«Red Tails»: la apuesta de George Lucas

23 ene

Ayer fui a ver «Red Tails», la última película producida por George Lucas. «Red Tails», ambientada en Italia durante la Segunda Guerra Mundial, cuenta la historia de los aviadores de Tuskegee, el primer grupo de pilotos de color de las fuerzas aéreas de Estados Unidos.

George Lucas se embarcó en este proyecto porque quería contar una historia en la que los adolescentes de color pudieran encontrar héroes y descubrir que ellos también ayudaron a ganar la Segunda Guerra Mundial. Como conté en este artículo para «ABC», Lucas ha reconocido que su futuro como productor independiente dependerá del éxito de «Red Tails». En concreto, de su éxito en su primer fin de semana. Aunque tenía ganas de ver la película, la verdad es que no me urgía. Aún así, decidí ir a verla en su primer fin de semana solo con la esperanza de que Lucas consiga hacer una buena taquilla para poder seguir produciendo películas que no interesan a los estudios de Hollywood.

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Tobillo superstar

4 dic

El martes pasado actualicé el blog por última vez. Tras escribir la entrada sobre trabajo en equipo hice clic en la página “¡Comentad, comentad, malditos!”. Para mi sorpresa, la página no apareció, así que tuve que hacer obras en las entrañas del blog. Fueron un par de nimiedades y al final todas las páginas eran visibles con normalidad. Mientras las revisaba me di cuenta de que no estaban actualizadas, así que me puse a ello. La que más edición necesitaba era “Acerca de”, con los cambios de trabajo y unos retoques a la parte sobre mi confesa adicción/afición: el voleibol.

Esa misma tarde, fui a jugar al voleibol, como todos los martes. La diferencia fue que me lesioné de lo lindo. No estaba jugando un punto decisivo para seguir luchando por un partido, ni nada épico que se le asemeje. Estaba rematando por tres en un entrenamiento. Lo primero es que no tenía que estar rematando por tres, porque soy muy bajita (jugamos con red a altura de liga masculina). Pero como soy relativamente rápida (dentro del grupo del entrenamiento), me pueden colocar bolas cortas y jugarlas no con potencia, pero con picardía. Nic, que estaba colocando, es un buen amigo y como hacía mucho que no nos veíamos, cada vez que podía, me colocaba una bola jugosa. Esta fue la primera que me colocó para jugar por el centro. Bendita la hora. La bola se quedó más corta de lo normal, así que tuve que tratar de salvarla recurriendo a un toque de volley playa: el gancho.

Llegué forzada y caí forzada. Tanto que el pie derecho se me torció completamente. Creo que el tobillo llegó a tocar el suelo. El dolor fue brutal y sabía que esta no iba a ser como las demás torceduras que había tenido en el pasado. La más reciente, exactamente hace un año, aunque en esa ocasión sí que estaba jugando un punto serio y no simplemente tratando de alimentar mi ego.

Para mi desgracia, la torcedura es muy seria. No hay rotura, pero llevo 5 días de reposo y la hinchazón solo ha comenzado a bajar. Ayer, cuando creía que lo cosa no podía ir a peor, me di cuenta de que la piel que rodea los dedos del pie no tenía casi sensibilidad y que el moratón se estaba extendiendo a esa zona. No suelo ser muy alarmista, pero ayer confieso que pequé. La primera palabra que se me pasó por la cabeza fue “gangrena”, así que con la idea de poder perder alguno de mis queridísimos dedos del pie derecho, me fui corriendo (figuradamente, por si queda alguna duda) al hospital.

Allí mi alarmismo fue creciendo de forma directamente proporcional a la extensión del moratón. Tras casi 5 horas de papeleo, seguros, triage y Saturday Night Life, por fin me pasaron a urgencias. Un minuto después, unos policías trajeron a un vagabundo que estaba durmiendo en el metro y pusieron su camilla frente a la mía. El señor no dejaba de gritar y como yo era la única paciente que veía, cada vez que un médico me preguntaba algo o me revisaba, me gritaba improperios y me ponía como ejemplo del racismo y la discriminación que estaba ocurriendo en urgencias.

