aunque me enterase de todo a la mañana siguiente, la cosa trajo tanta cola y tanta coña que me resultará difícil dejar de recordarla. Los golpes, los gritos, el recepcionista, las amenazas, las risas de las cabronas de mis compañeras a las seis de la mañana. Todo. Otra buena concentración de momentazos eran las cenas, con Hugo y Blanca poniendo caras raras, bocas de ano o moviendo músculos que ni sabía que existían. Vaya par que se han ido a juntar.

Aunque ninguna de mis compañeras repitiese, sí que hubo gente a la que volví a ver durante el viaje, como por ejemplo Rosa, la camarera asesina (también conocida como Teresa -la de las tetas sobre la mesa-); el maître, con sus manías a la hora de completar las mesas; el camarero de la pluma y el pelo criminal o la recepcionista simpática. También se repitieron situaciones de otros años, como cuando las chicas entramos en la habitación de los chicos y les hicimos unas cuantas jugarretas. Si es que ya sé yo que nuestras caras de ángeles engañan, pero en realidad somos malas, muy malas. Lo peor de eso fue que los chicos, antes de imaginarse que habíamos sido nosotras, pensaron que el recepcionista de la noche le había dado la llave a otra persona y claro, bajaron a quejarse. Cuando la noche siguiente llegué yo solita con los chicos a los que había puteado y el recepcionista nos abrió, su cara era un poema y su primer comentario fue “Anda que no lo pasé mal anoche por tu culpa”. Pobrecillo.

Ahora que todo ha terminado y que otra temporada ha caído, me siento nostálgica por anticipado. Últimamente es una sensación que tengo con frecuencia y es que sé que todas estas cosas que son casi costumbres y que hago con tanto gusto, el año que viene no van a poder ser. Ya sé que estaré haciendo otras, algunas mejores y otras peores; pero cuando Mané me dice que el año que viene a lo mejor cambiamos a un hotel mejor y cuando las pequeñuelas me preguntan si volveré, no puedo dejar de pensar que no estaré ahí.

Para más inri, este viaje siempre supone el mayor punto de inflexión del curso, ya que tras no haber hecho nada en casi 7 meses, ahora me toca pegarme la gran paliza y ponerme a estudiar como una loca si no quiero llevarme de Erasmus 14 asignaturas. Es cierto que regreso con ánimos y fuerzas renovadas, pero con lo cuesta abajo que he ido todo este año -hablando de esfuero, se entiende- no sé si podré remontar la situación ahora. Seguro que sí o eso espero.

Antes de acabar, agradeceros a todos vuestra magnífica compañía: Blanca, Marta, Ana y Hugo, Javi y Montse, Javi y Gabriel, Andrea, Marta, Amaya, Nelly, Mané y todos con los que he compartido algún momento, bueno o mejor.


Gandía 2008

29 Abril 2008

En unas horas estáre en Gandía.

Como se está conviertiendo en costumbre -éste es el cuarto año que voy-, el puente de mayo nos bajamos hasta la costa valenciana para jugar al voley playa, salir mucho de fiesta y pasar unos días de relax-acción antes de los exámanes finales.

Aunque este año muchas de las personas que solían venir se han rajado por diversos motivos, seguro que lo pasaremos bien, ya que los recambios han sido muy positivos. Esto es todo un piropo para Marta, Blanca, Ana, Hugo, Montse y su novio Javi.

Por cierto, que vamos a hospedarnos en el Hotel San Luis, con su metre loco de la vida que no nos deja sentarnos a 3 en una mesa de 4 y que camina bailando con su bigotillo siempre saltando encima de su pequeña boca.

De lo que más ganas tengo es de bañarme en el mar y de rodar en la arena, en plan croqueta; y que me dé mucho el sol. Y coger un poco de fuerzas para la que me viene encima desde el día 14 de mayo.

Voy a estar fuera hasta el domingo, así que no podré actualizar el blog. ¡Ohhh! Seguro que me váis a echar mucho de menos. Ya, que no me lo creo ni yo, ¿no?

¡Hasta pronto!


San Agustín de Guadalix

29 Abril 2008

El domingo fuimos a comer a este pueblo de Madrid, cerca de la sierra de Guadarrama.

El pueblo es pequeño, aunque está en expansión. Según lo ves desde la carretera, lo más alto que puedes distinguir son grúas de construcción; y eso solo significa crecimiento, nuevas casas, nuevos vecinos, más infraestructuras.

Está a 34 kilómetros del centro de Madrid por la carretera de Burgos (A-1) y la verdad es que se tarda poco en llegar.

Lo que más me gustó del pueblo es que desde el pueblo se puede acceder a una sierra pequeña, pero muy bonita; atravesada por el río Guadalix y en la que se pueden ver pozas naturales, alguna cascada pequeña y un entorno muy agradable para pasear y pasar el rato. Aquí una ruta por si queréis hacer senderimos por la zona, donde además podréis encontrar el único cañón fluvial de la Comunidad de Madrid.

Mientras paseabamos iba pensando en cuánto me gusta la montaña, los parques, caminar, la naturaleza en general. Sobre todo cuando hay agua y árboles. Me emociono y lo paso genial. Creo que debo dedicar más tiempo a esta faceta.

Aquí la página del Ayuntamiento y aquí el artículo del pueblo en la wikipedia.


Lo que cada país tiene que decir

27 Abril 2008

Estábamos hoy en el programa haciendo la sección “Éramos tan jóvenes”, en la que ponemos una película más o menos antigua y contamos de qué va, quiénes son los personajes y lo que se nos ocurra; cuando han contado algo que me ha parecido más que curioso.

Pues bien, hoy tocaba Regreso al futuro. Mítica. Película de 1985, año en el que una marca americana de ropa, Calvin Klein, aún no era conocida por todo el mundo. Por eso, en la escena en la que Marty McFly (Michael J. Fox) es visto semi-desnudo por la que es su madre. Ésta le dice que le deben llamar “Levi” porque su nombre es Levis Strauss. Marty pregunta por qué dice eso y ella responde que es lo que pone en sus calzoncillos. Pues bien, en español tuvimos que traducir como Levis Strauss aquella marca que por entonces no era para nada conocida por estos lares.

Qué curioso, he pensado. Pues bien, es que la cosa no queda ahí: en muchos otros países ocurrió lo mismo, pero con traducciones diferentes. Ejemplos: en Francia, en vez de ser calzoncillos de cK, eran de Pierre Cardin; en Italia, eran de Liberto. Esto nos lo cuentan en el artículo “Cosas curiosas al traducir las películas” en el blog Paquito4Ever y en Tepasmas.com.

En el artículo de la wikipedia sobr el película podéis leer otras curiosidades sobre la película, como que el hombre que conduce la camioneta a la cual Marty se agarra para ir a la escuela (a la que finalmente llega tarde y el sr. Strickland le castiga) es Steven Spielberg (con una gorra verde). Por ejemplo.


La fiesta del árbol

25 Abril 2008

Menudo fiestón que nos pegamos ayer. Estuvimos casi 8 horas en Colmenarejo bebiendo, riendo, tostándonos al sol, saltando a la comba, jugando al balón gigante, compitiendo en la gymkana… De todo!

La fiesta del árbol. Nunca había estado, pero está claro que habrá que repetirlo.

Como casi siempre, la cosa comenzó quedando para comprar alcohol y llegando todos tarde. Bueno, todos menos Nacheras y yo. Yo hubiera llegado tarde si Nacho no me llega a llamar y decirme que fuera ya al Burgo porque él ya había salido de trabajar. Casi una hora que estuvimos esperando al resto de pelotudos. Compramos, comimos en el Burger -craso error- y cogimos el coche para ir hacia Colmenarejo.

El trayecto fue de coña. Le cogí el coche a mi padre, porque es un “mecherillo”. Lo malo es que no es muy potente y para subir la carretera de El Escorial le faltaba bastante potencia. Así, nos vimos 5 personas en el coche, 3 de ellas chicos bastante grandecitos, y subiendo por una carretera casi de puerto, con sus curvas y su paraje silvestre mientras escuchábamos a los Creedence. Fue el momento más country de nuestras vidas, os lo aseguro.

No tardamos nada en llegar a la Universidad Carlos III. Aparcamos casi en la puerta -sí, señor-, descargamos y caminamos un trecho hasta donde estaba la fiesta. Primera impresión: esto va a ser un coñazo. Había poca gente, la música era bastante mala y parecía que íba a ser como un botellón normal, pero en Colmenar-lejos. Además, acabábamos de comer y por mucho hueco que tratásemos de hacer, ahí no entraba nada.

No tardamos en acomodarnos en un lugar cómodo. Desde donde nos colocamos se veía una zona acordonada -a modo de escena del crímen, pero en grande-, en la que iba a haber una gymkana. Dijimos que menudos locos tenían que ser los que se pusiesen a participar en eso delante de todo el mundo y pedísimo. Por la boca muere el pez, ¿no? Luego los organizadores estaban haciendo promoción y pasaban cerca de los grupos gritando por un megáfono que el premio para el equipo ganador sería un barril de Heineken. Carol, que estaba a mi lado, me dijo “¿Quién va a querer un barril de gérmenes?”. Creo que no me pude reir más en todo el día. Qué bueno fue.