Al final la doctora me mandó a casa a seguir en reposo estricto y poniendo hielo en la zona porque mi torcedura era “muy fea”. Como ellos no podían hacer mucho más, me pasó el número de un ortopeda al que tengo que ir a visitar cuanto antes.

Volví a casa más tranquila, con la gangrena fuera de mis pensamientos, pero haciéndome a la idea de que las muletas van a formar parte de mi cuerpo durante un buen tiempo. Se acabó el volley durante una buena temporada. Creo que el yoga será una buena alternativa, aunque tampoco podré volver tan pronto como a mí me gustaría. ¡Qué mal llevo el reposo!

Trabajo en equipo

29 nov

En la entrada anterior os conté cómo el domingo participé en un gran trabajo en equipo: el trasladar un escritorio de aproximadamente 100 kilos durante un recorrido al que Google Maps asigna una distancia de más de 2,5 kilómetros. En ese post también hablaba de «Man on wire», un documental en el que se pueden apreciar varias facetas del trabajo en equipo. Como veréis, parece que en las últimas horas he vivido inmersa en una especie de leitmotiv en el que el concepto de trabajo en equipo ha hecho acto de presencia de manera directa o tangencial constantemente. Lo cierto es que la recurrencia de esta idea comenzó el pasado miércoles.

La conversación que lo inauguró tuvo lugar después de haber cenado con varios amigos corresponsales. Aunque la ensordecedora música en directo del bar brasileño en el que nos encontrábamos trataba de frustrar nuestro propósito de comunicarnos, conseguimos conversar sobre el trabajo de periodista, nuestras experiencias pasadas, las prácticas e incluso los días en la Facultad. Pronto la conversación derivó a los detalles del trabajo de corresponsal en Nueva York y cómo en un entorno en el que hay pocas fuentes y lo que importa son las historias, el ser competitivos entre nosotros no ayuda a nadie. El competir con otros corresponsales no es un juego de suma cero. Todo lo contrario. Pareto hubiera visto en nuestra colaboración un ejemplo de su teoría sobre la eficiencia. Si todos podemos mejorar sin perjudicar a nadie, ¿por qué escoger la opción en la que unos salen perdiendo?

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Un escritorio de verdad/«Man on wire»

28 nov

Ayer domingo pasé el día con un grupo de amigos. El plan era ir al Flea Market de Brooklyn, comer por la zona y luego venir al Castillo a ver «Man on wire». Fuimos al mercadillo y me compré una bola del mundo que no sabía dónde iba a poner porque ya no me cabe nada en la habitación. Comimos en un mexicano cerca de casa y me tomé un margarita del tamaño de Cancún. Todo transcurría según el plan. Pero cuando comenzamos a caminar de regreso a casa nos topamos con un magnífico escritorio de madera que alguien había dejado en la Séptima Avenida. Bendito Park Slope, con sus calles llenas de objetos abandonados. Como dijo un amigo, lo que para alguien es basura, para otros es un tesoro. Y Park Slope es la prueba fehaciente de ello. Los cuatro nos quedamos admirándolo, boquiabiertos. El escritorio era majestuoso, una pieza única, hecho de madera y relativamente bien conservado. James, el único que no sabía la distancia real a la que estaba nuestra casa, nos animó a llevárnoslo. Entre los cuatro comenzamos a caminar con el escritorio de unos 100 kilos –soy pésima para este tipo de cálculos–. La gente nos miraba. Unos se reían, otros nos señalaban. Más de uno tuvo que sentir envidia de no haber sido él quien se lo encontró. Las paradas técnicas se multiplicaban, probamos todas las formas que se nos ocurrieron para sujetarlo: con las manos, con los hombros, elevado o a ras de suelo.

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Más sobre el nómada de Nueva York

23 nov

Hoy ABC ha publicado en su contraportada una de mis historias. Se llama «Vivir de sofá en sofá» y cuenta las aventuras de Ed Casabian, también conocido como el Nómada de Nueva York. En el reportaje os explico algunos de los detalles sobre el proyecto al que Ed ha dedicado más de un año de su vida: vivir cada semana en un barrio diferente de Nueva York. Por problemas de espacio nos hemos dejado en el tintero algunas anécdotas y otros detalles que creo que ayudan a conocer mejor a este nómada metropolitano del siglo XXI y que voy a compartir aquí.

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