Al poco, llegó el resto: los amigos de Xavi.

No serían más de las 16:00 cuando Humberto, compañero de Xavi de la Universidad, llega y nos dice: “¡Ey, chicos! Nos he apuntado a la gymkana, nos llamamos Jarra y pedal”. La madre que lo parió, efectivamente nos había apuntado a la gymkana. Al principio lo odiamos, luego se lo agradeceríamos, aunque no de palabra; porque la verdad es que mereció la pena.

La gymkana consistía en tres pruebas: carrera de sacos -un clásico-, tirar de la cuerda (contra el otro equipo y a ver quién pasaba antes la línea) y el duro, pero a escala gigante, con una pelota de casi 60 cm. de diámetro. Fue un descojone. Aunque perdimos la carrera de sacos, el resto de las pruebas las ganamos. Bueno, qué ganar, ¡arrasamos! Lo mejor fue el premio: ese barril de cerveza de 5 litros que el equipo levantó como si hubiesen ganado la Champions League.

Después de festejar a lo grande la victoria cogimos la pelota gigante y nos pusimos a jugar a una especie de voleibol extremo con ella. Al poco tiempo se nos habían unido todos los locos del lugar y jugar era un caos, pero muy divertido. Además, Dani era el encargado de la bola y cada vez que se iba a tomar per cloisters o alguién le pegaba una patada fuerte, solo había que mirar su cara.

Cuando uno de los cientos de personas a los que les tiramos el mini o golpeamos con el bolón nos la quitó y se acabó la diversión, empezamos a hacer el gañan, a rociarnos con bebidas gaseosas o a hacer exploraciones por el monte para ver hasta dónde llegaba la fiesta. En una de esas, vimos una caja de plástico con una napolitana en el suelo. Estaba al lado de una pareja, así que no podíamos cogerla y largarnos sin más. Así que pasamos al lado y dije: “Una napolitana”. Al poco me la estaba comiendo. ¡Qué maja la parejita! ¡Qué loco H! Y luego queríamos también sus patatas y hasta el bocata, pero eso ya era pasarse. ¡Menuda hambre!

Empezaba a oscurecer y se oían voces preguntando cuándo nos íbamos. Había que animar el cotarro y qué mejor que coger una cuerda que estaba anudada a un árbol y utilizarla para saltar a la comba. Esto ya fue lo último. La gente, sobre todo chicas, se acercaban a nosotros y nos pedían entrar. Llegamos a estar 5 dentro saltando a la vez en una comba de no más de 4 metros. Fue increíble. Lo peor fue devolver la cuerda, porque en el camino hacia su dueño, me encontré con un chico que me dijo: “Por favor, átame, átame fuerte y haz conmigo lo que quieras”. No me lo podía creer. Me escabullí como pude, dejando la cuerda en el maletero del dueño; pero el chico me hizo cogerla de nuevo y atarlo. Cuando lo había atado, dejé un cabo suelo y le dije a uno que pasaba por ahí “Perdona, sujeta esto un momento”. El chico lo sujetó y yo me largué. ¡Ahí os quedáis!

La fiesta se estaba acabando y, como es mejor retirarse en alto, nos fuimos. Por el camino decidimos ir a cenar todos juntos al Telepi del Heron. Así que ya véis lo bien que me alimenté ayer, typical american way: fast food.

Cuando pienso en lo bien que me lo estoy pasando últimamente en estas fiestas y que el año que viene no voy a estar aquí me entra una especie de nostalgia anticipada. ¿Qué se le va a hacer? Seguro que en Roskilde hay buenas fiestas también. O eso espero…


“El extranjero” de Camus

23 Abril 2008

Hoy es el día del libro, así que, además de haberme plantado mi camiseta en la que se puede leer “Reading is sexy”, siento la obligación de hablar sobre literatura.

El último libró que acabé fue El extranjero, de Albert Camus. Lo acabé hará ya un par de semanas; pero por alguna extraña razón no me había parado hasta hoy a escribir sobre él. A lo mejor me lo estaba reservando.

Este ha sido para mí un libro curioso de leer. A pesar de ser muy breve, he tardado meses en leerlo. La verdad es que últimamente le estoy dedicando muy poco tiempo a la lectura -a toda la lectura, incluso a la de apuntes-. Aunque no por eso significa que no pensase en él: de vez en cuando, la historia de Meursault volvía a mí, espontáneamente. Pensaba en su madre, en su frialdad, en su forma de relacionarse con otras personas, en su extraño comportamiento, en Marie. Todo eso que Camus solo nos deja atisbar y que, por medio de nuestra imaginación o conocimientos antropológicos, tenemos que extrapolar.

Meursault es un hombre solitario, parco de palabra e imprevisible. Vive su vida como un espectador, dejándola pasar y sin sentir nada, solo viendo pasar lo que ocurre. Por ello, este personaje tan extraño me ha llegado mucho. Yo soy un poco Meursault en ciertos momentos. Yo dejo que la vida me pase por delante y prácticamente le digo adiós con un gesto de la mano, porque no me salen las palabras. También me siento muchas veces extranjera, fuera de lugar, ajena a lo que veo y a lo que vivo. Puede que la identificación sea un factor de atracción-repulsión que haya influído en la forma en que he leído este libro.

Meursault lleva una vida vulgar, aburrida, monótona, rutinaria, sin alicientes. Nada cambia cuando una bella mujer se enamora de él y tampoco parece cambiar cuando, sin explicación aparente, asesina a un “moro” (como ellos dicen) y por esa razón será juzgado y condenado. Él sigue viviendo igual, con la mente en un lado diferente a aquel en el que está su cuerpo.

Me gusta Camus, me gusta mucho. Me encanta que sea descriptivo hasta el agotamiento y que consiga crear personajes tan extremos, tan poco convencionales, tan fuertes. No os he hablado nunca de La peste, pero si algo breve puedo adelantar es que es, con diferencia, una de las mejores novelas que he leído en mi vida.

Un tema que se aborda en El extranjero es el de la perspectiva, sobre todo durante el proceso en el que se juzga a Meursault. El fiscal, a parte de ser un poco carroñero y escarba-basuras, consigue hacer ver a todo el jurado que Meursault es un hombre despiadado, malo, cruel: un asesino sanguinario e irracional que no se merece vivir en sociedad. Algo que dista bastante de lo que conocemos del personaje. Y a esto se suma la incapacidad total de Meursault por valerse de la empatía -ver las cosas desde la perspectiva de otro, identificarse con otro- para saber cómo va a reaccionar aquel que escucha sus palabras, sus alegatos de defensa. Por lo que la perspectiva, la forma de ver la realidad, la percepción de la verdad y su cruel inexistencia como elemento absoluto; nos muestra que los hombres, lo queramos o no, seamos o no como Meursault, estamos solos. Solos en nuestra forma de ver.

Me atrevo a recomendar este libro a todo a cualquiera, sobre todo porque, como ya he dicho, es rápido y fácil de leer -aunque a mí se me atragantase-; y porque cada uno puede ver una historia radicalmente diferente. La cruel perspectiva de nuevo. Si este no os convence, leed La peste. Seguro que no os arrepentiréis.

Por cierto, cosas de la vida, últimamente veo a mucha gente en el autobús con este libro; sobre todo chicos jóvenes. A lo mejor es una lectura obligatoria en el colegio. Qué curioso me parecería que eso fuera así.


Temazo

22 Abril 2008

Ayer, buscando vídeos curiosos en el tubo encontré esta magnífica canción compuesta e interpretada por Alfredo Pérez y Fernando Álvarez.

Es buenísima. Como siempre, el vaso se puede ver medio lleno o medio vacío.

Podéis consultar más canciones de Fernando Álvarez en su mySpace.


Control de alcoholemia

21 Abril 2008

Estos días en los que hay controles policiales en cada esquina y que el nivel de alcohol máximo no es difícil de alcanzar, proliferan los alcoholímetros. Los hay de usar y tirar, de un par de usos y fijos en locales de fiesta y lugares en los que la gente suele beber. Uno de esos lugares donde han puesto un alcoholímetro es el Casino de Torrelodones.

El viernes fuimos al Casino a ver jugar a un amigo que estaba participando en el Torneo Universitario de Póker y allí, Manu estuvo bebiendo un poco. A las 00:00 teníamos hambre, así que nos fuimos un momento a por algo de comida. Mientras recogíamos los abrigos en el ropero, Manu cambió dinero para poder meter una momenda de 50 céntimos en el alcoholímetro de pared que hay en la puerta del Casino.

Pues bien, Manu cogió una pajita, metió la moneda, sopló cuando la máquina se lo indicó y espero a que le dieran su resultado de alcohol en aire espirado. Aquí la imagen que muestra el resultado de la prueba:

Menos mal que Manu no iba a a conducir y, viendo el resultado, no creo que lo hubiera hecho ni habiéndose llevado el coche. Más que nada porque con ese nivel de alcohol te retiran el carné, te quitan todos los puntos y pagas una suculenta multa.

Aquí, la información sobre el torneo de póker: día 1 y día 2.